Más neuronas y menos hormonas a la hora de elaborar y ejecutar la política

Para los revolucionarios que son estudiosos de los sucesos políticos, la principal misión social debería ser aconsejar sobre los aciertos del proceso de cambio social y construcción de la igualdad, pero al mismo tiempo advertir sobre las equivocaciones que debilitan al proyecto político e inclusive las que lo exponen al riesgo de ser golpeado por los enemigos contrarrevolucionarios.

Es anti científico y anti dialéctico referirse a la política revolucionaria sin considerar al mismo tiempo los constantes movimientos del adversario en el campo de la batalla ideológica, mediática, económica y organizativa (entre otras).

Manifestarle eternamente a los seguidores de la Revolución Bolivariana (o cualquier otra revolución del pueblo) que todo va bien, que no hay nada que corregir, que nada falta por hacer y que el enemigo está prácticamente rendido y completamente derrotado, sólo contribuye a oscurecer la conciencia de nuestro pueblo, le incita a bajar la guardia, y en consecuencia le otorga ventajas y oxígeno a las fuerzas del oposicionismo.

Por eso insistimos siempre en diferenciar la propaganda de agitación electoral y el objetivo análisis político que abarca lo positivo y lo negativo de la realidad social a fin de generar auténticas directrices de acción para promover el triunfo revolucionario y la conquista de nuevos espacios de la sociedad.

Necesario es que la elaboración del discurso propio, como base de nuestros análisis no sea interpretado por los fanáticos (revolucionarios emocionales) como un gesto de coincidencia o simpatía con los oposicionistas al proceso de transformación social que vive Venezuela y otras regiones del mundo.

Lo que realmente debe interpretarse es que no aconsejable regalarle al oposicionismo, el uso monopólico de expresiones como: democracia, libertad, paz, unidad, progreso, nacionalismo, productividad, oportunidades, entre otras. Porque a nivel de la lucha de ideas (y de la propia propaganda), eso implica aceptar que ellos (los antichavistas) son los auténticos representantes de esos valores frente a la sociedad.

Entonces, lo recomendable es desmontar el discurso repetitivo (dictado por agencias de publicidad estadounidenses) del oposicionismo venezolano mediante la presentación de las innumerables contradicciones entre sus consignas románticas y su verdadera práctica social basada en la supremacía de los ricos y la exclusión (marginación) de los pobres.

Como militantes revolucionarios, debemos rechazar las provocaciones a la violencia de cualquier tipo y el verbo ofensivo contra quienes piensan diferente. No estamos en tiempos del Decreto de Guerra a Muerte, ni tampoco de fomentar el estallido de una guerra civil entre chavistas y antichavistas.  Lo cierto es que en el siglo XXI estamos viviendo una Revolución Democrática que se alimenta de elecciones y tiene como punto fundamental de apoyo convencer a la mayoría de que el socialismo bolivariano es el mejor proyecto para el desarrollo nacional. Por lo tanto, no hay mejor lección de conducta que la que emana del ejemplo.

Es desde esta perspectiva racional que procuramos disciplinadamente ser intérpretes del socialismo científico, el materialismo histórico, y un pensamiento metódico y sistemático que nos permita emitir recomendaciones útiles para, por encima del ruido de la propaganda sentimental (y muchas veces pseudo religiosa que abunda desde cualquier parte) emitir evaluaciones y síntesis verdaderamente pertinentes y constructivas para seguir acumulando victorias y avanzar sin complejos hacia la sociedad sin clases que tanto anhelamos.

El autor es: Constitucionalista. Profesor de estudios políticos e internacionales.

Esta nota ha sido leída aproximadamente 1820 veces.



Recomienda la lectura de esta nota a través de las redes sociales




Comparte en las redes sociales




US Y /actualidad/a149639.htmlCUS