El triunfo de Nicolás Maduro

El triunfo de Nicolás Maduro y las fuerzas revolucionarias se dio en un contexto de guerra de baja intensidad, una guerra de cuarta generación.

La guerra de cuarta generación es una doctrina militar yanqui que justifica “que se ataque a la población civil” a fin de disminuir y/o eliminar cualquier apoyo que este sector le pueda dar, en este caso en concreto, al Gobierno y proyectos del presidente Chávez, encarnado por el liderazgo de Nicolás Maduro, a quien previamente el imperialismo ha catalogado o considerado enemigo.

La enfermedad de nuestro Líder, presidente Hugo Chávez Frías y su posterior fallecimiento –todo parece indicar que fue asesinado- alimentó la subjetividad imperial (Gobierno imperialista de los EEUU) y de las fuerzas fascistas de Venezuela, que vieron la oportunidad de recuperar el poder por la vía “electoral”.

El imperialismo transformó cualitativamente y cuantitativamente la estrategia y el ataque fascista contra el Gobierno revolucionario.

Llamé a esa arremetida fascista: la búsqueda del “ablandamiento del chavismo” y la consolidación de la irracionalidad del antichavismo asociándolo al anticomunismo.

El fascismo copió la simbología, colores y lenguaje chavistas, hasta el punto que copió sus programas y banderas sociales.

Creíamos que irían a fondo a degüello -como efectivamente sucedió- con su acción terrorista y de miedo, que aumentó los cuadros de violencia. El ataque y sabotaje contra los servicios públicos como se descubrió, por ejemplo, en el sector eléctrico.

Sin dudas fue un triunfo heroico que quisieron escamotear con la violencia promovida por el fascismo de Henrique Capriles y sus seguidores, y que enlutó al pueblo con 11 asesinados.

El Gobierno revolucionario de Nicolás Maduro ahora debe ir a fondo contra la impunidad.


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