El blablá de nunca acabar entre lo nuevo

Que vete tú para ponerme yo que catorce años pesan un siglo y entre sonrisas pícaras que se las lleva el viento político del asomo en que corren las frases mal alimentadas  que contagian el blablá mañanero que no se agota entre los conductores entre los canales de la desorientación y sintonía escuálida que drena su ira en la oposición , cada quien en lo suyo, hace lo imposible por imponerse y quien más mienta será el ganador de la gran audiencia que pierde su tiempo resignadamente en lamer sin astucia, ni basamento alguno: la noticia o la información o el análisis que le calme o le atrinchere los nervios y en sintonía a su sentir paciencia se entrega a su pasatiempo que desvirtúa lo que le conviene a la sociedad venezolana a cambio de publicidad y de atender la orden que viene del imperio: dada con precaución notoria y así pasan las horas y los días y los meses y, la gran mayoría aguantando calladamente los embates de los políticos que asisten diariamente como invitados especiales que no dejan de embrutecer a los demás con sus troquelados pensamientos de complacencia que pesan de inconsistentes que, ordinariamente tienen eco seguro en la masa de los insidiosos donde encaja a ras la mentira de la sin razón del escape.

El atropello es tal que la rutina cansa y el que puede voltear voltea buscando la quietud o, quizás la compasión dentro de sí que lo aleje del ritmo de los “sortarios” del capitalismo que sólo piensan en su “yo” con todo el egoísmo que le da su efectiva educación capitalista –porque otra no puede ser su formación- y en ese ir y venir y correr de la hilaridad cómplice compartida nos confunden y hasta nos distraen de su problemática con sarcasmos para encajarnos su plausible blablá.

Nos enfrentamos sin darnos cuenta al disparate que otros nos lanzan y cuando sentimos el peso de la distracción, el mal mediático nos tiene en terapia convencional intensiva, pero, eso qué importa si es parte de la vida, así como así, dirigida de mil maneras por los que siempre se han valido de su inteligencia interactiva con su pizca de fatalidad y odio para socavar a su máxima expresión: la verdad que les tocará a otros enderezarla y meterla por los caminos de la realidad, torciéndole el cuello a la maldad que invocan y, en ese dale que dale se reordenarán las cosas a un ritmo que aplaque la tormenta dentro del intervalo de tiempo a futuro que despeje la intranquilidad y se acople al ritmo de la justicia social de la gran mayoría que sufre en carne propia del tira encoja que a diario  nos van dejando.

Llueve y escampa, dilema que nos distrae y en esa avalancha de pesares se nos van los sueños y, el que no protesta, ignora o muere callado, aunque algún día le tocará a él o, por el contrario le meterá al blablá de frente para seguir con entrega en la onda de lo mediático engañoso.

Blablá más blablá es la suma de la que se valen los activos de la desesperanza y, de los que no tienen otra cosa que hacer y, es casi imposible de convencerlos de lo contrario y, de allí su desgaste político que tarde o temprano los tendrá como el péndulo de la distracción, dando brincos de allá para acá, buscando el auxilio del amo imperial de su apátrida desvergüenza sin límites que el majunche como candidato se honra en proclamar.

Lo que era pasado vuelve al presente fortificado de calumnias que se van ensamblando dentro de la doble moral que ponen de relieve y, en esa distracción aspiran obtener el complemento que vendrá del Norte –bien etiquetado- como de Europa y nosotros en contraofensiva les brindamos con más ahínco más socialismo con una buena dosis de justicia social que alcance a proveer a los pobres de más oportunidades en función a sus necesidades inmediatas y fortalecimiento de su convivencia a la realidad dentro del maltrato neoliberal que tiene actualmente al mundo de cabeza –ejemplos sobran.

La contra revolución que anida en la oposición venezolana se ufana cada día en demostrar que económica y políticamente estamos heridos profundamente y la causa principal de la tragedia del país es, por este gobierno que no dialoga y, que –según ellos- cada día que pasa vamos de mal en peor y, si miramos de reojo para los lados nos damos cuenta que el puñado de privilegiados de la oligarquía: vive poderosamente mejor que nunca en un altar de lujos que se inclina amoralmente por el peso de sus bienes privados que por ahora están alejados del poder del Estado.

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