Articulo mortis, el papa Benedicto XVI dio la extremaunción al neoliberalismo

El papa Benedicto XVI abrió el pasado domingo el XII Sínodo de los Obispos en Roma diciendo que “los bancos caen, sólo la palabra de Dios es estable” y el lunes, los periódicos de todo el mundo se afanaban en buscar el adjetivo adecuado para describir un nuevo desplome de las bolsas de valores de los EE UU y Europa.

Las caídas han sido tan aparatosas y tan seguidas que han agotado, incluso, las copiosas reservas de lugares comunes con los que la prensa suele calificar estos sucesos, que ya tienen “cara” de “cataclismo financiero”.

Articulo mortis (a punto de morir) el neoliberalismo, moribundo, agonizante, casi casi patitieso, Benedicto XVI se ha apresurado en untarle los olios de la salvación y el perdón de los pecados, aunque el llamado “vicario” de Cristo sabe, mejor que cualquier otra persona en el planeta, que los banqueros no tienen alma, ni perdón.

El Papa, sin embargo, dijo además ante obispos y presbíteros de todo el mundo, congregados en el Vaticano: “Vemos que en el derrumbe de los grandes bancos el dinero se desvanece, no es nada, y que todas esas cosas que parecen la única verdad con la que se puede contar, son en realidad de segundo orden”.

“Dios y Mercado” era el gran blasón de los “Cruzados” del neoliberalismo y ahora que el segundo –con su “mano invisible” que todo lo resuelve, con su “derrame de las riquezas” al estilo maná, con su santuario a la propiedad privada- da vueltas y vueltas en el inodoro de la historia –en la poceta por la que se va el “capitalismo domado”- Benedicto XVI ha puesto las barbas de la Iglesia jerárquica vaticana en remojo, no vaya ser que SU dios corra la misma suerte.

Cundo sólo era Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe –la hija de la Santa Inquisición- y se dedicaba –como corresponde- a perseguir a los curas de la Teología de la Liberación, el actual papa fue el responsable de redactar el Nuevo Catecismo (1992) de la Iglesia católica, que tan bien le acomoda a todas estas doctrinas neoliberales y revirtió algunas molestas ideas como esta de la “opción preferencial por los pobres”.

Todo los anhelos de Juan XXIII –a quien llaman el papa bueno para poder distinguirlo de los 255 restantes que han existido- recogidos en los documentos del Concilio Vaticano II, con el Catecismo y el Derecho Canónico del prefecto Ratzinger, dieron vuelta en “u” en dirección a Trento, pero en una versión “neo”.

El prefecto Ratzinger, a pesar de ser un tipo extremadamente conservador en los asuntos de la fe –al punto de que prefiere que la misa sea en latín ¡válgame Dios!- legalizó, sin embargo, en 1993 el culto a María Rosa Mística, un extraño fenómeno del catolicismo mundial que casi pone fin a las “inculturadas” advocaciones marianas.

Como vosotros sabéis, fieles creyentes, “la mamá de Chucho” es Coromoto en Venezuela, Guadalupe en México, Chiquinquirá en Colombia, Fátima en Fátima, etece, etece, etece. Fue una brillante estrategia para mimetizar en la cultura de los pueblos la fe católica; pero la Rosa Mística no sigue ese principio, ella es la misma en todas partes, ¡a ver!, es una versión globalizada de la Virgen Maria.
El ahora papa Benedicto XVI, quien al abrir el domingo el Sínodo de los Obispos se quejó además, amargamente, de la progresiva pérdida de influencia de la Iglesia jerárquica vaticana en el mundo, se apresuró a darle la extremaunción al neoliberalismo porque sabe –dateado seguramente por sus compinches del Opus Dei- que ninguna transfusión de dólares podrá salvar al “mercado global financiero” y es prudente poner a SU dios a buen resguardo en alguna cuenta cifrada en Suiza.

ylich@hotmail.com


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