Los accidentes viales también matan votos

     Hace apenas un mes caí en un bache en la autopista Valle-Coche que torció el ring delantero izquierdo de mi automóvil. Me dio ira el incidente y dije unas palabrotas para desahogarme. Puse el carro en el hombrillo para ver el daño. ¡Sorpresa! me encontré de frente a otros dos conductores que habían caído en el mismo hueco antes que  yo. Con un dejo de tristeza, me uní a ellos en palabras de condena a las autoridades que permiten el deterioro de las autopistas.

   Una semana más tarde, esquivando una tronera en la carretera Panamericana a la altura de la pasarela del Centro Comercial Las Américas tuve una colisión con un motorizado. Afortunadamente lo que pudo ser una tragedia, terminó sólo en un susto. Más allá de oír los reclamos del joven motociclista, no hubo nada más que lamentar.

     Tuve que viajar de Valencia a Calabozo y encontré que la carretera del Pao a los Dos Caminos está  intransitable tanto en la parte del Estado Carabobo como en la del Estado Guárico y en el trayecto me encontré con un choque entre un camión y un automóvil con un saldo de muertos y heridos. Me  pregunto: ¿Cuántos accidentes mortales ocurren en el país a causa del mal estado de autopistas y carreteras y falta de señalización cuando hay obstáculos en la vía?  ¿Qué pasa con los funcionarios que tienen que ver con el mantenimiento de las carreteras, autopistas y  puentes? El puente de Cúpira acaba de caerse, nada extraño que ocurra en el Estado Miranda. Pero… ¿Y en los Estados con gobernadores chavistas? ¿Será que esos funcionarios son agentes de la Oposición infiltrados en la administración pública? ¿O son personas cuya ineficiencia no tiene límites? El abandono vial por los alcaldes y gobernadores opositores al gobierno revolucionario, es explicable.

   ¿Cuánto incide el mal estado vial en la decisión de ir a votar por el candidato de la Patria el próximo 7 de octubre y por gobernadores y alcaldes revolucionarios en diciembre? Sería bueno averiguarlo. Todo el mundo sabe que a Chávez le preocupa el problema vial pero también que no puede estar en todas partes. Pienso que muchos votos blandos chavistas se sentirán tentados a no votar en el mes de Diciembre por algunos de los personajes que actualmente están al frente de algunas gobernaciones y alcaldías.

   Es doloroso constatar que hasta ahora hemos fracasado, al igual que la cuarta República, en el mantenimiento de un sistema vial confiable, seguro.  Un amigo mío extranjero vino a Venezuela  a ver de cerca los logros de la revolución bolivariana. Debo confesar que me sentí apenado cuando me preguntó el porqué del mal estado de la vialidad. No es posible que el país con las mayores reservas de hidrocarburos en el mundo tenga una  vialidad tan deplorable. No entiendo porque las autoridades a quienes compete mantener la vialidad en perfectas condiciones tienen que esperar que los huecos aumenten y se ensanchen en tal proporción que obstaculice el tránsito. Cuando el tránsito automotor se ha convertido es un viacrucis, entonces  proceden a la escarificación de varios kilómetros de la vía, casi siempre  durante la temporada de lluvias, para luego esperar que haga buen tiempo para proceder a echar la carpeta asfáltica sobre lo escarificado. Pareciera que para algunos funcionarios ese sistema es un buen negocio. Además, hay rasgos de  sadismo en el hecho de obligar a que los  usuarios pasen horas en largas colas bajo un sol inclemente, como ha ocurrido en estos días en sitios en proceso de asfaltado en la carretera San Felipe a Morón y en la Autopista Regional del Centro.

   Tapar los huecos cuando apenas aparecen, sin duda que es más barato para el Estado y no crea grandes contratiempos al usuario.  La vialidad en mal estado es causa del deterioro del parque automotor lo cual afecta no sólo económicamente el bolsillo de los venezolanos  sino al Estado venezolano en su conjunto, porque es un factor contribuyente a que los accidentes de tránsito ocupen el primer lugar en la lista de causas de muerte de la población en edad productiva.  A final de cada año la lista de accidentes viales, en todo el territorio nacional, supera los 80 mil, con más de 4 mil muertos y 20 mil lesionados. Para evaluar sus negativas consecuencias para el desarrollo del país, hay que sumarle  a las defunciones, los supervivientes discapacitados y costos hospitalarios. Además, considerar que en un número importante de siniestros mueren jefes de familia y que la letalidad abarca principalmente a los grupos etarios en plena productividad.

    En buena parte de los accidentes de tránsito están involucrados camiones, gandolas y unidades del transporte público con defectos mecánicos atribuibles al mal estado de carreteras y autopistas, además de otros factores coincidentes que desgraciadamente caen en el campo de  la ineficiencia gubernamental.

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