En
tiempos de revolución los deberes de los funcionarios públicos se
establecen por conciencia y no por obligación, pero pareciera que el
Tercer Motor
Moral y Luces no ha sido comprendido por
muchos empleados públicos que fungen de directores, coordinadores e
incluso por funcionarios de alto nivel en el gobierno revolucionario de
Hugo Chávez Frías.
Evidencias,
es difícil mostrarlas, porque nadie está con una cámara en la mano
testimoniando los rostros de fastidio de algunos directores generales o
de línea cuando se les propone iniciar procesos de formación internos
que le den a ellos mismos o a sus “subalternos” herramientas de
conocimiento que podrían mejorar la capacidad productiva de sus
unidades de trabajo en tanto que ellas dinamizan la producción y
sustancian la acción de gobierno.
Si
bien las intensiones del Presidente de la República son nobles cuando
dice que todos los días debemos dedicar por lo menos dos horas a la
lectura como proceso constructivo de la conciencia para el análisis
crítico de nuestra realidad particular y la realidad de este mundo,
también es cierto que el gobierno ha dado una guerra sin cuartel en el
ámbito especialmente comunicacional que hasta el mes de diciembre
pasado fue defensivo y que hoy celebramos la salida de las trincheras
para posicionarse en una situación ofensiva, pero fueron ocho años de
bombardeo inclemente, constante que tuvo como blanco los 26 millones de
habitantes, 4 millones de estos heridos mediáticamente y otros cuatro
millones disociados.
No
es el caso pretender un juicio sobre tal o cual aptitud o conducta, ni
tampoco copiar aquellos románticos círculos de estudio que la gente de
izquierda en los años 60, 70 y 80, sino crear
las condiciones para que el nuevo funcionario del nuevo Estado
socialista comprenda a conciencia el significado y el sentido de
transformación que está experimentando la estructura burocrática de ese
órgano caduco que debe permitir el paso a un nuevo Estado.
No hay dudas que para dar ese paso el funcionario público que es sobre todo ciudadano, y que es el combustible operador de las acciones del Tercer Motor Moral y Luces
de ese nuevo Estado, debe estar preparado y contar con el suficiente
conocimiento, especialmente la conciencia clara y la sabiduría de su
rol como parte de un gran colectivo que debe echar a andar esta enorme
y pesada maquinaria que es el Estado venezolano.
Allí
está una gran responsabilidad de quienes están más claros política e
ideológicamente, suponemos, los coordinadores, directores,
viceministros y ministros, que son y deben tener armadura de líderes y
están obligados, no sólo porque el Presidente lo exige sino por
conciencia de impulsar procesos de formación que les permita a los
funcionarios incluso obtener certificación para su mejoramiento
profesional avalado por universidades acreditadas en el país.
Muchas
propuestas de formación se han conocido, desde la Escuela de Gobierno
hasta las Misiones, algunas han dado resultados satisfactorios otras
han quedado en el papel, pero es necesario iniciar mejor antes que
después esta tarea prioritaria, para que el Tercer Motor Moral y Luces se
haga realidad con las nuevas generaciones de jóvenes funcionarios y
funcionarias que contribuirán con su dinamismo y entusiasmo ha
construir célula a célula, pieza a pieza el nuevo Estado socialista que
esta sociedad venezolano ha buscado por centenares de años.
Aldemaro Barrios Romero
aldemarobar@yahoo.es