¿Quién controla las compañías telefónicas?

La Batalla final no será en Miraflores

El Consejo Nacional Electoral venezolano ha expresado suficientemente los criterios técnicos – humanos que están involucrados en el proceso electoral, en términos efectivos la vulnerabilidad del voto es una leyenda urbana que no se sostienes con criterios objetivos. A diferencia de lo ocurrido hace un par de años en EEUU o en México en términos reciente, el sistema electoral venezolano se muestra blindado y modelo de soberanía electoral a nivel global. Hasta allí todo suena bien, hombres y mujeres en armas del plan República cumpliendo los lineamientos de la Constitución Nacional apegados a derecho y no deliberantes en el proceso, en términos concreto las elecciones en Venezuela son el sueño perfecto del sistema liberal.

Para los que militamos en la izquierda, una mirada crítica nos coloca en el tema electoral como proceso – coyuntura, Chávez ha logrado crear una carta de identidad política sólida y suficientemente coherente entre la transición a un nuevo modelo de Estado popular y los despojos del viejo Estado burgués, esas contradicciones han logrado empujar al país a niveles de redistribución de la pobreza inimaginables unas décadas atrás, a pesar de los problemas cotidianos vinculados a la ineficiencia del aparato estatal en sus niveles locales o regionales, la revolución bolivariana ha logrado construir una hegemonía en una década de cambios cualitativos del modo de concebir la política y sus dimensiones como la participación.

El modelo de Estado comunal, que se desarrolla a la sombra del viejo cascaron heredado de la descentralización neoliberal es una evidencia de esa subversión que ha tocado el nervio central de la categoría pueblo y poder. Las elecciones del próximo domingo colocaran en el debate las aspiraciones de profundizar esa transformación asomada durante una década. El voto afirmativo por Hugo Chávez es una forma de confirmar como vía política la construcción de un Estado socialmente diferenciado de la tradición liberal y modelado de contenidos de democracia directa.

Parece tarea sencilla el domingo, si partimos de una ecuación donde la hegemonía se traduce en votos, pero es ingenuo pensar que el Proyecto liderado por Chávez corre sólo en la carrera política, Chávez se enfrenta contra Chávez, sus errores, con un capital de logros altísimos que salda esa deuda en forma exponencial, es sencillo, el tema de ausencia de asfaltado, problemas de electricidad, inseguridad o agua, no son la excusas para no asistir al voto afirmativo, son la contradicción entre la lógica de dos Estados, uno diseñado para la eficacia en la generación de plusvalía en el marco de la privatizaciones y un Estado comunal que debe madurar las etapas de gestación de sus propios liderazgos.

En una campaña llena de imprevistos como las inundaciones y Amuay, Chávez no abandonó la dirección del Gobierno Nacional, interviniendo directamente para evitar que complicaciones burocráticas afectaran la presencia de ayuda efectiva en tragedias que históricamente habrían sido ignoradas o depositadas en la estadística. A pesar del cáncer, Chávez se mantuvo al mando, liderando, construyendo y reafirmando su presencia en los sectores más desprotegidos en el combate diario en el país con mayores reservas energéticas mundiales.

Algunos han pretendido con un pseudo lenguaje crítico objetar la dirección del proceso bolivariano por Hugo Chávez, corrientes de la burguesía radical o sectores trasnochados de la izquierda más dura. Chávez es el candidato “natural” de los antes excluidos e incluidos, ha construido la unidad en forma inalcanzable y esa lealtad no supone subordinación del pensamiento, hablaría más bien de coherencia, de madurez política. Sin Chávez al mando de la República la izquierda se habría diluido en la trampa electoral y habría olvidado el objetivo central que es la construcción de una hegemonía y nueva subjetividad social.

Con un escenario favorable según las encuestas, algunos analistas afirman que los principales enemigos del proceso bolivariano son el triunfalismo y la movilización, esta es una verdad a medias, el problema no lo constituye el sólo hecho de la victoria electoral, la oposición se ha encargado de crear un clima de miedo importante al cual se le ha respondido con energía mostrando músculo en la marcha de la Bolívar, pero que no cesa y de forma sistemática se acentúa a horas del evento electoral. El CNE controla el proceso electoral, pero ha tenido debilidad a la hora de ponerle freno a los dispositivos de guerras de baja intensidad del que ha echado mano la oposición, algunos incontrolables hasta para el propio Estado.

