Aporrea, la Hojilla y la Casa del Perro

Cuando llegué a Caracas en Diciembre del 2003, hastiado del ambiente parasitario que caracteriza las afueras de las instalaciones petroleras como PuntoFijo, donde traté infructuosamente de promover proyectos de participación comunitaria centrados en las escuelas y liceos, buscaba alguna forma de ser más útil al proceso bolivariano. Los disociados andaban recogiendo firmas y el referéndum estaba en boca de todos. Ánimos caldeados por la circunstancia hacían que el tránsito cotidiano en el este, donde tuve que arrimarme a casa de mis padres, fuera toda una descarga de adrenalina.

Pero, ¡al fin!, tenía a mi disposición periódicos y semanarios como VEA y TEMAS, y empecé a conocer el cyberespacio (cuando se es pobre y se vive en el interior, internet queda muy, muy lejos). Conocí a Matías Jáuregui cuando aún le ladraba a las lolas de Angola, a Mario Silva cuando despellejaba a la cacatúa y al dueto Giusti/Masó....y se me ocurrió escribir algo.
Sorpresa, me lo publican en La Mancha, era algo casi tierno, le pedía a los periodistas y/o comunicadores sociales que no avivaran la candela política apelando a (¡qué ingénuo!) su ética profesional, su compromiso con la verdad y la paz, etcétera.

Me lanzo con William Izarra a la (aún jojota) formación ideológica, sin perder de vista la necesidad de difundir un mensaje de claridad revolucionaria alimentándome de la lectura y la compañía de los verdaderos ñángaras que pude conocer en el camino. Es así como empiezo a reclamarle a Hugo que no nombre candidatos a dedo y que se aparte del grupito de lamebotas puntofijistas infiltrados que lo alejan de las bases dejándole abierta sólo una rendija demagógica para comunicarse con ellas...pero siempre escribo con un estilito mio, decente y pulcro, muy a lo Ernesto Villegas, a quien tengo en alta estima.
Ahora, por esta vez voy a dejarme de mariqueras y escribir más directo, más al grano. Yo me imagino que a José Roberto Duque no le van a dar nunca un Premio Nacional de Periodismo, y que a él éso le sabe a mierda porque nadie le va a poner bozal a su irreverente lengua...y porque jamás le va a jalar bolas a nadie (en lenguaje digerible por Willian Lara, no se dedica a la escrototensión).

Y no es por sus groserías que le admiro, si fuera por eso el verbo de Ángel V. Rivas estaría en el cénit; es que ese sato de mierda siempre dice la puta verdad, duélale a quien le duela, y se caga en cuanta fuerza policial o militar del órden público (léase Guardia Nacional) deambule por estas veredas. ¿O es que no conocemos ese aire de guapo matraquero y prepotente de cuanto bicho anda por ahí con hierro y uniforme? Honrosas excepciones hay, por supuesto, pero es que son esas vainas del poder, y un fuco es poder...punto.
Ahora, con aporrea; es, sin lugar a dudas, una cartelera donde todos caben, pero me preocupa que se inunde. Que se sature. Que se llene tanto que se pierdan de vista artículos de lectura imprescindibles entre avalanchas de alabanzas y loas, mensajes de claro espíritu revolucionario entremezclados con paja verborreica, ridiculizaciones del sifrinismo de la derecha y solicitudes que corresponden a otros lugares....y lo peor, los artículos anzuelo, aquellos escritos supuestamente como denuncia crítica que pueden tener adrede mensajes subliminales de desmoralización. Aquí nos encontramos con la necesidad de dejar abiertas las puertas a la pluralidad de opiniones, aunque no recuerdo haber leído nada de autores claramente identificados con la oposición (lo cual es lamentable, pues se pierden un espacio para confrontar sus posturas...pero ya sabemos que no hay oposición democrática en Venezuela: sólo marionetas mediáticas). Quizás la mejor recomendación es a los que contribuyen con sus textos a aporrea: tratar de no sobresaturar sus páginas, evitar machacar temas manidos, ser autocríticos y sintéticos con el material a enviar.

Llegamos a La Hojilla y Mario Silva García. Mario y Vanessa Davies se joden, cada uno a su manera, para hacer un excelente trabajo de desmontaje del bombardeo abierto o subliminal al que nos tienen sometidos los medios de la contrarevolución. Vanessa tiene su estilo, a mi parecer muy profesional, de encarar el enemigo...y al supuesto amigo también: es interesante ver cómo pone en aprietos a ciertos interlocutores para obligarlos a definir claramente su posición ante determinadas situaciones.

A Mario le toca ensamblar diariamente un programa que, de manera amena, desarma y desenmascara las patrañas de Granier y Ravell emitidas por sus respectivos títeres. Una labor admirable, porque el volumen de trabajo es impresionante, considerando el trabajo de investigación, el tiempo necesario para producir los videos y "aderezarlos", las cartas del público y demás actividades requeridas para "hilar" un programa como La Hojilla.
Ahora, un programa bandera como éste, cuyo "rating" ignoro pero supongo elevado, debe ser más crítico. La meta, Mario, son los diez millones-estamos claros-, pero son diez millones de conciencias. Conciencias revolucionarias, comprometidas con el proceso. Y para eso es necesario señalar la podredumbre cuando se hace visible (lo has hecho, pero a veces has descartado denuncias que son, ciertamente, responsabilidad de otras entidades, sin embargo, muchas te llegan porque no saben o no encuentran otro recurso). Y además hay la necesidad de formar en el colectivo la conciencia de sus propias capacidades autogestionarias, para que en el futuro próximo puedan ejercer por sí solas el gobierno popular, meta de esta revolución, y eso no se logra diciendo "Chávez hasta el 2030, y después Rosinés"...o es que no hay en Venezuela el talento para seguir con la revolución después del 2013?

Ciertamente necesitamos relegitimar a Hugo este venidero Diciembre, pero la meta es el gobierno del pueblo, como él mismo dice. Eliminar el esquema piramidal de gobierno cúpula dirigente/bases obedientes...he allí el salto evolutivo que tanto esperamos para romper las cadenas que siempre han oprimido al pobre y le han mantenido alejado del poder. El pueblo habló clarito el 4 de Diciembre pasado: ya no quiere la demagogia puntofijista que se nos coleó dentro del MVR, PODEMOS y PPT y demás cómplices de las morochas, que son una aberración de la praxis revolucionaria al igual que la designación de candidatos a dedo. Y eso hay que decirlo y asumirlo con humildad, porque si no lo hacemos, esos diez millones van a ser cuesta arriba, pero bien arriba.
Y otra cosa: dile a Carlos que se quite ese flux. Los pobres no andamos enflusaos.

Ing. Franco Munini. [email protected]

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Franco Munini


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