Capriles Radonski y la oposición: doce años de programas neoliberales

Mucho se ha dicho, erróneamente, que en estos 12 años de Revolución Bolivariana, la oposición venezolana no ha tenido programa de gobierno que presentarle al país. Al contrario, en diversas ocasiones esta misma oposición ha elaborado distintas versiones de su proyecto de país: un compendio de políticas neoliberales ancladas en el fracasado Consenso de Washington, que buscan reinstaurar el sistema de relaciones clientelares entre la vieja clase política y la oligarquía económica, y asegurarle a las potencias extranjeras el suministro de petróleo barato y un mercado abierto para la explotación y expoliación de nuestros recursos.

Así consta en el programa de "Gobierno Constitucional y de Unidad para la Reconciliación y Reconstrucción Nacional, Propuesta de Consensos para Políticas Públicas", presentado por la oposición en octubre de 2003, posterior a su estocadas contra la democracia en 2002 y 2003. Posteriormente, de cara al referéndum revocatorio de 2004, la llamada “Comisión Consenso” de la extinta Coordinadora Democrática, elaboró el "Plan de Consenso-País", una copia al carbón del mismo proyecto neoliberal y que ahora nutre los “Lineamientos para el Programa de Gobierno de Unidad Nacional (2013-2019)”, documento firmado en señal de pleno compromiso con sus postulados, por el propio candidato Capriles Radonski.

En efecto, el “paquetazo” que hoy le presenta Capriles Radonski al país, es el mismo compendio neoliberal que presentó la oposición en 2003 y 2004, utilizando en esta oportunidad, un lenguaje matizado que no exponga abiertamente sus intenciones neoliberales ante un electorado cada vez más socialista.

El programa de gobierno neoliberal que ha presentado durante estos últimos años la oposición, contempla “reinstalar mecanismos de concertación tripartita entre empresarios, sindicatos y gobiernos”, que no es otra cosa que volver al nefasto puntofijismo como instrumento para filtrar la transmisión de requerimientos desde la sociedad hacia el Estado para beneficiar a una oligarquía económica, como se hizo durante el nefasto gobierno de Caldera-Alfaro cuando la llamada “tripartita” reunió a una élite de empresarios, sindicalistas corruptos y tecnócratas neoliberales para desbancar el ahorro de los trabajadores por medio de la reforma al régimen de prestaciones sociales, que en su momento lideró Teodoro Petkoff, hoy ferviente impulsor de la candidatura de Carriles Radonski.

Precisamente, los “lineamientos” de la MUD con los cuales se ha comprometido el candidato Capriles Radonski, estipula que un eventual gobierno neoliberal se “promoverá la transacción y concertación” con los sindicatos, y rescatar mecanismos de “diálogo social entre trabajadores, empresarios y gobierno.”

En esta misma línea, la oposición neoliberal ha estado ofreciendo erradicar el control de cambio y “adoptar un tipo de cambio competitivo”. En este mismo sentido, los “lineamientos” de la MUD para un gobierno neoliberal plantean “flexibilizar el control de cambios”, al tiempo que ataca esta política soberana que ha evitado de manera determinante la fuga de capitales y la hiperinflación.

Asimismo, la oposición ha propuesto focalizar el gasto publico “hacia el fortalecimiento de la actividad productiva, la reactivación empresarial y el estimulo de la inversión privada”, así como para mejorar la actividad competitiva, corregir las distorsiones del mercado, abaratar los “costos sociales en la gestión productiva”, definir al Estado como ente “planificador y facilitador de la ejecución de políticas publicas descentralizadas a través del sector privado”, y financiar a las PYMEs pero exclusivamente por medio de la banca comercial, en función del interés del capital financiero global. Para la oposición neoliberal, como claramente lo muestran sus “lineamientos”, resulta indeseable que la Revolución Bolivariana haya “atado al gasto público los ingresos de muchas familias y destruido oportunidades de empleo en el sector privado”, con lo cual reivindica la utilización del gasto para la acumulación capitalista neoliberal. El propio candidato Carriles Radonski, en su programa “personal” de gobierno, plantea desmontar las “estructuras burocráticas generadoras de corrupción y desigualdad, creando un clima de certeza y confianza desde el Gobierno que estimule la inversión, la generación de empleo y de oportunidades”, que no es mas que un sofisma para reivindicar su compromiso con el aparato capitalista nacional e internacional en detrimento de la calidad de vida del pueblo venezolano.

No es casual entonces, que la oposición venezolana haya estado dispuesta a acabar con Ley de Tierras y Desarrollo Agrario, la Ley de Tierras Urbanas, la Ley de Emergencia para Terrenos y Vivienda, la Ley para la Defensa de las Personas en el Acceso de Bienes y Servicios, la Ley de Propiedad Familiar y Multifamiliar, la Ley de Arrendamientos, y Ley de Costos y Precios Justos, entre otras, en sintonía con el paradigma neoliberal que ha condenado a los países pobres al subdesarrollo. Precisamente, el paquetazo neoliberal de Capriles Radonski, expresado en los “lineamientos” de la MUD, demoniza todas estas leyes reivindicativas y de protección social, presentándolas como “una muestra de la vía rápida expropiatoria (…) que menoscaba el derecho a la propiedad, o que impide su cabal ejercicio.”

