Crítica sin autocrítica: sólo crea verdugos

"Todo el mundo sabe que las grandes discrepancias surgen a veces de las discrepancias más pequeñas, incluso insignificantes en un principio", dijo en muchas oportunidades el camarada Lenin. Pero las discrepancias avanzan cuando no funciona la crítica y la autocrítica, pero –igualmente- éstas no avanzan cuando no existe el centralismo-democrático.

El camarada Chávez ha llamado en muchas oportunidades al ejercicio de la crítica y, ahora y muy importante, ha exigido la autocrítica. La primera sin la segunda, sólo crea verdugos, pero cuando ambas se combinan existe un elevadísimo porcentaje de enderezar los entuertos en el camino. Una Revolución Socialista es la máxima expresión política de democracia para las grandes mayorías y un centralismo de hierro que garantice la realización de los programas que conduzcan a la transformación de la sociedad. Lo que debe tenerse en cuenta es que el centralismo sin democracia construye burocracia pero la democracia sin centralismo lleva derechito a la anarquía. El centralismo-democrático es una cohesión de dirección centralizada con discusión democrática, es decir, una absoluta unidad en la acción revolucionaria y la más completa libertad de discusión, diálogo, polémica y reflexión. El camarada Lasalle, sintetizó muy bien el significado del centralismo-democrático, cuando dijo es "...completa libertad en la discusión, absoluta unidad en la acción".

Eso debemos tenerlo en cuenta para poder entrarle a ese otro principio vital no sólo para una organización revolucionaria sino, igualmente, para un proceso revolucionario, de la crítica y la autocrítica. Para el camarada Marx, la crítica tiene que ser actitud productiva y creadora de lo bueno mientras la autocrítica debía ser destrucción de lo malo. La crítica nunca puede ser un derecho sin deber de autocrítica. La crítica no es tampoco decir lo que venga en gana y cuando a uno le parezca que debe lanzar acusaciones sin argumentos convincentes o sin pruebas que verifiquen lo que se está criticando, y ello debe ser siempre constructivo.

Precisamente, la crítica permite recoger las mejores ideas, ordenarlas y trazar sobre ellas una política revolucionaria coherente. La crítica facilita enriquecer la línea política de un proceso revolucionario. La crítica entre revolucionarios no debe estar guiada por el rencor ni el egoísmo, sino por un espíritu de camaradería y sobre la base de los intereses de la revolución; debe ser una crítica constructiva, creadora, que facilite la comprensión del error; que permita descubrir y analizar las causas de las fallas, ya que no puede imaginarse nadie la existencia de un proceso revolucionario donde nadie cometa errores. Si lo que se quiere es lo mejor para la revolución, es imprescindible saber escuchar, saber decir las cosas, saber criticar, de manera que se encuentren los elementos positivos y se destruyan los negativos para que la vía correcta sea la triunfadora. Trotsky nos dice que ni siquiera los pequeños errores quedan impunes en política, y mucho menos los grandes; "... pero la mayor falta es disimular los errores cometidos, contrarrestar de una manera mecánica su crítica e impedir que se formule sobre ellos un juicio marxista ponderado".

La crítica debe tener por misión principal: condenar la política errónea facilitando elementos para corregirlo. No hay razón para temer jamás a la crítica constructiva, a la crítica que enriquece el pensamiento y la acción, esa que mejor estrecha los lazos entre los revolucionarios, entre éstos y el proletariado, entre éste su gobierno revolucionario.

La crítica debe estar acompañada de la autocrítica para poder cumplir una relación dialéctica, ya que de lo contrario se persistiría en los errores que deben superarse. Por eso la autocrítica debe manifestarse a todos los niveles de un proceso revolucionario como conjunto o suma de organismos, instituciones, dirigentes, trabajadores, empleados, funcionarios. Ello permite valorar que quien haya cometido un error lo comprenda cabalmente y ponga de manifiesto su intención de corregirlo. La autocrítica facilita el estado de superación constante de los miembros del Estado, la organización y estrecha más las relaciones entre los militantes en todos los niveles y de éstos con sus organismos de dirección. Sin el espíritu autocrítico, la crítica no podrá dar resultados altamente positivos. La autocrítica, para tener claridad de ella, debe consistir en lo que nos dice Carlos Marx: "... la destrucción de lo que no sirve".

La autocrítica permite, en muchos casos, expresar el error cometido antes de que se produzca la crítica y ello es importante, cuando se hace con honestidad revolucionaria. Un proceso revolucionario donde todos sus integrantes tengan capacidad autocrítica, sabrá corregir los errores a tiempo. Sin la crítica y la autocrítica no se concibe una Revolución como tampoco la existencia de un partido político revolucionario.

La crítica y la autocrítica, por lo demás, bien expresadas o materializadas permiten un estado de disciplina que garantiza la armonía de un proceso revolucionario. Nos dice el camarada Trotsky, que: "Es necesaria una disciplina absoluta pero debe surgir de la comprensión común. Si se la impone desde afuera es un yugo. Si surge de la comprensión, es una expresión de personalidad, de otra manera es un yugo. Entonces la disciplina es una expresión de mi individualidad libre. No es una oposición entre la voluntad personal y el partido, porque yo entré por mi propia voluntad". Y para Lenin quienes debiliten la disciplina revolucionaria contribuyen con los planes de la burguesía para evitar el triunfo o el desarrollo de un proceso revolucionario.

En fin, bien entendido y aplicado el principio de la crítica y la autocrítica, el proceso revolucionario tiene garantías de avanzar, de profundizar exitosamente lo profundizable de acuerdo a las circunstancias concretas de tiempo y espacio, de fortalecer las políticas revolucionarias haciendo que lleguen en provecho del pueblo y, muy importante, crear un ambiente de buena salud en la expansión y adquisición de teoría y práctica revolucionarias. Así, es la Revolución quien más gana. Y de otra parte, contribuye a combatir victoriosamente el burocratismo o la anarquía.


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Freddy Yépez


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