Marx sobre Bolivar

En verdad, si Marx tuviera razón en el análisis o breve biografía que hizo sobre Simón Bolívar tendríamos, muy frustrados y deprimidos por exceso de ignorancia, hacer una nueva y acelerada recopilación de todas las obras escritas sobre el Libertador, de sus documentos y cartas, llevarlas a una hoguera y prenderle el fuego del infierno para que no quede, sobre la faz de la tierra, ni una partícula de ceniza. Y por otra parte, derrumbar y derretir sus estatuas costaría un presupuesto varias veces superior al que muchos estados, a regañadientes, otorgan a la educación y la salud de nuestros pueblos.

No tenía idea alguna sobre el contenido del escrito de Marx sobre Simón Bolívar, y creo que muy pocos historiadores se han ocupado de él, para darnos una explicación sobre las fuentes nutrientes del padre del marxismo para haber escrito tan sarcásticamente sobre el Libertador. Tal vez, por otro lado, no había tenido a la mano textos que me hubieran permitido esclarecer, mucho antes, mi interrogante. Tenía, sí, conocimiento del artículo biográfico de Marx sobre Bolívar y hasta había escuchado reacciones airadas de algunos que sienten ofendido el gentilicio bolivariano, como consecuencia de los ataques virulentos del creador del marxismo al padre de varias patrias de América Latina. Entiendo que sólo se han limitado a simples expresiones de ira sin exponer las profundas razones que nos faciliten convencernos del desacierto de Marx, sin dar espacio a motivos de odio personal y a lagunas de ignorancia.

Hace unos pocos años atrás compré un libro cuya primera edición, en castellano por lo menos, se publicó en 1972 por “Pasado y Presente”, y cuyo valor, por unidad, era de treinta bolívares y que utilizado no sé por cuántas manos antes que yo, ya tenía el precio de ochocientos bolívares, es decir, que en veintinueve años había aumentado su precio en dos mil seiscientos sesenta y seis por ciento. El libro, quieran o no los liberales o los neoliberales del capitalismo o los oportunistas o revisionistas del socialismo científico, es un fiel reflejo de cómo se incrementan los precios de las mercancías de primera necesidad. ¿O es que acaso los libros, para la lectura y la educación y la ciencia y la técnica, no son bienes de primera necesidad? Borges sostiene que la lectura es una fuente de felicidad. ¿Existe alguien que lo contradiga por el hecho del gran literato haber avalado expresiones de racismo o fascismo?

Marx inicia su artículo biográfico con una expresión sarcástica, cuando sitúa entre comillas la palabra Libertador y, desde allí en adelante, todos los conceptos o juicios sobre Bolívar se inflan de virulencia para rechazar o negar la obra del Padre de varias naciones en América Latina.

Marx recurre a términos que más que duros son mortales para tratar de borrar una imagen que cabalgó, con holgura y sacrificio, con aciertos y desaciertos, por los difíciles caminos de América en procura de independencia para las colonias que alimentaban el designio expansionista de reyes inquisidores de toda manifestación de justicia y libertad. Desde canalla, desertor, brutal, miserable, traidor, hasta etiquetarle el injustificable título de “Napoleón de las retiradas” fueron términos calzados por Carlos Marx, en su subjetiva sátira o sarcasmo, contra el Libertador Bolívar.

Se sabe que Charles Dana, coeditor de la Nueva Enciclopedia Americana, le solicitó en carta fechada en enero de 1858 a Marx, que señalara sus fuentes, porque consideraba su artículo biográfico sobre Bolívar, escrito en tono parcial y prejuiciado. Y sólo se sabe que Marx reconoció haberse salido algo del tono enciclopédico, lo cual lo condujo a descargar términos más drásticos sobre el Libertador, cuando sostuvo que hubiera “... sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque (Este fue un presidente de Haití que Engels señalaba como el verdadero prototipo de Luis Napoleón III, es decir, el verdadero hombre-mediocre).

Marx, sigo ignorando sus fuentes, no cesó en sus ataques virulentos sobre Bolívar y en diciembre de 1860, le publican otro artículo donde sostiene que la fantasía popular es fuerza creadora de mitos, que en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres y que Simón Bolívar, es el ejemplo más notable de ese tipo.

Sorprende la precisión de fechas, acontecimientos de la gesta independentista, contradicciones por ambición de mando entre los caudillos latinoamericanos, distancias entre lugares, descripciones físicas, datos numéricos de fuerzas y otros elementos descritos por Marx en su breve y subjetiva biografía sobre el Libertador Bolívar. Eso conduce a pensar, a mi manera de entender las cosas, que las fuentes o dateadores de Marx conocían, al detalle, la realidad de la lucha entre las colonias y la metrópolis, pero estaban imbuidos de un gran odio personal y de una gran envidia contra Simón Bolívar y, por consiguiente, deformaban la objetividad en busca de opiniones y juicios críticos destructivos contra el Libertador y de prebendas para ellos.

