¡Ya ésto se acabó...!

Sí, en pocos días quedarán en el pasado las agendas colmadas de giras, discursos y ruedas de prensa de los comandos de campañas presidenciales  para convencer al electorado. Quedarán pendiendo del pretérito,  aquellas palabras agoreras  de la oposición que anunciaban la inminente destrucción del país si ellos no ganaban; y el término “majunche” perderá la cualidad de segundo nombre singular para convertirse definitivamente, en otro de los plurales con que el chavismo identificará a la oposición que  deberá recomponerse.

En los pocos días que restan para que finalice la contienda electoral, ya la mayoría de la población electoral tiene claro por quien votar. A estas alturas del partido, las tendencias son irreversibles al punto de percibirse que los llamados “ni-ni” ya han determinado su preferencias, pues por la trascendencia de estas elecciones, casi ninguno de los ciudadanos y las ciudadanas con derecho al voto se quedarían sin ejercerlo. Subyace en esa intención por salir a votar masivamente, el componente emotivo, así como el grado de conciencia política que el pueblo ha alcanzado en estos últimos años.

En consecuencia, actualmente la opción al voto de un grueso número de la población está asociada su claridad ideológica, con distintos niveles según la formación política y praxis social. No sin razón el pueblo hoy día, se ve como un actor protagónico que reclama sus derechos, delibera, y es parte importante en las discusiones abiertas o cerradas que se dan y han dado para revisar la historia, el quehacer cultural, educativo…, es decir, es intérprete sustancial en el juego dialéctico que ha contribuido a consolidar la polarización que vivimos. Polarización que se evidencia en dos sectores militantes, pensantes en la política, uno más preponderante que otro; los cuales crecen en tiempos de elecciones, muy especialmente en estas.

Por ello, el elector opta por alguien con quien tiene mayor identidad ideológica, y también afectiva. Sin  pretender profundizar en el asunto, quien viviendo en un rancho o en una mansión niega y no acepta a Chávez por su apego a lo aborigen, a lo negro, por la verruga y por otras tantas cosas, tiene un sistema de representación del mundo inoculado por la cultura capitalista que lo aproxima al candidato Capriles y a lo que él simboliza;  y quienes aceptan a Chávez, lo hacen bien por su inmanencia de líder y cifran sus esperanzas en él sin hacer mayores análisis, o bien porque están convencidos sobre la necesidad de profundizar en la consecución de una sociedad más justa.

Pues bien, esas son las dos alternativas sobre las cuales los venezolanos y venezolanas hemos de elegir, y al consumar tal acto estamos cerrando un evento político emblemático que da paso a otros. En lo electoral vienen dos contiendas cuyos resultados serán afectados inevitablemente por éste; y en la estructura social (al reelegir al Presidente) deberá empezar un proceso con mucho dinamismo para instaurar el nuevo Estado Comunal, lo cual pasa por cambiar parte de la norma jurídica nacional vigente, que de por sí es bastante.

Pero por los momentos, enterados que  la campaña electoral por la presidencia termina el 4-O y las elecciones son 7-O, es pertinente decir que por ahora,  ¡ya esto se acabó…! 


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Aquileo Narváez Martínez


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