Carta abierta desde la UNESR

Reconsiderar los desaciertos estratégicos del gobierno, ha sido el llamado del Presidente Hugo Chávez, quien luego de ser reelecto para el período 2013-2019, no ha cesado de instar a su equipo de trabajo a un cambio de estrategias que garanticen un estado social, de derecho y de justicia. Eso implica, sin mucha filosofía y cuentos de camino, identificar, no sólo al mal, sino a quienes lo caracterizan y materializan. Y, que quede claro, no estamos hablando de la oposición – que quedó “knockeada” en las recientes elecciones- sino de quienes autodenominándose “revolucionarios” y “voceros del sentir del gobierno”, representan, justamente, la cara de los desaciertos del gobierno en cuanto al nombramiento de autoridades. En tal sentido, la Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez” es un vivo ejemplo de este mal que requiere de revisión por parte del gobierno; mal que, estamos seguros, no llega como información pormenorizada al presidente de la república quien, en su último consejo de ministros exhortó a su equipo de gobierno (entre este  la Ministra de Educación Universitaria, Yadira Córdova) a  impulsar proyectos integrales y no aislados. Y justamente, el aislamiento ha sido el modus operandi en las políticas desarrolladas por el mismo Ministerio de Educación Universitaria, pasando por el rectorado de la UNESR, hasta llegar a tocar a las directivas de los diferentes núcleos de esta casa de estudios.

Lo antes dicho no es producto de un infundio mediático como al que nos tienen acostumbrados quienes adversan a este proceso político y le estampan todo tipo de subterfugio. No; es la historia real de una universidad en la que sus autoridades, amparadas en el adecuado veto presidencial a la propuesta de ley de universidades que dejó en “stand by”  la elección de las autoridades desde el seno de las comunidades universitarias, ejercen directrices, no sólo aisladas del interés y el sentir de la mayoría los miembros que integran a la comunidad universitaria, sino que refuerzan tales propósitos con una de las políticas de desinformación más crueles que jamás haya vivido esta universidad. La rectoría, ejercida por la Dra Miriam Balestrini es, lamentablemente, apreciada por la comunidad universitaria como una viva copia de los modelos que suele atacar el ideario del proceso político revolucionario. Para entender este argumento bastará preguntar a los miembros de cualquier núcleo de este centro de estudios, ¿cuántas veces ha contado con la presencia de dicha rectora en los procesos de debate y consulta popular (entiéndase el pueblo de la UNESR) para atender las necesidades más apremiantes y construir juntos la solución a los problemas de mayor urgencia de dicha universidad? Todo indica que no existe comunión entre la acción rectoral y el llamado del mismo comandante Chávez quien ha dicho: “Un líder o quien pretenda serlo, debe estar él mismo de manera permanente en un proceso de auto didactismo. Leyendo, estudiando y no sólo en los  libros sino en la esquina, aprendiendo del colectivo, aprendiendo del pueblo, utilizando esa poderosísima arma que es la dialéctica… Todos los días debe estar aprendiendo, como en una especie de laboratorio, haciendo experimentos, reconociendo donde se equivocó, y si hay que corregir por ahí para buscar el camino hacerlo, inventando permanentemente..." Ah, pero resulta fácil dirigir desde una oficina, en desconexión con la realidad de las mayorías y, seguir llamándose rector, director, líder, y toda suerte de calificativos de jefatura. Tal actitud, requiere por parte de la actual ministra de educación universitaria, una revisión, una consulta con los involucrados en la realidad universitaria de esta casa de estudios, en donde, con toda seguridad encontrará una realidad distinta a la que en cada informe de gestión le presenta la Dra Balestrini.

Ante este clamor, puesto que no es más que un clamor registrado en un escrito, pero clavado en el sentir de la población de la UNESR, se encuentra también un asunto que se erige como otra de las atrocidades más comunes: la exclusión social. Resulta fácil enfilar y descargar toda la artillería en materia de desajustes laborales en contra de los actores y desmanes de las rectorías de la cuarta república en la universidad en cuestión. No podremos aplaudir jamás desajustes sociales como la corrupción, los amiguismos, el clientelismo, y toda la gama de injusticas cometidas en ese período histórico en el seno de la UNESR. Pero no menos condenable es la dinámica de concursos que para el ingreso como personal fijo se aplica en los actuales momentos. Luego de haber heredado una nómina de trabajadores que sobrepasa la capacidad presupuestaria para atender sus pagos e ingreso, luego de 5 y hasta 10 años de servicio en la UNESR, se abre un proceso de concurso de credenciales que funciona al mejor estilo cuarto-republicano. La crisis generada por tal “oportunidad” de ingreso, se desata en los diversos núcleos, a partir de la promoción que hacen los mismos directivos de los núcleos, señalando que quienes reúnen el perfil para ganar el concurso de credenciales, son los coordinadores de las diferentes direcciones. Es decir, quien no tenga la suerte de ocupar tal cargo, muy a pesar de sus años de servicio y esperanza para ingresar mediante un proceso de inclusión social en la nómina como personal fijo, queda por fuera. La misma rectora de la UNESR y los directivos de los diferentes núcleos saben que el presupuesto del que dispone la universidad, sólo alcanzará para unos pocos; sin embargo, la treta se mantiene, valga que se diga, tratando de sostener un apego al llamado a la justicia social que ha formulado el presidente Chávez a declarar como obligatoria la desaparición de la “tercerización” social. Pero una cosa es la que dice y siente el comandante Chávez y otra la que hacen quienes disfrazados de revolucionarios atentan contra este proceso, divorciados a su vez del pensamiento guevarista que sostiene la necesidad de ser “…capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo.

Mientras tanto, seguirán las comunidades de la UNESR esperando mejores momentos, actores más auténticos, rectores consustanciados con el pueblo, directivos de núcleo no puestos “a dedos” y de espaldas a las mayorías, procesos de comunicación triangulados y de equidad participativa. Lo contrario continuará reforzando la idea de una revolución que no acaba de nacer, justamente porque las bases podridas de su herencia no acaban de morir.

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Profesor



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