El Síndrome Baduel

Imaginar las caras de asombro de los líderes y bases del chavismo y de la oposición, al mediodía del lunes 5 de noviembre de 2007 no es nada difícil. Claro que el asombro tuvo causas y razones distintas. De un lado hubo sorpresa, rabia y tristeza. Y satisfacción. Del otro lado la alegría que supone la aparición de un general, un uniforme, que le haga frente a Chávez. Pero no a través de los votos en diciembre, si no con las armas. Nada más acariciado por los radicales de la derecha en Venezuela ni más temido por el pueblo chavista.

El Golpe de 2002 dejó a ambos sectores sufriendo del Síndrome de Abril, el cual consiste en ver conspiraciones por todos lados. Unos construyéndolas y otros conjurándolas. Quien ‘ta picao de culebra bejuco le para el pelo.

Preocupan ambos síntomas. Los rumores que circularon el “día de Baduel” agarraron al chavismo fuera de base y hasta se hicieron eco del rumor de que habría un alzamiento militar esa misma noche. Ambos sectores se movieron, en un alerta con motivaciones distintas. Unos empeñados en que habría que conjurar una supuesta conspiración y otros trabajando en esa misma conspiración que el otro sector intentaba conjurar.

Preocupan ambos síntomas porque por un lado se devela cierta fragilidad institucional que debe ser analizada desde el Alto Gobierno. Y por el otro se reafirma que el atajo anticonstitucional, el atajo antidemocrático se aviva con la sola aparición del verde oliva, y deja la boca de la derecha venezolana hecha agua.

Los medios de comunicación que le dan piso al Síndrome de Abril hacen lo suyo. Las ocho columnas de El Nacional no alcanzaron hoy, ni ayer, para satisfacer la contentura de su propietario. El del 7/11/2007, preludio de la marcha estudiantil que cuando esto escribo no sé como terminará, dice así a lo largo de ocho insólitas columnas: Marcha bajo estricto control policial. Y en su antetítulo: Bernal ordenó tomar las azoteas de edificios y colocar francotiradores. ¡Dios!, ¿para que nos prepara, a cuáles demonios invoca Otero?

Y es que Baduel me dejó un mal sabor en la boca. Los síntomas del Síndrome de Abril (¿O el Síndrome Baduel?) hablan de un país frágil y vulnerable. Urgen remedios, compresas, cataplasmas para ese Síndrome. Lo otro es sentarse a esperar que el cáncer haga metástasis.

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