En el aspecto educativo y de seguridad social, los distintos proyectos neoliberales de la oposición venezolana siempre han privilegiado la privatización de la educación y la salud, al proponer la reinstauración de la descentralización del sistema educativo y “darle la mayor autonomía posible a escuelas y liceos”, evaluar el proyecto de Escuelas Bolivarianas para “cambiar donde haya que cambiar”, y poner en marcha un sistema de seguridad social “sin desmedro de opciones de aportes individuales de capitalización de pensiones o de salud”.

Los “lineamientos” que contiene el paquetazo de Capriles Radonski refleja exactamente lo mismo, cuando hace una apología a la fracasada política de descentralización, y alude a la vialidad, puertos, aeropuertos, salud, deportes, educación, seguridad, vivienda, entre otros, como parte de las competencias fundamentales de la gestión de gobernaciones y alcaldías. El propio candidato de la ultraderecha plantea en su programa “personal” de gobierno, que “potenciará y fortalecerá la descentralización, respetando las competencias de los estados y municipios” en todos los ámbitos de la sociedad, lo que incluso resulta contrario al cuestionamiento que la propia derecha está haciendo hoy al anacrónico modelo de “descentralización” como factor que ha contribuido precisamente a la crisis del capitalismo, particularmente en Europa y Estados Unidos.

No obstante, donde la oposición manifiesta claramente su total entrega a las imposiciones de potencias extranjeras, es en lo referido a los aspectos geoestratégicos del Estado, al haber propuesto la elaboración de una nueva doctrina militar “adaptada a las necesidades reales del país”, separar a la FANB de la sociedad civil, y restablecer “relaciones sólidas y de confianza con socios naturales y propicios”, lo cual implica resumir los vínculos de dependencia con Estados Unidos y organismos multilaterales como el FMI y Banco Mundial, y abandonar el esquema de solidaridad y complementariedad en el marco del ALBA, Petrocaribe, MERCOSUR y UNASUR, que le ha reportado grandiosos beneficios al pueblo venezolano.

En este mismo sentido, el paquetazo neoliberal de Capriles Radonski plantea “eliminar la Milicia Bolivariana”, así como la “revisión” de la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación, que precisamente delinea toda una doctrina de defensa integral bolivariana. Del mismo modo, la ultraderecha establece en sus “lineamientos” la necesidad de acabar con una “política exterior que nos conduce a alianzas antidemocráticas y peligrosas para Venezuela”, así como solicitar el “reingreso a la Comunidad Andina”, “negociar bloque a bloque con MERCOSUR” y “revisar los acuerdos de cooperación y complementación económica firmados por la República.”

La oposición neoliberal congregada en la MUD y la candidatura de Capriles Radonski, plantea además un viraje radical en la política petrolera para basarla exclusivamente a lo que indiquen las fuerzas del mercado, o lo que es lo mismo, lo que exijan las potencias extranjeras frente a una eventual crisis de la oferta energética mundial. En este sentido, la oposición siempre ha defendido la necesidad de eliminar la política de precios justos del petróleo y reemplazarla por una política de sobreproducción que abarate el costo del barril, y le exija a la OPEP estrategias que apunten hacia este objetivo. Es por ello que proponen “reivindicar la capacidad de producción [de PDVSA] en línea con el mercado”, redireccionar la regalía hacia la producción en lugar de la inversión social y “usarla como variable en los mecanismos de asignación de áreas de explotación y exploración para inversionistas privados”, así como reenganchar a los trabajadores golpistas que fueron despedidos de PDVSA, y “separar” el manejo político de la industria petrolera para que no pueda ser integrada a los planes de desarrollo nacional.

El paquetazo neoliberal de Capriles Radonski contenido en los “lineamientos” de la MUD, sugieren revisar el marco normativo petrolero para ofrecer a las empresas transnacionales “estabilidad del régimen contractual y tributario”, lo cual pasa necesariamente por reducir su contribución fiscal y regalías, y en este sentido, propone reducir el papel del Estado en el uso de los recursos naturales.

Mas preocupante aun es la propuesta neoliberal de “aumentar la capacidad de producción de crudos”, que contribuya a “estabilizarlos”, lo que en realidad significaría mover al país hacia la misma política de volumen de exportación de la era Caldera-Giusti que llevó el precio del barril a 6 dólares. Del mismo modo, el paquetazo promueve volver a la exportación de la “orimulsión”, con lo cual le asegura a las potencias extranjeras el suministro de petróleo por debajo de su precio. De allí que el paquetazo sea bastante claro cuando propone “incrementar la participación privada en la industria y crear un ente regulador independiente del Ejecutivo Nacional”, así como “transferir a los Ministerios competentes los programas sociales actualmente a cargo de PDVSA y hacer de las filiales no petroleras empresas independientes de la estatal”. Para Capriles Radonski y la oligarquía neoliberal que cabalmente representa, “PDVSA debe entenderse como una empresa con fines comerciales”.

En este contexto, la próxima contienda electoral del 7 de octubre no será para elegir a un candidato como presidente, sino para decidir entre la propuesta de Carriles Radonski y su oposición ultraderechista para la instauración de un gobierno neoliberal de acuerdo a las exigencias de las potencias extranjeras, y el proyecto socialista y bolivariano de inclusión y justicia social, integración y solidaridad, progreso y soberanía, que dignifique al ser humano, proteja al ambiente y la especie humana, y nos conduzca como potencia regional inexorablemente al desarrollo.

El autor es:  Internacionalista

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Antonio Guillermo García Danglades


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