Hallacas como castigo

“Este año comemos hallacas sin Chávez”.

“Si es necesario, comeremos hallacas en febrero”.

“Este año volverán a comer hallacas con Chávez. ‘Cha-llacas’ comerán”.

Ping-pong que, desde el paro-sabotaje del 2002, encuentra eco en el debate político venezolano

Llevaba ya algunas líneas escritas para esta última columna del 2008 acerca de las perspectivas del 2009 para la política, la economía y el periodismo venezolanos –tal como había anticipado la semana pasada-, cuando el aroma de unas hallacas espantó aquella musa, me movió a seleccionar todo el texto, pisar delete y dejar tales elaboraciones para el año próximo.

Total, ya habrá tiempo –y material de sobra- para volver sobre esos temas.

Pasé a hurgar en los estantes y allí estaba La historia fabulada, de Francisco Herrera Luque, en el mismo lugar donde lo había dejado más de un año atrás, con la idea de utilizarlo en una columna navideña del 2007. Son, en realidad, tres tomos que recogen una serie de narraciones dedicadas por el autor a Napoleón Bravo –qué será de su vida- y  concebidas como pequeños micros históricos para la radio.

El resultado del referéndum constitucional de ese año –un tete-a-tete que parecía de ficción-, y las no menos hollywoodescas liberaciones de secuestrados y prisioneros de las FARC en aquel diciembre, obligaron a postergar ese propósito, al cual me devolvió el aroma de la mondonguera hirviente.

En su obra, Herrera Luque recoge una versión interesantísima sobre el origen de la hallaca, que vale la pena traer al presente en estas (¿últimas?) navidades de abundancia petrolera.

Platillo de hambre

Tras poner en duda la versión que muestra a nuestro manjar navideño como derivado del tamal mejicano –del cual no parece tener muy buena opinión-, Herrera Luque cuenta la leyenda caraqueña que atribuye su autoría a un español de nombre Don Sancho de Alquinza, también llamado Sanchórquiz, quien fuera gobernador de estas tierras entre 1606 y 1611.

“De acuerdo a esta conseja, la hallaca, antes de tener su origen en la abundancia, nació de la tristeza y el hambre”, apunta.

Sanchórquiz se habría condolido de unos indios que trabajaban empedrando el camino hacia la Guaira, por su extrema debilidad. No podían ser los mismos que ofrecieron fiera resistencia al genocidio del conquistador Lozada. “Antes comían carne, abundaban los venados y los váquiros”, le explicó alguien, siempre según la narración de Herrera Luque.

El gobernador se acercó a ver la comida que le daban y descubrió que ésta consistía en “pasta de maíz sin sal envuelta por hojas de plátano”.

El autor fabula el siguiente diálogo:

-Con razón los pobres no pueden ni andar. Algo hay que hacer para que estos pequeños coman como Dios manda. Algo se me ocurre.

-Decidme, noble señor.

-¿Sobra comida de vuestra casa?

-Por supuesto…

-¿Y qué hacéis con ella?

-Pues echársela a los cochinos.

-¡Echársela a los cerdos cuando hay hombres que mueren de hambre! No he de permitir ese pecado, por vida de Dios. En lo sucesivo, y que se haga ley, la mitad de las sobras de vuestra mesa, al igual que las de los vecinos, serán recogidas por funcionarios del Ayuntamiento para que sirvan de guiso y consistencia a ese pobre mazacote de maíz. ¿Habéis entendido?

Según la leyenda, la orden fue cumplida al pie de la letra. Los indios de la obra comenzaron a comer aquella mezcla repotenciada y al mes cumplían su trabajo esclavo con mayor vitalidad.

Sin embargo, poco duró el gesto. Dice Herrera Luque: “Los vecinos que estimaban a sus cerdos más que a los pobres indios del camino restaron paulatinamente las mejores sobras para sus animales, dejando los peores desperdicios para los enclenques obreros”, lo que trajo consigo una epidemia de disentería entre los indígenas sometidos.

Un obispo, que el autor no identifica, habría reaccionado con indignación e impuso una penitencia a los caraqueños: “que en todo el mes de diciembre, y hasta el final de los siglos, comerán mazacote de maíz con sobras de picadillo envueltas en la miserable hoja de plátano que ocultó la desgracia”.

De allí habría nacido esta costumbre que se mantiene, con sus variaciones, hasta nuestros días. Variaciones que explica el autor en el epílogo: “El que hace la ley hace la trampa, dice un proverbio. Los caraqueños por el mes de diciembre cumplieron siglo tras siglo la penitencia que les impuso el obispo; pero como Su Ilustrísima no especificó la procedencia y calidad de los picadillos, lo que al principio fue bazofia, no lo fue así para los penitentes, quienes hicieron sus picadillos con buen jamón, con piernas de gallina, aceitunas, tocinos y azúcar y hasta con las sobras de vino que dejaba el hidalgo harto”.

A comerlas, pues, sin olvidar que 500 años después sigue habiendo hambre en el mundo y que, por efecto de la crisis del capitalismo global, puede haberla aún más.

¡Feliz Navidad y solidario 2009!

