Las encuestas al debate

En anteriores ocasiones hemos abordado el tema de los sondeos de opinión, discusión fundamental e ineludible en la coyuntura electoral actual. Es tal la pasión con la que hemos asumido las elecciones presidenciales, que parece que se nos va la vida en la confrontación del 7/0. De allí la importancia vital que han cobrado estos instrumentos de medición y las discusiones que han levantado en cuanto a su verdadero poder e incidencia en los resultados de la contienda.

Actualmente se revisa el papel de las encuestas políticas y sus consecuencias para la calidad de la democracia y las políticas de gobierno. Se alerta sobre “el peligro de gobernar para las encuestas o de tomar decisiones (…) basándose en las opiniones no expertas surgidas de los sondeos.”

A raíz de las elecciones presidenciales en México, se desató un profundo cuestionamiento de las encuestas, la “metodología, opacidad en su elaboración y tendencias amañadas acorde a sus clientes.” Tal fue la divergencia entre los últimos sondeos y resultados definitivos, que cinco importantes encuestadoras mexicanas reconocieron los errores de sus mediciones, pero rechazaron una mayor regulación oficial.

Académicos de ese país se dieron cita para discutir el tema bajo la convocatoria: "Quinto poder: las encuestas y la construcción social del ganador" Surgieron cuestionamientos de carácter metodológico, tales como formulación sesgada de las preguntas o el diseño muestral. En cuanto al financiamiento, se denunció como uso velado de dinero en las elecciones el hecho de que las encuestas favorezcan a determinados candidatos. En relación a la credibilidad, se afirmó que es inadecuado distinguir encuestas de partidos (menos creíbles) y de medios de comunicación (más creíbles), por cuanto ambas pueden ser igualmente partidarias. Se denunció enfáticamente que "Los partidos políticos más grandes son los medios que financian esas encuestas" y que al estar segados, lo estarán por ende las mediciones que solicitan. Desde una perspectiva ética, se cuestionó el uso indebido de encuestas sin rigor metodológico, empleadas para perjudicar contrincantes e infundir triunfalismo. En cuanto a los efectos en el electorado, se alegó que ninguna encuesta ha colocado a alguien en la Presidencia. Y se coincidió en que los resultados de los sondeos inciden en aquellos electores que dan seguimiento a tales mediciones y emiten lo que se denomina el “voto útil”.

Se concluyó drásticamente afirmando que “"las cifras de las encuestas son lo menos útil de las mismas" y que jamás una encuesta ha colocado a alguien en la Presidencia.

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Maryclen Stelling


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