Las lágrimas del miedo

Las del saurio se diferencian de las de los embusteros en que no ha habido William Dávila alguno en atreverse a indagar el porqué de esas lágrimas. En cambio, las del adeco se conocen a distancia si el mismo congresista se encarga de demostrarnos son gotas de pachuli.

¿Quién le mojó la corbata al adeco Dávila? Otro embustero y resentido neo adeco llamado Diego Arria, alias “el cojo de Guayana”, con el absurdo, de que Venezuela no merece el ingreso a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, después que aprobaron dicho ingreso mas de 150 países, pese a la oposición de la ex imperialista Estados Unidos de Norte América y el nuevo imperio ubicado provisionalmente en Israel.

Por nuestra parte, invitamos al defensor de Nixon Moreno (por obvio no mencionamos al loco Brito de Guayana) para que se dedique a la vociferación de la defensa de su pupilo desde Mucurubá, Mucuchies, Tabay, Ejidos, Santa Cruz, Tovar y particularmente Zea, donde viven familiares de estudiantes y policías muertos por el protegido de Teodoro Petkoff y Monseñor Porras.

Además, ¿será que el Diputado William Dávila se imagina que Nixon Moreno se convirtió en un inmaculado santico, después que monseñor Porras lo “graduó” en la santa sede? Valdría la pena hacerle esa pregunta a la papo, abreviatura de Patricia Poleo, sabedora de esa particularidad, hasta el punto de haber separado su bello cuerpo del de “san” Nixon defendido por el cómplice de las masacres durante los gobiernos adecos del que fue sempiterno Gobernador del Estado Mérida.

Ah, claro, ahora los entendemos. Tienen miedo, están temerosos a que la representación autorizada de nuestro país haga valer la denuncia ante la organización mundial con pelos y señales en cuanto a los asesinos y sus cómplices de la muerte de Alberto Lovera; del periodista Fabricio Ojeda, Víctor Soto Rojas, del Fiscal de la dignidad Danilo Anderson y de miles de luchadores contra la ignominia adeca y copeyana.

En cuanto al sabihondo mundial con careta estirada tenemos que recordarle, entre otras cosas, lo de los niños de Caricuao que murieron despedazados por las ruedas de uno de los autobuses “gusanos” con falso piso, puestos a funcionar sin las medidas de seguridad debidas, por su administración como gobernador que fue de Carlos Andrés en la Gran Caracas.

Más del “Cojo de Guayana”. A Caracas llego huyéndole a la metralla de Pinochet, el ilustre canciller Letelier, con la esperanza de una protección de su compadre Gobernador Arría y este, con palmoteo en el hombro, lo embarcó en un avión camino de la muerte, allá en el nido de los asesinos de la camada de Posada Carriles, entonces mandamás de los policías de CAP.

Luego entonces, ¿seguirá Diego Arria merodeando con sus intrigas, allá en las Naciones Unidas? ¿Logrará William Dávila reconciliar a Nixon Moreno con Patricia Poleo? Este ultimo es más fácil si son corruñas y concha del mismo injerto. Lo que no les quita el derecho a pataleo si se saben corresponsables de la negación de los derechos humanos, antes y ahora, por cómplices de Nixon Moreno y de los criminales que asesinaron al fiscal de la dignidad y a más de 200 dirigentes campesinos y obreros.

Patria, Socialismo o barbarie. Venceremos!


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Pedro Méndez


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