Taquitos

POSADA. Venezuela presentará por segunda vez a EEUU una solicitud de extradición del terrorista cubano-venezolano Luis Posada Carriles. Lo hará una vez que Barack Obama tome posesión de la Casa Blanca, el próximo 20 de enero. El saliente gobierno republicano, encabezado por George W. Bush, hizo caso omiso de la primera solicitud de extradición, basada en el juicio –pendiente en Venezuela tras la fuga de Posada de la cárcel de San Juan de Los Morros en 1985- por la voladura de un avión cubano con 73 personas a bordo, en 1976. Una vez reiterada, la petición quedará en manos de un presidente que, a diferencia de Bush y su familia, no tiene deudas con Posada Carriles ni con sus panas cubanos de Miami, según explica José Pertierra, representante de Venezuela en el caso de extradición. El abogado recuerda que Obama designó como Fiscal general de EEUU a Eric Holder, un hombre que durante el gobierno de Clinton fue clave en la repatriación a Cuba del “balserito” Elián González, cosa que, según Pertierra, difícilmente habría ocurrido bajo un gobierno republicano. A Posada Carriles, quien fuera jefe de Operaciones de la Disip en la IV República, y confeso agente de la CIA, se le considera el “Bin Laden de América Latina”, a pesar de lo cual está libre en Miami, en patente demostración del doble estándar de EEUU en su llamada “lucha contra el terrorismo”. Su extradición a Venezuela podría ser uno de los gestos de diferenciación de Obama con respecto a la política exterior de Bush hacia América Latina y en materia de anti-terrorismo. Recientemente, la Corte Suprema de Justicia de Panamá anuló, por ilegal, un indulto a favor de Posada dictado en las últimas horas de su mandato por la ex presidenta Mireya Moscoso, hoy radicada en Miami. En Panamá, el sujeto fue condenado por haber planeado un ataque con bombas a un recinto universitario donde 2 mil estudiantes se reunirían con Fidel Castro.

GASTÓN PARRA. “Nadie imaginó que aquel apacible profesor, sin experiencia parlamentaria, terminara revolucionando aquel foro, donde abundaban políticos de alto vuelo y otros con ansias de serlo. El plan de flexibilizar el carácter estatal de Pdvsa, colado en esa Asamblea Constituyente supuestamente homogénea, tropezó con el muro de Gastón Parra, un apasionado del petróleo: de 22 libros publicados, 14 son sobre el hidrocarburo. Fuertes polémicas con gente que entonces llevaba boina roja, e incluso bizarras triquiñuelas parlamentarias, sorteó con éxito el apacible profesor, alineado con una mayoría precaria enemiga de la privatización. Los artículos relativos al petróleo llevan su impronta en la Constitución. También los que abren puertas a la integración latinoamericana. Con tales antecedentes, no es de extrañar que el paro meritocrático de abril de 2002 llevase como bandera su salida de la presidencia de Pdvsa, adonde había llegado tres meses atrás. Su renuncia, junto al resto del directorio, no frenó el golpe en marcha. De esas lides viene este maracucho que ahora libra, apacible, nuevas batallas desde la presidencia del BCV”. Tal fue la introducción a una entrevista a Gastón Parra Luzardo, publicada bajo mi firma en Últimas Noticias el19/03/2006. Fallecido en estos días, dejando ejemplo y amplia obra para las nuevas generaciones, el hombre estaba orgulloso del artículo 318 de la Constitución –producto suyo-, que bloquea cualquier hipotético intento de cambiar el bolívar por el dólar, como en su momento hizo Ecuador con el sucre, al estipular que nuestra divisa sólo podrá ser sustituida por una moneda común latinoamericana. En la Constituyente del 99 le tocó defender esa visión nacionalista frente a las tesis “globalizantes” en boga. Los “meritócratas” de Pdvsa lo tomaron como excusa para encender la llama del primer paro petrolero, que condujo al Carmonazo. Articulistas de prensa enrolados en la treta lo pintaban como un ignorante del tema petrolero, a pesar de que éste era su pasión, reflejada en numerosos libros y trayectoria. Punto de inflexión fue el cacerolazo con que lo recibieron en el comedor de La Campiña. ¿Fue muy traumático su paso por Pdvsa? “Sí, y una experiencia rica. Logramos desmitificar a Pdvsa, que era para el pueblo algo desconocido. En nuestra gestión se dio a conocer lo que realmente era Pdvsa. Antes de eso íbamos hacia la desnacionalización petrolera, la privatización”, respondió entonces, antes de añadir que estaba escribiendo un libro sobre esa experiencia. Ojalá sus hijos lo editen. ¿Cuál fue el momento más duro? “Todos. Una lucha permanente con la llamada meritocracia. Ellos quisieron hacer ver que era un problema laboral, que protestaban el nombramiento de cinco directores que, decían, no reunían las condiciones, lo cual no era verdad. Lo que había era un problema político, y se demostró”. CITA:  “Cada día me parece más imprudente haber salvado a Santander. Este hombre será la ruina de Colombia. El tiempo lo hará ver”. Simón Bolívar, en carta a Rafael Urdaneta, 14 de diciembre de 1828.


columnacontralacorriente@yahoo.es



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Ernesto Villegas Poljak

Periodista. Ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información.

 @VillegasPoljakE

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