Una victoria contundente

No creemos que haya sido “perfecta”, pero sí contundente… Se logró una ventaja de más de 1.6 millones de votos, de once puntos porcentuales. El triunfo en 22 de 24 Estados. Y la derrota de la abstención. Todo esto constituye un triunfo espectacular. Nunca creímos en uno tan holgado, nuestros mejores pronósticos se ubicaban alrededor de un millón de votos… El PSUV también obtuvo un respaldo importante. Ellos aportaron el 77,98% de los votos del chavismo. En las elecciones presidenciales del 2006, el MVR aportó el 66,25% de los votos. ¡Un crecimiento de casi un 12%! Y sin embargo… Y sin embargo seguimos creyendo que el PSUV no es el partido que la revolución requiere, no ha sido capaz de trascender al partido maquinaria electoral, ni de asumir las críticas que están contenidas en las Líneas Estratégicas de Acción Política.

El Presidente Chávez y el PSUV acaban de retirarle el apoyo a 6 de los Gobernadores en ejercicio para que participen como nuestros candidatos a las elecciones de diciembre. ¡Una decisión extraordinaria! Y sin embargo… Y sin embargo seguimos creyendo que no se está actuando con decisión sobre el problema de fondo: la imperiosa necesidad de erradicar, utilizamos palabras del propio Presidente Chávez, el caudillismo y el sectarismo de las filas de la revolución, vicios de la política de los cuales los gobernadores son los principales exponentes y que le hacen un inmenso daño a la revolución. A pesar de esto, como lo hemos dicho en múltiples oportunidades, hemos insistido que hay que votar por ellos para evitar el triunfo de los candidatos de la derecha y para garantizar el apoyo a las políticas nacionales. Sin que esto signifique subordinar o hipotecar la crítica.

Otros temas son la eficiencia de la gestión pública y la corrupción. Cuando uno va a los Ministerios del Poder Popular, lo cual hacemos muy rara vez, incluso evitamos hacerlo, uno siente que son del “poder popular” en cuanto a los logros inmensos de la revolución, pero no lo son en tanto que lo que se respira es soberbia, indolencia y olvido. Una inmensa contradicción porque los logros existen… ¿Y qué decir de la corrupción? Es espeluznante. Muy distinta a la de la IV República que pudiéramos calificar de “institucionalizada”, ya no existen los Luís Giustí o los Pedro Tinoco defendiendo intereses personales o de grupos económicos, ni vendiendo o quebrando intencionalmente a PDVSA o al país.

Nuestra revolución es, en su esencia, auténtica y honesta. O lucha por serlo. Y sin embargo… Y sin embargo, no hay revolución que pueda sostenerse en el tiempo con corrupción, soberbia o desconexión con el pueblo… Terminamos este artículo de opinión copiando y parafraseando un verso de Ludovico Silva: “Yo vivo – o intento hacerlo, no sé si con éxito – de estructura y verdades, y no de apariencias”. Esa noble aspiración individual también debe ser la mayor aspiración colectiva de la revolución.


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