Desatinada mezquindad

El escritor español Baltaszar Gracían afirmaba que: Aprobarlo todo suele ser ignorancia; reprobarlo todo, malicia.

Ayer, el pueblo venezolano por voluntad de las mayorías decidió seguir construyendo el socialismo. Hay infinitos hechos rescatables que ocurrieron a lo largo de esta campaña en lo pre y post electoral; el más importante, haber conquistado madurez y virtud política, haber logrado meter por un embudo democrático a quienes en otrora pensaban en salidas aventureras, eso nos ha costado sangre.

El mensaje fue claro, las interpretaciones son libres, la oposición debe capitalizar lo bueno que le pasó, y por supuesto de lo malo aprender, debe comprender - de una vez por todas - que tiene que desligarse de los dinosaurios políticos que jodieron al país tanto y por tantos años, el pueblo no perdona. Nosotros, hacer lo propio con nuestra fauna corrupta y burócrata que sigue enquistada en la revolución.

Hemos logrado consolidar el hecho, el marco, el espacio, el estadio para la democracia. Se hace necesario, hoy con más vehemencia que nunca, asumir la crítica como lo esencial para el afinamiento del socialismo, para hacerlo aún más efectivo e ir apartando el carácter efectista, por convencer en el detalle, en la realidad política y social. La crítica hoy nos llama en el verso de Martí: “Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices, y alzarlos en los brazos!”.

Han llegado muchas horas con la reelección del Comandante Chávez, quizás una, sea la de apartar esa mezquindad absurda en algunos factores de oposición que logran con una facilidad abismal desconocer los logros de la revolución; otra, y de nuestro lado, la de rectificar, asumir y revisar la interminable lista de errores que se han cometido a lo largo de estos años.

Ha llegado también la hora de reconocer, es de decir, volver a conocer (por si lo olvidamos) que un carajazo de venezolanos - más allá de su enclasamiento social - adversan a la revolución y hay que respetarlos, aun si llegasen a no hacerlo consigo mismos y sobre todo con nosotros, hoy más que nunca.

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