Orden 81: ley de patentes para Irak

En junio del año pasado el administrador de las fuerzas de ocupación en Irak, Paul Bremer, dictó cien ''leyes'' que regulan todos los aspectos de la vida económica en ese país. Transporte, mercados, sindicatos, inversión extranjera, competencia, telecomunicaciones, actividades financieras, banco central, agricultura y recursos naturales, casi no hubo detalle que se escapara a los dictados del virrey. Entre las leyes más escandalosas destaca la Orden 81 sobre ''Patentes, diseño industrial, información no divulgada, circuitos integrados y variedades vegetales''. La breve exposición de motivos indica que con este instrumento Irak estará dotado de estándares modernos en materia de propiedad intelectual.

El extraño título no puede ocultar que con este instrumento se busca someter a los productores iraquíes a los intereses de los grupos corporativos estadunidenses como Monsanto, Dow y Dupont. Los productores de Irak han seleccionado y conservado sus semillas desde hace milenios, experimentando y desarrollando líneas muy bien adaptadas a las condiciones locales. Pero ahora, la nueva ''legislación'' se los va a impedir, porque la cobertura de las patentes que se otorgarán (o quizás ya se han otorgado) al amparo de este ordenamiento es muy amplia. No sólo se cubren las variedades mejoradas y, desde luego, las que sean genéticamente modificadas, sino que también quedan sometidas al capricho del titular de una patente las variedades ''similares''. De este modo, cualquier productor iraquí tendrá que solicitar permiso al ''inventor'' de las plantas protegidas antes de conservar y sembrar las variedades que él y su familia pudieron haber desarrollado en el tiempo. Finalmente, el monopolio exclusivo otorgado por las patentes de la Orden 81 tendrá una vida de 20 años.

Las patentes sobre plantas son objeto de una feroz controversia a nivel mundial y durante la Ronda Uruguay fueron introducidas por los países ricos en la OMC a través del acuerdo sobre aspectos de la propiedad intelectual relacionados con el comercio. Aunque Irak no es miembro de la OMC, las fuerzas de ocupación le han impuesto estas reglas de juego. La nueva ''legislación'' otorgará derechos a unos pocos consorcios gigantes que les permitirán controlar en la práctica toda la agricultura en Irak. Las fuerzas de ocupación alegan que con esta ley se podrá modernizar la agricultura de ese país.

La superficie cultivable en Irak se estima en 5-8 millones de hectáreas. La presión demográfica es fuerte y, como en muchos otros países, las unidades productivas han estado abandonando las prácticas tradicionales de cultivo que permitieron mantener una agricultura sustentable durante milenios. Hoy los rebaños de ovejas y chivos representan una pesada carga para los pastizales naturales. El sobre pastoreo es común, porque las instituciones sociales que hacían posible el manejo de pastizales han sido destruidas.

La agricultura en Irak ha sufrido mucho por las guerras, la sequía y las sanciones económicas. La erosión y la salinización de la superficie cultivable han terminado por provocar una caída espectacular en los rendimientos. La ironía es que Irak fue, junto con Siria, Líbano y partes de Irán, el centro de origen de varios cultivos muy importantes de zonas templadas, entre los que se encuentra el trigo. Cerca de 38 por ciento de la dieta global proviene de esos cultivos. En las cuevas de Jarmo, en la región kurda de Irak, se han encontrado restos de cebada y trigo domesticados hace unos 7000 años. Otros cultivos que tienen su centro de origen en esta zona son la avena, las lentejas, el centeno y frutas como el melón y los higos. En sus parientes silvestres y los cultivos tradicionales se conserva una diversidad genética de gran valor para programas futuros de fitomejoramiento. Este es un recurso importante no sólo para Irak, sino para todo el mundo.

Irak se encuentra en la zona cubierta por el Centro Internacional de Investigación Agrícola para Zonas Aridas (ICARDA, por sus siglas en inglés) y el banco de germoplasma de ese organismo cuenta con más de mil muestras de semillas de trigo, cebada, clavo, garbanzo y chícharo provenientes de Irak. Sin embargo, el consorcio de Centros Internacionales de Investigación Agrícola (CGIAR, por sus siglas en inglés) no sólo no se ha opuesto al papel del sistema de patentes en la agricultura, sino que ha adoptado posiciones francamente adversas a los intereses de los agricultores del mundo. Hoy en día, el banco de germoplasma de ICARDA en Aleppo, Siria, es utilizado más por Monsanto y Dupont que por los agricultores iraquíes.

La nueva ley de patentes para Irak aumenta el riesgo de erosión genética para los cultivos de este país. Al no poder seleccionar y guardar su semilla, el agricultor local estará sometido a una presión adicional para abandonar la producción, y su capacidad de manejo de los recursos genéticos se verá deteriorada. La desaparición de variedades bien adaptadas a suelos, clima y plagas, que puede sobrevenir representa una pérdida irreversible para el mundo. La rapacidad del invasor en Irak no tiene paralelo en la historia del colonialismo de esa región.


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