Oferta engañosa

La idea del “progreso” sirve para todo, o para casi todo. Ésta constituye la oferta secular de los liberales (hoy reconvertidos en neoliberales). Habría que reconocer que ha sido útil para seducir e imponer el proyecto capitalista en el mundo. Para ello cuentan con el control de inestimables instrumentos de difusión de su “promesa” de progreso: radios, cadenas de televisión, medios impresos, webs, “redes sociales”, entre otros, que abonan sin descanso la promesa de una “vida mejor”. Cuando la seducción falla, siempre les queda Harry “El sucio”, con sus leyes, el aparato judicial y sus “fuerzas de seguridad”.  

También, hay visiones del “progreso” para todos los gustos. La derecha utiliza el eufemismo de la reforma y la defensa de las “libertades” cuando planea la aplicación de sus paquetes neoliberales que se traducen en la privatización de empresas estratégicas para el país y de los servicios públicos (salud, educación, entre otros); para nada vale que en la práctica esta defensa tan acérrima de las “libertades”, sea en realidad la negación de las mismas para las mayorías.

 La autodenominada “izquierda democrática” que se dice “progresista” (por cierto, este término cala bien en muchos sectores sociales contrarios a las políticas de la derecha), también es muy vulnerable a los paquetazos de la derecha, pero siempre maquillados de reivindicaciones “sociales”: defensa del ambiente (eco “socialistas”, se hacen llamar algunos), el derecho de las “minorías”, defensa de la diversidad sexual; en fin, una serie de asuntos que sin escamotear su importancia, eluden lo esencial: la crítica a la lógica del sistema capitalista y su finalidad última: la privatización (apropiación) de lo público, la exclusión social, explotación de los trabajadores como mecanismo fundamental para multiplicar la riqueza, en definitiva, la expropiación de la vida.  

En el plano comunicacional, de las relaciones y la propaganda constituye uno de los argumentos más sugerentes, entre otras razones, porque favorece el marketing político al proponer muchas aristas a explotar mediáticamente, todas ellas atractivas, que inciden en la fibra más humana de las personas, en la esperanza, lo deseado, lo soñado, las ambiciones más recónditas, que aunque la gente no sepa qué o teniéndolo claro, cala pese a que su concreción no sea posible, desnudando el cinismo propio de todas las demagogias.

 En la práctica, los defensores del “progreso” anteponen la voluntad individual a la del colectivo, escindiendo aspectos esenciales del mismo proceso; como si lo primero no tuviera que ver con lo segundo, afianzando su impronta ideológica basada en el liderazgo de las elites en menoscabo de la participación y organización popular. Por allí se cuela una de las visiones preferida de la derecha (la reformista y la progre, que en el fondo es la misma cosa): la sociedad de los “mejores”, el poder para la meritocracia.  

Las organizaciones políticas son “cuerpos” al servicio del poder político y económico del capital nacional y transnacional, para ello se esmeran en explicar el “progreso” a partir de facilitar la privatización de los bienes públicos y la “llegada” de “inversión extranjera”, con los argumentos de la “modernización y de la “globalización” capitalista como un hecho inevitable, en el fondo de lo que se trata es de imponer la cesión de la soberanía nacional para allanar el camino; por tanto, la soberanía no reside ya en el pueblo, como indica la constitución, sino en el interés particular de las élites transnacionales. Cualquiera oposición a sus axiomas, son por tanto “actitudes populistas”, “irresponsables”, producto de la “improvisación”.

 En Venezuela, la derecha maquillada por la maquinaria mediática y sus asesores ofrece, como no iba a ser de otra forma: el “camino al progreso”; además, determinan que es el “único” de los caminos posibles, no hay más. Intentan convencer al pueblo de que lo realizado hasta ahora por la Revolución Bolivariana ha sumido al pueblo en la oscurana; que todo lo construido (con las carencias del caso) no va dirigido a profundizar una sociedad más democrática, justa y solidaria, por tanto, feliz. Así se resume la tarea impuesta a la derecha nacional, cancerberos de intereses contrarios al interés de la patria, en la coyuntura electoral actual. Para ello la oferta engañosa del progreso constituye la carta principal para intentar revertir las conquistas del pueblo venezolano en una década de luchas, en revolución. 

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