El peligroso y odioso dogmatismo

A raíz de los anuncios hechos por el Presidente Nicolás Maduro, de algunos candidatos a alcaldes, se ha producido una reacción iracunda dentro y fuera de las filas de la revolución. Parece ser que saberse las tesis de Marx, el libro rojo o el verde de memoria, son las credenciales que se requieren para aspirar a dirigir un municipio o para ser concejal.

Lo que olvidan estos fariseos es que el Comandante Chávez repitió hasta la saciedad que el mayor reto que enfrentaba esta revolución era construir un socialismo a la venezolana. Jamás llegó a decir el máximo líder de este proceso que quienes acompañaran la lucha revolucionaria debían ser, todos, académicos. De hecho, sabemos de su aspiración de que el pueblo más humilde fuera el protagonista y constructor de una nueva sociedad más justa, para lo cual impulsó el poder popular y el protagonismo de los colectivos, especialmente aquellos que durante años, decenios y siglos fueron marginados y hasta perseguidos. Nunca vimos al Comandante decir que antes de hacerle llegar poder al pueblo, este tenía que hacer cursos de marxismo.

Precisamente la magia de su propuesta era que la gente EXPERIMENTARA una nueva forma de vivir, de hacer las cosas, de imaginar, de soñar, de construir. Vivir el socialismo es la mejor forma de entenderlo. Quizás un gran número de compatriotas de los que resultaron beneficiados con muchas de las políticas del Presidente Chávez, y también gran cantidad de personas que se incorporaron a trabajar en cualquiera de las misiones, poco sabían de teoría socialista, pero al actuar de manera solidaria, humana, comprensiva y honesta, en beneficio del colectivo y no de la individualidad, atacando las prácticas egoístas y excluyentes comunes en la política venezolana, entendieron que existía una manera diferente de actuar como sociedad, que esta forma de actuar implica comprender que somos una nación diversa, mestiza, y que el mayor reto era construir un modelo político y económico totalmente distinto al que se ha mantenido en nuestro país y que es imposición de los países que durante tantos años nos subyugaron. Cualquier venezolano de a pie, sabe hoy en día eso, lo que no significa que maneje las teorías que dieron origen al socialismo.

La transformación del aparato educativo irá convirtiendo los valores humanistas en columnas de una nueva sociedad, en una sociedad socialista “a la venezolana”, que no sienta ninguna pena por asumir lo que deba asumir, pero que no caiga en el dogmatismo que hundió a la Europa Oriental. Chávez nos invitó a una casa que se llama SOCIALISMO. No nos llevó a palos. Es más, olvidan los dogmáticos que el propio candidato Chávez, en 1998, no llegó al poder hablando precisamente de socialismo. Digo todo esto porque ahora me perece una práctica censitaria y excluyente intentar argumentar en contra de las candidaturas de venezolanos que, de acuerdo a la CONSTITUCIÓN no tienen ningún impedimento para ser candidatos a alcalde, que si son actores o deportistas o animadores o cantantes.

Creo que estos venezolanos dieron un paso adelante y fueron capaces de ver, aún dentro de sus actividades, que son capaces de entender el momento histórico que vive el país y que pueden aportar a la construcción de una nueva sociedad. Si resuelven los problemas que a veces ni los alcaldes más doctos en teorías políticas han resuelto, el pueblo los tendrá como ejemplos de gestión revolucionaria. Los que hemos leído algo de la historia de nuestro país, sabemos que tal vez nuestros peores gobernantes han sido los más cultos. Esto no quiere decir que deben gobernar analfabetas, como si se tratara Venezuela de la península Barataria del buen Sancho Panza, pero es evidente que el mejor gobernante será el que resuelva los problemas de la gente y no sea corrupto. La construcción del socialismo venezolano pasa por ser eficientes en la realidad, ya tuvimos suficiente con los que manejaron la teoría y resultaron ser los más ineptos, poniendo en peligro la revolución misma.

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