CARACAS – En un giro inesperado de los acontecimientos, la capital venezolana recibió este viernes la visita de John McNamara, encargado de Negocios de la Oficina Externa de los Estados Unidos para Venezuela. Se trata del primer acercamiento diplomático de alto nivel desde que el presidente Nicolás Maduro fuera trasladado a territorio estadounidense tras la operación militar del pasado 3 de enero.
Esta visita marca el inicio de una fase de "descongelamiento" exprés de las relaciones bilaterales, en un contexto de reacomodo de poder donde la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, lidera una transición compleja mientras denuncia ante el mundo el secuestro del mandatario y de la primera dama, Cilia Flores.
Hacia la reapertura de embajadas y el negocio petrolero
La agenda de McNamara en Caracas tiene como objetivo principal evaluar la reanudación gradual de las operaciones en la sede diplomática de Valle Arriba, que ha permanecido cerrada durante siete años. Según informó la Cancillería venezolana, se ha instalado una "mesa de trabajo conjunto" para discutir no solo el restablecimiento de las misiones diplomáticas, sino también los detalles fundamentales del intercambio petrolero, vital para ambas economías.
A pesar de la disposición al diálogo, el tono de Caracas no es complaciente. El Gobierno venezolano ha sido enfático en calificar la situación actual como una consecuencia directa de la "agresión y el secuestro del Presidente de la República", insistiendo en que cualquier entendimiento debe pasar por el respeto a la soberanía nacional.
Una cohabitación forzada
Mientras el presidente Donald Trump afirma desde Washington que su administración se encuentra "a cargo" de la situación en el país suramericano, en Caracas la presidenta Rodríguez intenta consolidar una agenda interna que garantice la estabilidad. Aunque se especuló con una posible visita de Rodríguez a Washington, el ministro de Comunicaciones, Freddy Ñáñez, desmintió tales rumores, asegurando que la prioridad absoluta es la paz y el derecho del pueblo venezolano a su autodeterminación.
Por ahora, el país se mantiene en una tensa expectativa ante esta "cohabitación forzada" entre el gobierno que retiene el control institucional y una administración Trump que ha optado por la vía de la fuerza del halcón imperial para el dominio y control de un nuevo tablero político en la región.