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El Tratado de Guadalupe Hidalgo: Despojo Territorial y Expansión Estadounidense

Miércoles, 25/02/2026 01:21 PM

Para entender las actuales y verdaderas intenciones del gobierno estadounidense, es necesario recorrer el historial de intervenciones y expansionismo, que Estados Unidos ha practicado desde sus inicios hasta los actuales momentos, que pretende convertir a Venezuela en un protectorado, cuando Donald Trump, ha dicho que administrará el negocio del petróleo venezolano, que desde la Casa Blanca le impondrán normas al gobierno de Venezuela, pues veamos la historia de lo que sucedió luego de la guerra de Estados Unidos contra México entre 1846-1848.

El gobierno interino de México, liderado por Manuel de la Peña y Peña, que había Asumido el 26 de septiembre de 1847, luego de la renuncia del presidente Antonio López de Santa Anna, cuando se produjo la ocupación de la capital mexicana, ante la imposibilidad de ganar la guerra, busca una salida negociada con el gobierno del país invasor; no teniendo más opción, llegan al acuerdo de firmar "El Tratado de Guadalupe Hidalgo", el 2 de febrero de 1848, lo cual representa uno de los acontecimientos históricos más determinantes y a la vez, humillantes, en la historia de las relaciones entre México y Estados Unidos, que dan fe de la prepotencia, que ha utilizado Estados Unidos, para hacerse grande, a expensa de los pueblos vecinos, aplicando la fuerza bélica.

Este documento no solo puso fin formal a la intervención militar estadounidense en México (1846-1848), sino que redibujó el mapa de América del Norte, consolidando el ascenso de Estados Unidos, como una potencia continental y dejando una huella imborrable en la identidad nacional mexicana. El acuerdo fue el resultado de una guerra desigual impulsada por ambiciones expansionistas y, tensiones fronterizas que culminaron en la pérdida de más de la mitad del territorio soberano de México, anexado por la fuerza al territorio de Estados Unidos.

Las raíces de la guerra se encuentran en la inestabilidad política de México, luego de su independencia y la agresiva política exterior de Estados Unidos. Un factor determinante fue la anexión de Texas a la Unión Americana en 1845, un territorio que México aún consideraba una provincia rebelde, a pesar de su independencia de facto en 1836. La disputa se agravó por la delimitación fronteriza: mientras México sostenía que el límite era el río Nueces, Estados Unidos reclamaba el Río Bravo, como la frontera legítima.

El 29 de diciembre de 1845, para el disgusto de los políticos mexicanos que no reconocían la independencia de Texas, el Congreso de los Estados Unidos, a instancias del presidente James K. Polk y su antecesor Jonh Tyler, aprobó la incorporación de Texas a la Unión Americana; un hecho que estropeó las relaciones entre México y Estados Unidos. La situación se agrava aún más cuando el gobierno mexicano se negó a recibir al embajador enviado por Polk, para comprar los territorios deseados por 15 millones de dólares. Aquello fue aprovechado por Polk, como pretexto para presionar al Congreso a declararle la guerra a México.

Ideológicamente, el conflicto fue alimentado por la doctrina del Destino Manifiesto, término acuñado por el periodista John O'Sullivan en 1845. Esta creencia sostenía que Estados Unidos tenía la misión divina y el deber de expandir sus instituciones democráticas y su cultura, a través de todo el continente, desde el Atlántico hasta el Pacífico. Bajo la presidencia de James K. Polk, esta ideología se tradujo en una política de expansión territorial, que buscaba adquirir California y Nuevo México, mediante la provocación militar en la zona en disputa. La guerra se desarrolló en varios frentes, caracterizándose por la superioridad logística y de recursos de las fuerzas estadounidenses, frente a un ejército mexicano valiente, pero mal equipado y fragmentado por conflictos internos, aun así le causó alrededor de 40.000 bajas a las fuerzas invasoras. El conflicto armado culminó con la Batalla de Chapultepec y la toma de la Ciudad de México, el 14 de septiembre de 1847, produciéndose la firma del tratado en febrero del año siguiente.

