Entrevista a Guillermo Almeyra, columnista internacional de La Jornada (México)

Irán: en las ciudades siempre ha habido una oposición al régimen de los Mullah y Ayatollah

20 de enero de 2018.-

M.H.: Entre el 28 de diciembre y el 2 de enero varias ciudades de Irán fueron escenario de protestas contra la situación económica del país que rápidamente se transformaron en acciones violentas contra instalaciones oficiales, puestos policiales, con un saldo de 21 muertos, numerosos heridos y 500 detenidos. Me gustaría que nos comentara cuáles fueron los motivos de estas protestas y cuál es su análisis al respecto.

G.A.: Los motivos declarados fueron la carestía de la vida y la desocupación. Cosa que es real y que se da prácticamente en todo el mundo. El trasfondo a mi juicio es otro, en las ciudades siempre ha habido una oposición al régimen de los Mullah y Ayatollah desde la Revolución de Jomeini porque en las ciudades está el interés de los comerciantes, de la apertura al mercado internacional, de que Irán está afectado por el bloqueo estadounidense con motivo del desarrollo de la industria nuclear y eso perjudica mucho a los grandes importadores, exportadores y comerciantes en general.

Al mismo tiempo afecta a una clase media que se ha desarrollado mucho, occidentalizada, de buen nivel cultural, formada inclusive en Europa, pero que encuentran que Irán está muy limitado, desde el punto de vista del trabajo y otras cosas, por el bloqueo.

Unamos a eso que en Irán hay una tradición muy vieja del Partido Comunista, los comunistas antes de la revolución de los Ayatollah contra el Sha tenían más de 2 millones de miembros y una tradición de una izquierda maoísta y se levantaron en armas contra los Ayatollah pero fueron vencidos.

Es decir, el régimen tiene el apoyo de los campesinos que son religiosos y que están en una situación menos inestable que los habitantes de las ciudades que se encuentran más afectados por el embargo. Ese es el principal conflicto.

A esto se unen los deseos de democracia de buena parte de los habitantes de Irán, porque se encuentran con que se les imponen desde la ropa hasta las ideas con un régimen teocrático medieval como el de los Ayatollah que son los que deciden todo. Entonces, también se trata de este deseo de democracia que no puede encontrar salida bajo el régimen religioso.

M.H.: ¿Qué papel cumplen EE UU, Israel y Arabia Saudita en estos acontecimientos?

G.A.: Evidentemente Arabia Saudita, que es el principal rival desde siempre de Irán en el Golfo Pérsico emula todo lo que puede los levantamientos, las protestas, pero la influencia interna en Irán es relativamente poca porque tiene, entre otras cosas, la tradición de conflicto histórico entre persas y árabes, lo cual le quita toda posibilidad, además de ser un régimen completamente confesional como el de Irán, aunque éste Chiita.

EE UU sí tiene más medios porque corrompe sectores, paga, ya tuvo sus experiencias, volteó a un Primer ministro que había nacionalizado el petróleo. EE UU tiene más posibilidades, pero de todas maneras Irán está apoyado por China y Rusia que contrabalancean fuertemente la influencia de EE UU y en parte mantiene sus lazos económicos con Europa, porque tanto Alemania como Francia tienen inversiones importantes en Irán, de manera que no le afecta demasiado el embargo de EE UU.

Hay una presión de los Emiratos y de Arabia Saudita, que es indirecta, con los ataques a Siria, a los Hezbolá, los ataques en toda la región y la amenaza de apoyar a Israel incluso en una posible agresión nuclear. Pero eso ha sido permanente, desde la revolución misma de Jomeini EE UU organizó la guerra del Golfo entre Irak e Irán que duró 8 años, utilizando a Sadam Hussein, al cual después derrocó, para voltear al régimen de los Ayatollah.

M.H.: Usted mencionó la posibilidad de un ataque nuclear israelí ¿Qué quedó del acuerdo nuclear de 2015?

G.A.: Nada. No lo respeta nadie. Cada uno hace lo que quiere. Se redujeron algunos misiles anticuados, tanto Rusia como EE UU pero nada más. Siguen cada uno en lo suyo y Trump dice que tiene el botón nuclear más grande del mundo.

La OLP ha fracasado completamente en su intento de negociación pacífica con Israel

M.H.: Dentro de la zona que estamos analizando, la Vicepresidenta argentina, Gabriela Michetti arribó ayer al aeropuerto de Tel Aviv en una visita oficial. Recordemos que la Argentina se abstuvo frente a la posición de Trump de trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, decisión adoptada el pasado 6 de diciembre poniéndose en contra de la resolución 476 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que el 30 de junio de 1980 declaraba nulas, carentes de valor, todas las medidas tomadas por Israel que han alterado el carácter geográfico, demográfico e histórico de la Ciudad Santa.

A pesar de esta Resolución del Consejo de Seguridad evidentemente, es otro acuerdo que no se respeta y en relación a lo que está sucediendo en Israel, particularmente en los territorios palestinos. ¿Se puede hablar de un nuevo fracaso de la estrategia de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) frente a la política israelí?

G.A.: Yo creo que el fracaso ya lo vimos cuando todavía vivía Arafat. Desde entonces a pesar de los acuerdos, los premios Nobel y todas esas cosas no consiguieron absolutamente nada, cada día están peor. La OLP ha fracasado completamente en su intento de negociación pacífica con Israel, porque para negociar se necesitan dos, e Israel no quiere negociar de ningún modo y cínicamente, como los nazis, va a la política del hecho consumado, ocupa, incorpora, en los territorios que ocupa cambia la composición étnica trayendo emigrados rusos y otros que dependen del Estado de Israel para vivir ahí, son soldados aunque no sean personal armado, están permanentemente armados.

Llevan adelante la política de hecho consumado. No le importa quedarse totalmente aislado. En el Consejo de Seguridad tuvo solamente el voto de EE UU e Israel juntos en el asunto de la capital en Jerusalén, que es una violación directa de la resolución de la ONU. En la Asamblea General se quedó prácticamente solo también, incluso sus aliados de siempre le votaron en contra. Consiguió poquísimos votos, fue un verdadero cachetazo contra la política de los EE UU. Pero, sin embargo, sigue adelante como Israel, de un modo cínico.

Esto hace recordar desgraciadamente los años `30 cuando la Sociedad de las Naciones condenaba unánimemente la agresión contra Etiopía, la utilización de gas para matar a los etíopes que peleaban con lanzas, que hacía Mussolini o condenaban el rearme alemán a toda costa y seguían adelante con sus planes. Creo que el pueblo palestino desgraciadamente ha perdido posibilidades de influenciar en otros países de Medio Oriente porque hace rato que ya no hace una política dirigida a los pueblos, hace una política dirigida a los gobiernos.



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