No puede negarse que Simón Bolívar haya cometido grandes errores en su tormentosa, cruenta y compleja lucha por la independencia de los países latinoamericanos, pero eran mayores sus virtudes y sus aciertos que le acreditaron títulos y reconocimientos muy merecidos y sobre los cuales se destaca el de Libertador de varias naciones. Precisamente, quienes han convertido en un mito a Bolívar, son aquellos oligarcas que cuando les conviene lo tildan de tirano y cuando no, lo inmovilizan en esculturas y pinturas como el prototipo simbólico de conformismo con el status donde se frustran y se calcinan las esperanzas de justicia y libertad de nuestros pueblos.

No se trata de conceder, en este artículo, ningún derecho a quienes pretendan encontrar razones y motivos para vilipendiar y denigrar de ese gran maestro del proletariado mundial y forjador de conciencia libertaria y de la doctrina –marxismo- más revolucionaria, dialéctica y científica de todos los tiempos, Carlos Marx. Se trata más bien de interpretar esa tendencia, cuyas raíces europeas se inclinaban por creer que predominando Europa en la América, se adelantarían los procesos liberadores de todo sistema de explotación del hombre por el hombre, porque veían en el desarrollo de Estados Unidos y de la esclavitud, ese polo guía que sentaría las bases para los grandes saltos que cambiarían el destino del mundo y abrirían la puerta para futuros triunfos del proletariado y su gran sueño socialista y comunista. Si Marx viviese en este tiempo, ya hubiera rectificado su falso juicio sobre Bolívar, y atacaría con virulencia justificada el despotismo del imperio estadounidense y la complacencia de una Europa que teme, al primero, como el zorro ante cualquier animal que lo exceda de tamaño.

Y por otra parte, Carlos Marx -por ser el más grande pensador de todos los tiempos hasta la actualidad- no podía pasar toda su vida sin cometer, al igual que Bolívar, grandes desaciertos o errores. Y es, precisamente, su breve biografía sobre “Bolívar y Ponte”, uno de ellos. Los acérrimos enemigos de la causa independentista, y por consiguiente del Libertador, que se desplazaban impunemente por los espacios de la próspera y culta Europa del siglo XIX, ladraban en concordancia con los déspotas europeos el supremo desprecio por los pueblos y sus dirigentes que querían, sin importar la cuota de sacrificio que costara, su completa liberación del yugo colonialista que les explotaba y oprimía.

Las falsas fuentes que nutrieron de subjetivismo a Marx para exponer su visión, de manera apresurado y prejuiciado, sobre Simón Bolívar tienen, lógica y necesariamente, su patrimonio ideológico y político en aquellos que abandonaron el deber de luchar por liberar a su patria de todo dominio colonialista y, por lo tanto, dejaron correr conceptos intrigantes y deformantes de verdades como si fueran hijos del azar. No existe, por otra parte, ningún testimonio serio y responsable de quienes acompañaron a Bolívar en sus andanzas de guerrero por la independencia de nuestros pueblos, que pueda verificar los juicios emitidos, contra el Libertador Simón Bolívar, por el más grande de todos los grandes maestros del proletariado y el ideal de emancipación social, Carlos Marx.

No se trata, para los latinoamericanos y especialmente para los oriundos en las patrias independizadas por Simón Bolívar, de crear un mito o idealizar la personalidad del Libertador y defenderla con el sectarismo y el dogmatismo alucinantes con que actúan quienes se valen de él para engañar pueblos y desmemoriarlos de su verdadera historia ni despotricar o negar la esencia revolucionaria del pensamiento de Carlos Marx por lo que expresó de aquél, sino de ubicar correctamente los juicios en el tiempo que se produjeron, las vías por las cuales llegaron al padre del marxismo y descubrir su fundamento, para determinar la razón de su existencia.

Muy a pesar de las múltiples tergiversaciones de nuestra historia para alienar la conciencia de nuestros pueblos en beneficio de los capitales que invierten para obtener riquezas sobre el conformismo social de los explotados y oprimidos, la obra y el pensamiento, tanto de Bolívar como de Marx y cada uno en su tiempo y en su espacio, no podrán ser empantanadas por quienes se sustentan gracias a la corta memoria de los que se enlodan los bolsillos con remuneraciones leoninas para adulterar la realidad histórica y servir de agasajo al disfrute de una historia hecha de muchas mentiras, pocas medias-verdad y una que otra verdad que siempre resulta la menos relevante y no pocas veces, quizá, la más influyente en la conciencia social colectiva de nuestros pueblos para despojarlos del derecho a saber el contenido esencial de sus hechos y personajes del pasado.


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Freddy Yépez


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