Al enemigo, ni un tantito

Los amarillos aprendices de fascistas creyeron poder aprovechar el fracaso de los partidos tradicionales para convertirse en una alternativa política válida y se les atravesaron el Comandante Chávez, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y una alianza cívica – militar consciente de su papel protagónico en la refundación de nuestra Patria y en la conformación de la Patria Grande latinoamericana y caribeña. Pretendieron dominar las alianzas antichavistas golpistas y demócratas y también fracasaron. Sus socios políticos ya no soportan su prepotencia ni los delirios del gobernador ausente. Sólo los medio unen las ansias de poder y un antichavismo enfermizo.

A pesar de ello, siguen en escena y están dispuestos a todo con tal de no perder su posición de lacayos preferidos del capital - sionismo internacional. Gravemente heridos por el triunfo del Presidente Maduro, en previsión de un nuevo fracaso en las elecciones municipales, han optado por actuar farisaicamente: aparentan ira las elecciones y al mismo tiempo participan en la guerra sorda y sin tregua declarada contra Venezuela y el proceso bolivariano, con la esperanza de no tener que llegar a estas.

Los amarillos aprendices de fascistas y sus socios oposicionistas le tienen pánico al poder popular porque saben que si este llega es para quedarse. Por eso atacan al pueblo por todos los flancos para desmoralizarlo y a la pequeña burguesía para enfurecerla y utilizarla como carne de cañón. Saben que los Consejos de Trabajadores les pueden desmontar los negociados con la quinta columna burocrática y también saben que a partir de diciembre los Consejos Comunales y las Comunas van a ejercer las cuotas de poder que les corresponden.

Ante este panorama nosotros no podemos dejarnos enredar por acciones y chismes por muy sensacionales que sean. Lo importante ahora es no caer en provocaciones, aguantar el chaparrón con paciencia, poner en evidencia al enemigo cada vez que podamos y activarnos tanto para asegurar el triunfo de los nuestros en las Alcaldías como para fortalecer nuestras organizaciones con miras a un ejercicio efectivo de poder revolucionario.



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