Advierten ambientalistas sobre los efectos nocivos del humo de neumáticos y de objetos de plástico

En la incineración de los neumáticos (cauchos para los venezolanos) y materiales plásticos se produce la combustión de materiales orgánicos generándose calor, desintegración física y desagregación química del material y la formación de nuevos compuestos muy tóxicos para los seres vivos. La práctica de la industria cementera de usar como combustible a los cauchos y como objeto de quema en la manifestación callejera, viene siendo combatida por sectores ambientalistas por la generación de compuestos en forma de gases y cenizas sumamente tóxicos para los factores naturales en general y al humano en particular, batiendo los niveles de bioseguridad y de sustentabilidad de esas actividades.

El caucho o neumático tiene un alto valor o poder calorífico de 8.300 Kcal/Kg, situado por debajo del petróleo (10.409 Kcal/kg), pero encima del carbón (7.400 Kcal/Kg). Es por cuya característica se ha incluido en los procesos de elaboración de carbón como combustible de alto valor a bajo costo y de fácil obtención y también es por ello que rompe la indennidad del asfalto en el cual se quema.

En 1880 Charles Goodyear agrega azufre a altas temperaturas en la preparación de los neumáticos con lo cual le confirió con este proceso que se llamó vulcanización, las características actuales de esos objetos. Componen además al neumático tanto caucho natural como sintético (polímeros hidrocarbonatos de polisopreno, polibutadieno, estierobutadieno), acero encordado, fibra textil, suavizantes, catalizadores (óxido de zinc y de magnesio, paladio, rodio, platino), antioxidantes y negro de humo (combustión incompleta de gas natural). Es decir que los cauchos contienen carbono, hidrógeno, azufre, cloro, hierro, dióxido de silicio, nitrógeno, cromo, níquel, cadmio, titanio y otros.

Se ha demostrado que las cenizas contienen dióxido de silicio, dióxido de aluminio, óxido de hierro, óxido de titanio, óxido de magnesio, óxido de sodio, óxido de potasio, sulfatos, óxido de azufre. En cuanto a las emisiones gaseosas se componen de monóxido y dióxido de carbono, dióxido de azufre (en la atmósfera se convierte en anhídrido de azufre y es causante de lluvia ácida), óxidos de nitrógeno, metales pesados (cadmio, titanio), hidrocarburos, clorocarbonados (CFCs que rompen la capa de ozono), bencenos, dibenzodióxinas (PCDD) y dibenzofuranos (PCDF) catalogadas como Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs).

Las dioxinas (policlorodibenzodioxinas o PCDD) y furanos (policlorodibenzofuranos o PCDF) son compuestos muy tóxicos, activos fisiológicamente a muy pequeñas dosis, persistentes, acusados de ser teratogénicos (capaces de causar malformaciones congénitas) y cancerígenos (cáncer de hígado, pulmón, lengua, boca, fosas nasales, tiroides, glándula suprarrenal y de piel). Las dioxinas en la guerra de Vietnam fueron usada como defoliante (el agente naranja) y se han realizado innumerables trabajos relacionando sus efectos. Estas, así también los furanos, son contaminantes solubles en agua y capaces de pasar de un nivel trófico a otro en las cadenas alimentarias hasta el hombre, incluso a través de la leche materna.

La Cumbre de Río en 1992 y la de Johannesburgo en 2002, exaltaron el valor de la responsabilidad compartida y la obligación de la contraloría social, en especial a través de las ONGs ambientalistas. Es por ello que la que los sectores que desarrollan actividades de q1uema de cauchos o neumáticos debe considerar su papel de contaminador a través de esa práctica y la comunidad debe participar activamente en el diseño de tecnologías mas limpias y prácticas mas sustentables para evitar el daño de nuestros ecosistemas y de nuestra salud humana.


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Elio Ríos Serrano


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