(Las máscaras de la incompetencia tecnoprofesional)

Conozcamos la Corrupción Burocrática

La intermediación “interpersonal” suele ser causa de tergiversaciones del mensaje, de la labor, o del objeto involucrado en la sesión, custodia, administración, o compraventa, si fuere el caso.

En la esfera mercantil, ni siquiera el trueque escapó de la inescrupulosidad del comerciante o acopiador, pero, estos abusos y desviaciones sólo sirven para comprimir los tiempos de la acumulación de dinero, y, en el caso mercantil capitalista, para acelerar la concentración de capital ya que este intermediario no sólo toma para sí el circulante dinerario que representa el valor de las ventas, sino que roba, estafa, o indebidamente se hace de un dinero que no le pertenece.

Esas desviaciones son muy típicas de las alta y baja burguesías, ya que los comerciantes y “fabricantes” medios suelen ser más timoratos y precavidos en sus operaciones de intermediación. Además y curiosamente, esas desviaciones enmascaran la verdadera explotación que caracteriza a todo sistema clasista.

Es así cómo los gobiernos clasistas, burócratas mercenarios, prestados al servicio de la burguesía, optan por combatir y castigar, hasta severamente, la especulación, las figuras monopólicas, etc., pero sólo lo hacen para evadir las verdaderas causas del empobrecimiento de los trabajadores, a quienes fabricantes y comerciantes terminan esquilmándolos más allá de sus alícuotas de plusvalor. Tales gobernantes son corruptos estructurales en el sentido lato de esta palabra. Mal puede ignorarse que los gobernantes de los últimos 150 años ignoren a Marx, aunque ellos nieguen toda su “Contribución a la Crítica de la Economía Burguesa” [i].

Si les damos el beneficio de la duda, entonces estaríamos en presencia de incompetentes para la cosa Pública, en razón de tratarse de personas que primero se meten a políticos, logran ascender a cargos de elevado Poder Político, y, a guisa de funesta consecuencia, terminan siendo respetados como personajes importantes en el campo de la “todología”.

Así funcionan estos políticos de tercera, de países de tercera, ya que evaden ser primero importantes, como profesionales o como técnicos, para luego poder desempeñarse al frente de la Administración Pública en su variopinta multidisciplinariedad, en materia de gerencia tecnoprofesional, en lo sanitario, educacional, económico, ingenieril, policial, jurídico, diplomático, etc.

En sociedades como la de Venezuela se desconoce como necesario el divorcio que debería privar entre las gestiones tecnoadministrativas y las meramente políticas, o sea, las de Relaciones Públicas Exteriores, Protocolos internacionales, las de la cuestión de seguridad interna y externa, cosas así, pero perfectamente distinguibles de las gestiones domésticas meramente tecnoporfesionales.

La corrupción burocrática tiene sus variantes más o menos inocultables sin mayores esfuerzos filosóficos ni metodológicas. Por ejemplo, corrupciones por concepto de malversaciones ex profesas o por incapacidad técnica; por concepto de sobreprecios en las obras públicas con cargo al Fisco Nacional (según se enmascara la verdadera fuente de financiamiento que, el caso venezolano, proviene, no de la tributación indirecta, como tal, sino del plusvalor de los trabajadores del sector petrolero, salvedad hecha de la alta meritocracia de Pdvsa que es tan beneficiaria de esa plusvalía o del “plusproducto” como lo fue la de los antiguos concesionarios, a quienes ahora se les conoce como Empresarios Mixtos).

Porque coexiste la corrupción por simple o crasa incompetencia tecnoprofesional. Precisamente, para los ya encumbrados burócratas de oficio resulta más “honroso” que se los señale como corruptos de la cosa pública, que como incapaces, buenos para nada.

Este sería el caso: Un alto burócrata ministerial, por ejemplo, firma y conviene la celebración de contratos varios, según el criterio de los propios vendedores o contratistas privados. Luego, la obra o el bien comprado resulta un fiasco, y la malversación sale a flote, pero ese burócrata sería primero señalado como corrupto, como un funcionario supuestamente consciente de la mala calidad del bien o de la obra involucrada, como un burócrata que asume esa responsabilidad de “corrupto” y la asimila a una nota que “enriquecería su currículum”, y no como una raya, ya que lo otro sería salir del cargo por incapaz técnica y profesionalmente.

En ese segundo e improbable caso, quedaría automática y políticamente inhabilitado, mientras que si su salida es por ladrón, eufemismo de corrupto (o al revés), sale con un elevado potencial para reconquistar el poder perdido, según los resultados favorables en las nuevas correlaciones políticas, ya que las nuevas elecciones le permitirán seguir ejerciendo como experto en materia de corrupción, a pesar de ser tremendo “pirata” o “tiraflechas” en todo lo que firme con sus garabatos cargados de ignorancia rayana, a veces, en la más absoluta analfabetitud.[1]. Digamos que la Corrupción Burocrática venezolana tiene un fuerte y agridulce sabor a ignorancia e incompetencia profesional.



[1] En Venezuela ha habido Rectores Universitarios con apenas un Tercer Grado de Educación Primaria de tercera, en lo sustancial, aunque formalmente haya sido graduado con títulos de bachiller y de profesional universitario.

[i] Karl Marx, “Contribución a la Crítica de la Economía Política"

marmac@cantv.net


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Manuel. C. Martínez M.


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