De la llamada de Gustavo Zingg al padre de Capriles

Capriles: "¡Coño Leopoldo, si echo a papá, quedo huérfano!"


La ficción está impregnada de la realidad. Aquella pues depende de ésta. Así, en esta historia, hay mucho de ficción, pero montada sobre una realidad reconocible. Ambas se mezclan en el pensamiento y el acontecer habituales; no es dudoso que lo presuntamente ficticio sea verdader

-"¡Tronco de vaina nos echó Mario Silva! Hizo pública la llamada que Gustavo Zingg, hizo a tu papá para arrimarnos unos reales.”

Más o menos eso pudo haberle dicho Leopoldo López a su candidato, cuando le llamaron con premura para informarle que el conductor de “La Hojilla”, había puesto al aire la conversación entre el padre de Capriles y el empresario evadido de la justicia por el asunto de los paramilitares de la quinta Daktari. Es probable que toda esta conversación, hay razones para así creerlo, se haya dado personalmente y en estos términos

-"Lo que es igual no es trampa”, todavía pudo atreverse a comentar el informante, posiblemente interesado en que su interlocutor diese una muestra contundente de su imparcialidad o simplemente por gozársela.

"Esto es peor que lo de Caldera”, todavía se atrevió a comentar muy quedo el jefe de campaña.

Capriles, pensó un rato, cosa que no hace habitualmente ni por mucho tiempo, sobre todo ahora, evitando congestionarse y olvidar consignas y discursos aprendidos malamente de memoria.

Mientras estaba en aquel estado de “meditación profunda”, sus ojos y los de Leopoldo se toparon de frente, aunque no se miraban. Movió la cabeza, recogió los globos oculares como si las cuencas se los chupasen- lo mismo hizo el otro- y respondió con tono enérgico:

-“¡Ni de vaina! ¿Me estás pidiendo que repita con papá lo que hice con Caldera?”

Hizo un gesto violento, de rechazo a quien le hablaba y apeló a un lugar común, que aún siéndolo, en él, por todo lo que sabemos, su carrera política y cómo ha llegado dónde está, no deja de ser un acto de constancia, agradecimiento, aunque atropelle aquello que llaman la moral, una cosa que se parece a un chicle:

-"¡Quién le pega a la familia se arruina! Arruino a papá que está por encima de todo y quedo huérfano. Hasta la candidatura se arruina. Esperemos que nadie crea esa vaina.”

Su acompañante, que bien sabe que Chávez le lleva una morena y no hay forma de revertir aquello que anuncian las encuestas, no tuvo temor en insistirle sobre el asunto, de manera poco sutil y recriminatoria.

"¡Coño mano! Hablemos con sinceridad y sin tapujos. A Caldera hasta lo votaste del partido y le acusaste de hacer gestiones particulares, que fue como decir, que “guillao, bajo cuerda, se estaba metiendo unos billetes; aunque pudimos excusarnos que lo hacía para reunir para su campaña de abril como Alcalde.”

Calló un rato breve, pero gestualizó para dejar sentado que todavía no había terminado, sino que necesitaba tomar aire y volvió a su comentario:

“Nos excusamos de aquella manera; creo quedamos bien, aunque le jodimos la carrera política a Caldera. Pero ahora debemos decir algo también creíble, sin importar quien caiga ¿No fue esto último lo que dijiste cuando Caldera? ¿Cómo borrar la idea que gente de afuera, de vida ilegal, cuestionada, nos aporta real no permitido? La vaina es peor si en esos menesteres aparece tu papá.”

Leopoldo, respiró muy hondo y terminó diciendo:

“Si en el medio aparece tu papá, nadie dudará que tras de él, aunque te escondas, estás tú.”

Capriles, estaba a punta de un soponcio. López, con su discurso mal intencionado, cizañero, lo estaba obligando a hacer algo que nunca le ha gustado, pensar. Y debía hacerlo para rebatirle. Caldera le importó un carajo. No es familia suya, ni siquiera viene de una como a la cual pertenece; es apenas un advenedizo – esto no se lo dijo porque no sabía que esa palabra estaba en el lenguaje, pero pensó algo parecido, como “un metío” -, por eso no le costó nada mandarlo para el carajo.

“Leopoldo, yo no mando a papá para donde mandé a Caldera, por la misma razón que tu no mandarías allí a tu madre. Caldera, no me duele, el me sabe mucho a m…”

Ahora si se miraron de frente. Toparon las paraparas de los ojos, como para intimidarse, mientras Capriles terminó diciendo:

¿Qué carajo vas a decir tú que fundaste un partido con reales mal habidos de PDVSA y te los consiguió tu madre? ¿Cuándo te pillaron, qué hiciste? ¿La tiraste al pajón, o te apretujaste a ella y dijeron a dúo, nosotros no fuimos?

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