El tratado, titulado oficialmente "Tratado de Paz, Amistad, Límites y Arreglo Definitivo entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América", fue firmado en la Villa de Guadalupe Hidalgo. Los firmantes principales fueron Nicholas Trist, comisionado especial de Estados Unidos, y por parte de México, los diplomáticos Bernardo Couto, Miguel Atristain y Luis G. Cuevas. Los puntos fundamentales del documento incluyeron: la cesión territorial, en lo que México se ve obligado a renunciar a sus reclamos sobre Texas y, cediendo a la vez, los territorios que hoy conforman los estados de California, Nevada, Utah, la mayor parte de Arizona y Nuevo México, y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. Se estableció formalmente, el río Bravo como la frontera sur de Texas y se trazó la línea divisoria hacia el oeste hasta el Pacífico.

Estados Unidos acordó pagar una compensación a México, de 15 millones de dólares, por los daños sufridos durante la guerra y asumió las reclamaciones de ciudadanos estadounidenses, contra el gobierno mexicano; en los artículos VIII y IX del Tratado garantizaban que los mexicanos que permanecieran en los territorios cedidos, podrían conservar su propiedad y tendrían la opción de obtener la ciudadanía estadounidense con plenos derechos, pero en la práctica no fue así,

La implementación del tratado significó la pérdida de aproximadamente 2.4 millones de kilómetros cuadrados, reduciendo el territorio mexicano a menos de la mitad de su extensión original. Geopolíticamente, esto convirtió a Estados Unidos en una potencia bi-oceánica, facilitando el acceso a los recursos de la fiebre del oro en California y el comercio con Asia.

Para la población mexicana que quedó "del otro lado", las consecuencias fueron devastadoras. A pesar de las protecciones legales estipuladas en el tratado, muchos perdieron sus tierras debido a leyes de propiedad estadounidenses complejas y discriminatorias. Socialmente, estos ciudadanos pasaron de ser dueños de la tierra, a ser una minoría marginada en su propio suelo, enfrentando discriminación lingüística y cultural. Este proceso dio origen a la identidad méxico-americana o chicana, marcada por la lucha constante, por el reconocimiento de sus derechos civiles y territoriales.

El Tratado de Guadalupe Hidalgo es la culminación tangible del expansionismo estadounidense del siglo XIX. No fue un acuerdo de paz entre iguales, sino una imposición derivada de una conquista militar. La adquisición de estos vastos territorios cumplió el objetivo del Destino Manifiesto, pero también exacerbó las tensiones internas en Estados Unidos. El debate sobre si la esclavitud debía permitirse en las nuevas tierras adquiridas, intensificó la división entre el Norte y el Sur, acelerando el camino hacia la Guerra Civil estadounidense

El legado del Tratado de Guadalupe Hidalgo es complejo y ambiguo. Para Estados Unidos, representó la consolidación de su imperio continental y un motor de crecimiento económico sin precedentes. Para México, significó un trauma nacional, que obligó al país a redefinir su identidad y fronteras en medio de una profunda crisis, y para el resto de los pueblos latinoamericanos, hoy en día, el tratado sigue siendo un documento vivo, que fundamentó la relación fronteriza y los derechos de propiedad, en el suroeste de Estados Unidos, recordándonos, cómo la ambición territorial de una nación como Estados Unidos, transformó el destino de dos pueblos, y a los venezolanos nos toca debatir, sobre la interferencia de Estados Unidos en los asuntos de Venezuela, y cerrar filas, para no permitir que la patria que libertó Simón Bolívar, pueda convertirse en un protectorado del imperio del mal. No olvidemos que: "SÓLO EL PUEBLO, SALVA AL PUEBLO"

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