Desde tiempos lejanos el termino
*nacionalización* de empresas alude y evoca propiedad pública, colectiva. Por eso
las nacionalizaciones *socialistas* son el puente que conduciría la comunismo.
Frecuentemente esa medida nacionalizante
en sociedades burguesas ha respondido a represalias estatales y subjetivas, a
intentos gubernamentales para mejorar el servicio mal prestado por los
particulares involucrados, o a la incompetencia de estos para abocarse
rentablemente a la industria que haya sido objeto de semejante medida.
Reconozcamos que Venezuela es un
país que, honestamente hablando y refiriéndonos a la masa de la mayoría de sus habitantes,
no ha terminado de formar funcionarios públicos comprometidos con el deber
ciudadano. Todavía son precuidadanos que se conservan carentes de vocación de servicios. Esta última
cualidad es una característica sine qua non para disponer de empresas y
organismos públicos tan siquiera de mediana calidad. Por esta razón las
nacionalizaciones venezolanas no pueden perseguir mejora en el funcionamiento
de la empresa nacionalizada. Esta terminan siendo empresas públicas
nacionalizadas con elevada probabilidad de fracasos prontas y prestas a
convertirse en organismos parasitarios con pesada carga presupuestaria.
Esas empresas nacionalizadas por un
Estado burgués tampoco pueden responder a una mayor independencia estatal del
sector privado, habida cuenta que tales empresas siguen complementariamente
atadas al cordón umbilical de los suministros propios que seguirá ofreciendo el
resto de las empresas privadas. No existe ninguna empresa que autárquicamente
dé cuenta por sí ni para sí de sus propios medios ni suministros. Sería una
utópica empresa cerrada.
Entonces nos quedan dos (2) razones
posiblemente explicativas de las nacionalizaciones practicadas en una sociedad
burguesa como la nuestra:
1.- Que el gobernante haya pasado
factura visceral a los accionistas del caso, y 2.- Que
paradójicamente, se trate de un mecanismo oficial para beneficio del resto de
los empresarios privados pertenecientes al ramo de la empresa nacionalizada. Particularmente me inclino por esta segunda razón.
Y paso a desmenuzarla:
Es una realidad que el duopolio es la figura económica capitalsita ideal para la
burguesía. Tres o más empresas dedicadas a la producción de bienes afines
terminan incurriendo en *barbaridades financieras* o despilfarros que
perjudican al país y a todos los accionistas. Muchos empresarios, o todos menos
uno, se enfrascan en una competencia ruinosa causante de descapitalización del
competidor menos potente al coste de sobredembolsos que sólo a mediano y largo
plazos logran reponer los empresarios sobrevivientes. Así van cayendo uno a uno
hasta que la guerra económica los reduce a dos, Menos empleo de materiales,
maquinarias y asalariados es la resultante final.
Si eso es así, inferimos que las *nacionalizaciones
burguesas* terminan en perjuicios para la población, para los trabajadores y
para unos empresarios en beneficio de los industriales con mayor ascendencia política
y económica sobre el gobernante nacionalizador.
Por el contrario, las nacionalizaciones
socialistas obligan a todos los trabajadores con inclusión de los capitalistas
cesanteados a laborar en un plano de mayor equidad conciudadana, sin los
ventajismos que ofrece el empresariato privado en favor de pocos y mucho
daño para la mayoría.
marmac@cantv.net