Para Miami me voy

¡Qué va: en este país ya no se puede vivir! Por lo que juro por las siete estrellas de la bandera nacional de la IV-R y, por “san cardenelao zurosa” que, una vez más que hemos sido derrotados dentro de las tantas goleadas del chavismo que, me largo con la cara arrugada de la insatisfacción de esta tierra de comunistas disfrazados de socialistas y, como el aire que se respira acá no es de sosiego duradero y de bajo perfil per cápita, mucho menos de imparcialidad, no me queda otro camino que buscar hacia el Norte de mi confianza que allá hay vida.

He invertido en busca de los objetivos neoliberales capitalista muchas horas de esfuerzo verbal y, he colaborado con grandes sumas de dinero con la MUD y, no echamos para adelante y, seguimos en la planicie de la amargura atollados sin futuro que Capriles lo botó por adelantado y, particularmente después, se lo tragó el populismo del presidente que tenemos en Miraflores sin nuestro consentimiento y hasta el 2019.

Cada vez que oigo la canción: “Uh ah Chávez no se va”, se me inflaman las células la desobediencia civil y los tímpanos de mis auxilios estallan de rabia jugosa y, pierdo el camino de la sindéresis emocional y, me transformo en un energúmeno contagioso sin patas ni sentido de racionalidad y, las pestañas de mi alma se me alteran y, el colesterol malo invade mi torrente sanguíneo como un bolivariano intruso de mi cuerpo que no hay calmante ni lenguarada de tranquilidad que me preste y, entonces grito, maldigo y lloro como un chimpancé desorientado en la selva de los simios.

Mi vida después de la última victoria electoral de la mayoría del pueblo venezolano es un torbellino de amargura que ha incinerado nuestro “paquetazo” que era la gran salvación económica para este país que se nos ha ido de las manos con un Capriles nadando con seis millones de afectos en la piscina de los ahogados que, lo ha dejado y seguirá en lo adelante como “un cadáver insepulto” sin presidencia ni gobernación y nosotros con él a la deriva en estos mares inciertos que se come lo nuestro, lo que siempre ha sido de la burguesía.

Me duele irme, pero tengo que irme, seré un apátrida más en la red yanqui, pero la pava que nos ha caído es tan grande que, la ambición de nuestros sueños quedó en al autobús del progreso que nos dejó orillados sin la gasolina de la esperanza de movernos hacia adelante, en busca de otros horizontes de tranquilidad económica, en que pudiéramos recuperar lo invertido en la campaña electoral pasada en que nos pasaron raqueta por demás.

En Miami tengo grandes amigos, capaces de dar su vida por mí y, yo encantado de retribuirle mi afecto en especial a la pareja de Nixon Moreno y Patricia Poleo dos almas concentradas de ilusiones que gravitan un firmamento de felicidad y con mi llegada seremos el trío de la inconformidad desnudos de malas ambiciones y lo único que lamento es que los cinco –no mártires cubanos- si no los cinco apartamentos que tengo en el este y las dos casas en Guatire y, los tres fundos en el occidente del país de veinte, treinta y sesenta hectáreas respectivamente cada uno, en mi ausencia pasarán a manos de Loyo que es exterminador de terratenientes con su afán de terrófago del gobierno.

Sólo me queda recordar el tango: “Adiós muchachos compañeros de mi vida barra querida…” y decirles que las guarimbas están latientes y en cualquier momento llega la chispa a ese combustible que está en las mentes adversas y, habrá tantas como barricadas anti Chávez.

Para morir de rabia infinita acá, mejor me voy a sudar allá y a contar los días que habré de esperar que quien quite que la bola la saque fuera del patio cualquier desquiciado como yo que no tiene Patria.

Un escuálido más allá o, un escuálido menos acá entre tantos majunches que se han ido.

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