Trincheras de Ideas

La revolución consolidó una mayoría dura de 7 y medio millones de chavistas

Debemos siempre ir no sólo al encuentro del comandante Chávez en el recuerdo, sino con frecuencias ir a su sabiduría, a sus enseñanzas porque él era un eximio maestro de la política. No permite el espacio hacer una reláfica del pensamiento político del comandante, pero podemos partir de su alocución de despedida para entender con exactitud lo que pasó el 14 de abril con la votación chavista, del enorme triunfo que significa tener una población chavista dura, inconmovible, que no sólo ama, venera y respeta al líder ido, sino sigue su pensamiento e ideología política y su grandes enseñanzas y defiende la Revolución.

Lo legado por Hugo Chávez a Venezuela y las profundas transformaciones ocurridas en el país durante los gobiernos chavistas hicieron irreversibles esos cambios económicos, políticos, sociales, culturales geo políticos y, repentinamente, Chávez muere asesinado por la inoculación de un cáncer tras un largo sufrimiento y padecimiento de casi dos años. Tremendo golpe no podía dejar de tener un profundo impacto emocional en todos los revolucionarios –y un gozo profundo en el imperialismo y la oligarquía que siempre buscó destruir a Chávez y su proyecto revolucionario bolivariano y socialista– incluso en aquellos compatriotas políticamente más débiles y que veían en Chávez un caudillo y no el carismático líder que en realidad era. Pero, además del impacto emocional, se movió todo el piso de la Revolución, se estremeció y, evidentemente, no podía ser igual a como lo era en tiempos del comandante y eso se evidenció en el resultado electoral.

Me referí a la última alocución del Presidente Chávez. Fue claro, clarísimo, como sagaz político y gran estratega, dejó el camino para que fuésemos solos, sin su presencia física, a los nuevos escenarios políticos, dirigiendo esa realidad. ¡Ese era el nuevo reto! Cuando dijo: “Tenemos Patria” y cantó el bello himno de los tanquistas, –hoy prácticamente un nuevo himno nacional–. Al solicitar y proponer al camarada Nicolás Maduro como candidato presidencial y llamar a la unidad de todos los revolucionarios, apuntaba con certeza a que se iba –no sin dificultades y escollos– a superar y salir de la crisis que la derecha fascista burguesa e imperialista iba a tratar de aprovechar agudizando las contradicciones que el fallecimiento iba a producir.

Aún antes de fallecer el comandante la derecha lanzó su estrategia golpista comenzando con lo económico. Una brutal alza de precios de un nivel de especulación impresionante entre noviembre y diciembre le cimbró el espinazo a los trabajadores. Eso fue el primer paso, después vino la política de esconder los alimentos fundamentales de la cesta básica. Aprovechó los errores del gobierno de traspasar al Citme 18 mil millones de dólares que fueron acaparados por la burguesía financiera y la banca especuladora, por si fuera poco con esa masa de dinero en el mercado negro presionaron la devaluación del bolívar que finalmente se produjo y el dólar subió un 46%. El costo de la vida subió como nunca en 14 años.

Con ese cuadro tremendo se produce el 6 de marzo el fallecimiento del líder y con él un universo de tristeza y dolor inenarrable que tuvo como contrapartida el juramento de fidelidad al camarada muerto, a sus ideas y a la Revolución que había sembrado y que se expresó el 14 de abril. Pero hubo también un descalabro. Los más débiles de conciencia, de ideología, de formación política; aquellos sectores y grupos etáreos que en la Cuarta República fueron base de apoyo de AD y Copei, también sectores populares, juveniles manejados por la manipulación mediática, del veneno de Globoterror y otras televisoras, de las radios y de la prensa derechista. Sectores confundidos que se desplazaron hacia la derecha y la apuntalaron electoralmente, abriéndole las puertas al más brutal, terrorista y asesino fascismo como quedó evidenciado a partir del lunes 15 de abril.

En ese cuadro es que se da, en aquella dinámica política tan super acelerada donde el 10 de marzo el CNE convoca a elecciones para el 14 de abril con tan solo 10 días de campaña electoral para los candidatos. Las fuerzas de la Revolución lanzan a Nicolás como su candidato, un líder que no tenía el tiempo y la imagen suficiente para una pelea de tanta magnitud junto a un candidato de la extrema izquierda que tenía más de dos años de campaña, un cuadro oligarca preparado cuando menos en tres lustros para que cumpliera el rol que se le asignó la burguesía del gobierno mundial; candidato que lanzó una super campaña electoral mil millonaria, con chorros de dólares y recursos mediáticos en todo el mundo y de todas las formas y maneras que puedan existir, con el apoyo de toda la oligarquía mundial, de las más poderosas transnacionales, del apoyo en primer término de poderoso gobierno norteamericano, del sionismo israelí, del gobierno español y muchos más.

Contra ese personaje es que iba a combatir el trabajador Maduro, el hijo de Chávez, el luchador social, el sindicalista y dirigente revolucionario que se curtió en la fragua de la lucha popular; alumno aventajado del Chávez maestro que lo preparó por cuatro lustros o más en el arte de la política –al igual que al resto de los dirigentes de la Revolución– donde se destacó como parlamentario, canciller, vicepresidente. Salió a la contienda con desventajas evidentes –baste señalar que tan sólo fueron 10 días de campaña para un líder no lo suficientemente conocido–, pero con una poderosa masa chavista apuntalándolo. Como dijera el camarada Mundo Irribarren: “Maltrechos, golpeados y con una maquinaria política con grandes limitaciones, ganamos la pelea. Hay para quienes se trata de “una victoria pírrica”, pero estamos en realidad ante una de las más gloriosas victorias en la construcción de la Patria Bolivariana. Porque dadas las circunstancias, los que votamos por Nicolás Maduro, somos la verdadera gran mayoría popular de Venezuela, la más altamente cualificada. Allí está la vanguardia camaradas, el resto se irán sumando, irán regresando en la medida que transitemos por el camino de las políticas acertadas en la construcción socialista”. (Artículo: La era está pariendo un corazón…) Allí radica la fortaleza de esos 7 millones y medio de chavistas, columna vertebral de la Revolución Bolivariana y Socialista.

Esa gran masa chavista, proletaria, enfrentará y vencerá al fascismo, pronto lanzará la gran ofensiva revolucionaria que hará retroceder a los vende patria, a los terroristas, al imperialismo

([email protected]) (@hgcaracola)

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