Columna EL PAISANO extraído del Diario LA RAZÓN

Universidad y Transformación (I)

La transformación universitaria constituye un desafío para el sistema educativo venezolano en tiempos de revolución. Los cambios profundos en el sector requieren consensos, que implican profundizar el debate nacional al respecto. En esta orientación resulta útil el análisis de un conjunto de categorías asociadas, tales como (1)funciones sustantivas, (2)desarrollo profesional, (3)modelos de trabajo colaborativo, (4)presupuesto y modelos de gestión, (5)oferta académica, (6)calidad con pertinencia y capacidad resolutiva, (7)sistemas de evaluación institucional. Dedicaremos ésta y unas próximas columnas a estos temas.

Como introducción se requiere valorar a la academia desde su génesis. En sus orígenes la universidad era el lugar predilecto, en el cual los estudiosos de cada época y lugar encontraban espacio para socializar sus investigaciones y logros epistemológicos, conceptuales, experimentales y de inventiva. En consecuencia, cada hombre o mujer que comenzaba a trabajar en la academia era en realidad un hombre de ciencia. Para que la Universidad no fuera prisionera de un estilo aislado que estereotipaba a la ciencia medieval, se agrega la extensión. Durante siglos no se habla de la formación de profesores universitarios, porque la carga de la costumbre histórica asume que más que profesionales, quienes ingresan a trabajar en la universidad somos en realidad hombres y mujeres de ciencia, quienes vamos a enseñar lo que sabemos (desde la investigación) y a liderar grupos de investigación. Con el paso del tiempo la universidad se concentró en la docencia y las otras funciones se convirtieron en cosméticas. Sólo se mantuvo la rutina académica del trabajo de ascenso para acceder al grado académico superior.

El capitalismo en su etapa de globalización neoliberal ha subordinado la investigación a los intereses del mercado, profundizando su desarraigo respecto a la docencia universitaria. Dos casos ilustran este proceso. El primero, Monsanto quien financia y utiliza la investigación universitaria para crear patentes con fines comerciales para la agroindustria del campo, en cuya perspectiva ni el hombre ni el ambiente importan. El segundo, en los Estados Unidos el complejo industrial militar financia las investigaciones universitarias que aporten a la optimización de los resultados en las guerras imperiales; lo importante del conocimiento es en cuanto, desde cada campo, resulta útil para garantizar la supremacía del capitalismo globalizado. Inventan el sistema de Rankin con documentos como el de Jamil Salmi del Banco Mundial que procuran la subalternización de la investigación, la ciencia y el conocimiento al capital. Otras universidades, devaluadas desde el punto de vista de la investigación, dedicadas fundamentalmente a la docencia, constituyen un simple reservorio de mano de obra calificada para la producción capitalista.

En el marco de nuestras economías dependientes y neocoloniales, se prefirió crear centros de investigación fuera de las propias universidades, para que, desde estos espacios, se lograra alcanzar el conocimiento científico técnico que ya las universidades no le garantizan a la producción capitalista. Esto profundiza la supremacía de la función docente. En consecuencia, se rompe la triada Investigación-Extensión-Docencia por una especie de DOCENCIA- indagación-extensionismo solidario. Además, el personal de los centros de investigación creados en el margen de la universidad no siempre da clases en ella, trastocando la propia idea fundacional de la universidad.  La transformación no es otra cosa que la vuelta a sus raíces, actualizada conforme al desarrollo social, científico, técnico, artístico y humano del nuevo milenio, pero eso sí con un profundo arraigo a los intereses nacionales y el destino solidario para la humanidad. Por ello, pareciera que la nueva universidad debiera repensarse a partir de centros de investigación, producción de conocimiento y generación de debates. Centros de Investigación que tendrían en los postgrados un espacio de articulación que prefigure los nuevos programas de formación que requiere el país y actualice las carreras existentes con conocimiento pertinente a la solución de problemas sociales. Esta es una tarea que implica nuevos desafíos para que la universidad sea más eficiente como lo solicito el Presidente Chávez a todas las instituciones. Se trata de abrir un debate sobre la universidad que demanda nuestra sociedad en el marco de una revolución esencialmente educativa.

*El autor es Editor de la Revista COMUNA: pensamiento crítico en la revolución[email protected]  @Luis_Bonilla_M

 


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Luis Bonilla Molina*

Doctor en Educación. Escritor. Director revista COMUNA: pensamiento critico en la revolución. Presidente del Centro Internacional Miranda (CIM). Presidente de la Sociedad Venezolana de Educación Comparada.

 @Luis_Bonilla_M

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