Cuando un político habla bien del gobierno del cual forma parte, se puede pensar que mantiene una lealtad manifiesta por la institucionalidad o la disciplina del partido. Ir a programas de televisión, hablar de las bondades de la Constitución, de su coherencia en relación a las situaciones que se viven, y siempre destacando lo positivo del gobierno, reforzando su imagen, se puede considerar el deber ser de ese político en ese momento. Concretamente, se convierte en defensor de la gestión del gobierno, de su presidente, de sus instituciones fundamentales, de la transparencia de sus acciones, de la dignificación de la política, etc.
Sin embargo, una metamorfosis profunda en el ser de ese político se produce cuando por situaciones de la vida o de la política misma, es dejado a un lado respecto a las aspiraciones que pudo haberse trazado en el transcurrir del gobierno. Y esto, si es peligroso para el nuevo comportamiento que adoptará ese político y la nueva percepción que tendrá luego, sobre ese gobierno o la Constitución, pero, ahora buscando "Venganza". Esto implica un cambio de conducta personal inmediato que se manifiesta en sus reacciones de político excluido.
Por ejemplo, ahora en su nuevo papel, una especie de coscorrón le abre el entendimiento y comienza a darse cuenta, que estuvo en un movimiento inútil, proclive a la dictadura, perseguidor y criminal. Creyó en el CNE, mientras hacia el aguaje en el movimiento al cual perteneció, sus resultados eran correctos en ese tiempo; después de excluido, esos resultados eran falsos, es decir, el presidente ganó por fraude. Asimismo, ni el Tribunal Supremo de Justicia se le salva: No saben nada de la Constitución. Subestima el papel del movimiento político donde disimuló sus simpatías y hoy cree que ese movimiento se está acabando o desapareciendo. En conclusión, todo lo que ha hecho este gobierno, ha sido malo después de su exclusión para cargos políticos.
Al respecto, visión IA señala, "La reacción de un político excluido de su movimiento suele oscilar entre la impugnación pública, la creación de facciones disidentes o el paso a la oposición/partidos rivales para buscar relevancia. Buscan capitalizar su base de apoyo, denunciar "traición" o falta de democracia interna y reposicionarse como alternativas legítimas, buscando mantener su capital político" Esto quiere decir, que la reacción de un político excluido, es lógica. Siempre aflora la ira y la envidia. Estos pecados capitales se manifiestan a través de denuncias públicas y el discurso de la víctima. Es decir, se vale de argumentos como injusticia, antidemocracia, hasta el extremo de considerarse perseguido político. Del mismo modo, se les ocurre crear movimientos políticos paralelos, porque siempre habrá quienes desde afuera le calentarán la oreja para que se lance al ruedo, y dividir las preferencias políticas de los votantes. Es decir. Tratar de restar votos. Otra reacción del político excluido, es atacar a la dirigencia del partido o gobierno que lo excluyó, tratando de deslegitimarlos. Eso se hace permanentemente, pero los resultados no lo favorecen.
En fin, el despecho personal que sufre un político bajo las características referidas deberían tomarlo como un despecho amoroso para lo cual Julio Jaramillo, Oswaldo Morales, Daniel Santos, Bienvenido Granda, Javier Solís, Pedro Infante etc., pudieran resolvérselo para seguir sobreviviendo en paz.