Titulé este artículo recordando esa histórica frase del golpismo del 2002 venezolano, parafraseando a Nietzsche es difícil después de las actuaciones de la oposición volver a creer que entraran al redil del juego democrático, en buena medida porque el impacto de la gestión del presidente Chávez frente a una crisis económica a escala planetaria, le garantizaría por sí sola la reelección. Son los mismos actores del 2002 planteando un escenario que ha tenido efectos similares, la clase “media” abarrotando supermercados y en largas colas de estaciones de servicios en un efecto inmediato de los aparatos propagandísticos opositores, el que piense que lo del domingo es una “fiesta electoral” obvia la tradición violenta opositora en la última década, nadie sabe cómo reaccionará a lo que luce a todo foco inevitable: la derrota.

¿Quién controla las compañías telefónicas?, empresas como Movistar de capital español, son la plataforma de sms en forma colectivas dirigidos a diferentes segmentos de la población, ciudadanos civiles o militares reciben textos específicos que son claramente una provocación, una campaña que ha cerrado oficialmente pero que en el celular que es un instrumento personal se encuentra en evolución. Considero que la batalla final se ha mudado a las redes sociales y empresas de telefonía, en vista de la capacidad del CNE de censurar actividades de los canales televisivos, han recurrido a medios locales, radios, prensa, que durante toda la campaña conservaron una tendencia a favor de la propaganda opositora y que no invocaba al debate, pues al final nadie conoció la propuesta de gobierno del candidato opositor.

Se trata de un clima de tensión que pronostica claramente una tendencia para la fecha electoral, el uso de Facebook y Twitter, PIN, correo electrónico, sms, serán fundamentales para la organización y bombardeo psicológico que arrancará desde tempranas horas del día y se intensificará a niveles saturables antes del primer boletín electoral. Es importante estar preparados ante esta situación que hace recordar lo ocurrido en Irán, que llevo a la formación de protesta contra los resultados electorales por sectores claramente vinculados con occidente bien organizados a través de las redes sociales. Rusia e Irán son dos ejemplos aleccionadores, con respuestas oportunas por parte del Estado se impidió la creación de un estado de conmoción.

Dos eventos son importantes para avistar ese indeseado escenario en Venezuela: la ausencia de una confirmación directa por parte de Capriles de reconocer los resultados en caso adverso tal como lo hizo Chávez desde su propia inscripción ante el CNE, la segunda que Capriles haya afirmado que no cantó fraude en el 2004, una forma de decir: ¿“Ahora lo haré por primera vez”?. Confiar en la oposición parece cosas del azar, sus declaraciones a horas del evento electoral fortalecen la guerra de baja intensidad, que tendrá sus picos en el evento electoral, todo apunta que la oposición luego de 1 año de campaña es presa de la desesperación, y se vale del recurso del miedo para intimidar a los votantes, apuntando a la desmovilización y creación de escenario de guerra. Sólo basta echarle un vistazo a muros, pines, twetts y sms para evidenciar las condiciones previas de recalentamiento que se van configurando, ¿una primavera venezolana?, el sueño frustrado de un sector de la oposición que ya desde la propia campaña asomo su rasgos violentos contra el sistema nacional de medios públicos, importante recordar las actuaciones de la oposición en la reforma, que incluyeron movilización al propio consejo nacional electoral para alentar un clima de desestabilización en sus seguidores.

La hora del boletín no la podemos saber con exactitud, la mayoría por lo visto en la campaña, las propuestas electorales, el impacto de las movilizaciones y el análisis social tenemos nuestras propias cifras, el escenario improbable de una derrota de Chávez se alienta con una especie de axioma que se ha querido imponer, indicando que una emisión del primer boletín superior a las 09 de la noche indicaría una victoria opositora. Quién ha seguido los criterios técnicos del CNE, sabe con certeza que los resultados que se emiten no corresponden a tendencia, prácticamente son el resultado final, una forma de evitar las especulaciones características de los exit poll.

Es sin dudas un anhelo de la mayoría de los venezolanos y venezolanas, un ejercicio electoral en paz, en el pasado la movilización popular derrotó en las urnas y en la calle la agenda violenta de la oposición, una década después la previsión de estos escenarios invitan a estar alerta, a evitar que el triunfalismo se apodere de la jornada, a garantizar una brecha suficiente que demuestre la tendencia de las encuestas. La victoria previa en el simulacro y la contundente respuesta en la Avenida Bolívar son ejercicios que invitan a la movilización masiva, subir la moral y a defender el proceso, nada más intimidante para los afanes golpistas en sectores de la oposición que recordarles el glorioso 13 de Abril 2002.

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