El buen profesor

En el Día del Maestro

- “No tengo el propósito de escribir un libro más sobre el tema. Hay muchos y buenos libros sobre el particular. De momento me bastan unas anotaciones preliminares, nada más. Me remito a la experiencia personal de mis lectores: ¿Quiénes han sido mis mejores maestros? ¿Por qué fueron buenos?

- El buen profesor nunca intenta deslumbrar al alumnado. Ni con su sabiduría, ni con sus virtudes, ni con sus defectos. Mucho menos intenta amedrentar.

- El buen profesor, más bien, agradece con su actitud el que le escuchen y que los alumnos se dejen enseñar por él. Es actitud, no son palabras.

- El buen profesor se hace perdonar el saber más que sus alumnos. Y el estar frente a ellos en condiciones de superioridad. Nadie tiene derecho ni ser ni a saber más que los demás.

- El enseñar, como mandar, es siempre un privilegio inmerecido. Hay que hacerse perdonar para que el privilegio no engendre recelos. No es que el profesor deje copiar en los exámenes escritos, ni es que apruebe a todos sus discípulos o que regale notas para evitar que le llamen “can-cerbero”. Es otra vivencia y otra convicción distinta.

- El buen profesor nunca humilla al alumno que no sabe. Si interroga o examina, se entera de las ignorancias. Las reconoce, las evalúa. Pero no humilla la persona. Es un arte el suspender al alumno y lograr al mismo tiempo que el alumno acepte su suspenso. Es un horror sentir orgullo al suspender a muchos, o a todos.

- El buen profesor mantiene la misma convicción que tuvo Sócrates: no regala la verdad que él posee, no la impone; se limita a ayudar a que sus alumnos la descubran. El profesor guía, analiza con ellos, se deja enseñar mientras enseña.

- El buen profesor acepta sus equivocaciones. Acepta que no lo sabe todo ni todo lo sabe bien. Se puede equivocar al evaluar, puede no ser totalmente objetivo, porque nadie lo es; nunca somos neutrales frente al otro.

- El buen profesor conoce el aforismo que corre por los institutos educativos: “no hay profesor malo si la nota es buena”. Lo conoce, pero no lo comparte.

- El buen profesor guarda relación entre lo que da y lo que pide, entre su competencia y su exigencia. Sabe combinar justicia y comprensión. Entiende que la diferencia entre la nota nueve y la nota diez acaso es mínima en cuanto a conocimientos que reflejan, pero es máxima en consecuencias académicas. El diez es aprobado y el nueve es suspendido, con el diez se pasa el curso y con el nueve se repite,

- El buen profesor enseña a vivir, no sólo a conocer. Enseña a respetar, no sólo a manejar conocimientos.

- El buen profesor transmite valores no sólo ideas. Más que docente profesional es maestro y padre y madre.”


(Tomado de: Benjamín García F.: “La Inteligencia me Persigue”. San Cristóbal – Venezuela. 1991).



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