No es
lo mismo que el criminal o el traficante del crimen, llámese de la
droga, del sicariato o del chisme infundado, les pise las huellas a
los compatriotas que, eventualmente, denuncien la fechoría, a que el
malhechor se sienta asediado por el ojo invisible de la justicia.
Explicable. Es preocupante cuando se hacen llamados a la colectividad
para que “colabore” con los cuerpos policiales, donde sí hay sapos,
para que ocupen el tiempo en la identificación de los choros y peligrosos
criminales que conviven con las comunidades, por citar la parte mas
delgada de la cadena del crimen y el terror. Esto, por si mismo, es
poner en riesgo la vida de los compatriotas más indefensos ante la
arremetida de los asesinos bajo los efectos de los estupefacientes que
es cuando, pistola en mano, se sienten superhombres. Y, en cuanto a
sentirse asediado por el ojo invisible de la justicia, imaginamos que
sí sería un tormento que obligaría al malhechor a huir hacia adelante,
mientras la contrainteligencia le pisa los talones, como debe ser.
Claro, en nuestros barrios más pobres donde la oligarquía nos arrinconó;
lo mismo que en las cárceles donde ingresan los desposeídos, muchas
veces por los “chismes” infundados, es donde la misma clase discriminatoria,
a través de sus vasallos incita a la confusión, a la intriga que conlleve
al crimen como “caldo de cultivo” a la pretendida descomposición
social, apoyada por Globovisión.
Por eso es que los sapos del imperio se rasgan los pantalones ante una
ley que no los debería afectar, si no fueran malhechores, como ellos
mismos se sacuden a Carmona y Altamira y demás guarimbas contra el
pueblo venezolano. Ellos no son malhechores: no son guarimberos, no
son golpistas. Son cuello blanco percudido con la sangre del crimen,
por lo que sería interesante que, sin necesidad de aplicar esta nueva
ley, se indagaran las causas del asesinato de un piloto de aviación
que regresaba a descansar en un hotel de Caracas, después de una faena
de fumigación en los arrozales de Calabozo, coincidencialmente cuando
uno de los que hoy protestan la ley contrainteligencia, ocupaba la todavía
Gobernación de Caracas.
De todas maneras, es satisfactorio para este anotador que sean los mismos
incitadores y sapos del imperio los que estén manifestando su ojeriza
contra esta nueva disposición legal. Ello quiere decir que no es ninguna
ley patriotera para que la injusticia haga peso y le siga tapando los
ojos a la justicia, como a ellos les gusta. Además es un baluarte que
no dará lugar a que las comunidades tengan la obligación de servir
como informantes. Para esto estará expedita la certeza de la contrainteligencia
sin rostro, que es lo que interpretamos del artículo 19 subrayado y
leído por el periodista Ernesto Villegas, en su espacio “En Confianza”
(03/06/08).
Luego entonces, como se hizo con la constitución del ´99, seria conveniente
que esta nueva ley se hiciera llegar a las comunidades, a ojos vista
de los terroristas y malhechores como, así mismo, a los antipatriotas
de cuello blanco percudido, para que quede claro ante el país y el
mundo, que esta nueva disposición legal no es un charco de sapos. Mejor
todavía, así lo creemos en la palabra autorizada del presidente Chávez,
es una ley que protege a los desposeídos de la infamia y el acecho
de paramilitares infiltrados en la población y de sus financistas,
que acá administran las sucias remesas que les envía el cartel imperial
de la droga.
Desde ya, los y las compatriotas de nuestras comunidades, quedarán
eximidos de la denuncia para ocupar el tiempo en la dignificación de
la familia.
Patria,
Socialismo o barbarie. ¡Venceremos!
pedromendez_bna@yahoo.es