Mami, ¿Qué es esa porquería de software libre que trae la Canaimita?

Reconocemos que la educación no deja de ser un tópico tan espinoso como “lomo de animal antediluviano” como diría Ludovico y sobre el cual persisten no pocas posiciones encontradas debido a la diversidad de aspectos que convergen en el mismo: filosófico, político, pedagógico, económico, gremial-sindical, ideológico, etc. Pero si nos centramos sólo en este último aspecto: el ideológico, y afirmamos que la escuela es (además de la iglesia, la publicidad, etc.), así, en un sentido general, un instrumento de ideologización por excelencia, de las clases dominantes para el mantenimiento del status quo, estaríamos diciendo una verdad de perogrullo. No es necesario entrarle al tema a dentellada ñangarosa para comprenderlo y menos aún para sacar las conclusiones necesarias.

Porque conclusiones hay que sacar; porque hay que desentrañar los objetivos últimos de cada acción gubernamental; porque nos toca al pueblo venezolano tomar –con toda responsabilidad, pero también asumiendo todos los riesgos-, la tan cacareada contraloría social y estar alertas al acecho de tantos peligros que amenazan echar atrás lo mucho o poco alcanzado; porque de lo contrario estaremos condenados a repetir errores, a dejar caer de nuevo la piedra al fondo.

Es de suponer, entonces, que el tema de la educación en el país reviste de tal importancia que deberíamos mantenerlo en el tope de nuestras prioridades, tema de permanente discusión y escrutinio para evitar alejarnos de nuestro objetivo estratégico: el ideal de la formación del Hombre Nuevo.

Cuando en un proceso político como el que vivimos se hace un gran esfuerzo por dotar a la escuela venezolana con computadoras, que son, sin lugar a dudas una herramienta tecnológica de primer orden para el acceso directo a la información y al conocimiento, dándole a cada niño una Canaimita, no podemos menos que aplaudir una medida que se orienta en el sentido de lo que consideramos la formación y educación del venezolano sobre fundamentos diferentes al que hasta ahora hemos tenido, con nuevas bases éticas, espirituales y científicas.

Pero (siempre hay un pero), las necesidades son muchas y los recursos pocos. No todos los niños de nuestras escuelitas (y más si hablamos de escuelas marginales, del barrio pobre y de este lado del país lleno de monte y culebras) poseen su computadora.

Como siempre -y eso siempre será medida de lo que hemos avanzado-, los más necesitados terminan siendo los últimos. Los venezolanos estamos acostumbrados a esperas largas y con paciencia oriental justificamos fallas y retrasos de todo tipo. Hasta que leemos en Aporrea la noticia de que el gobierno empieza a dotar a la escuela privada de Canaimitas y que casi 200 niños ya tienen su flamante computadora. La arrecherita es grande compadre.

No faltará un gazmoño que al leer esto, con notoria desaprobación cristiana y evocando la tierna figura infantil me acuse de ser el típico comunista, egoísta, come niños. ¡Son niños!, me dirá, “Todos tienen derecho…” y todo tipo de sentencia moralista propias de quien no quiere complicarse la vida metiéndose en honduras.

Que estado tan obsequioso, que revolución tan bonita y sui géneris. Yo entendía aquello de que no hay fórmulas para desarrollarla, muy bien. Que toda revolución tiene sus especificidades y como tal es un experimento, perfecto, así será. Pero que se atienda a los favorecidos en detrimento de los olvidados de siempre, mi amigo, eso es experimentar tanto a parecerse a la cuarta. Que no son los hijos de la burguesía lo sé, los hijos de la verdadera burguesía (y de los que ahora han acumulado el dinero o poder suficiente) estudian en el exterior. Que son clase media y… también lo sé, y es posible que sus padres hagan un sacrificio en el pago de mensualidades por mantenerlos en el “colegio” que no escuelita, pero ¿será que los funcionarios del alto gobierno, empezando por Chávez, tienen idea de las condiciones en que estudian los que están en la misiones que como parias deambulan porque son echados de todas los institutos educativos?

El problema no reside en una computadora más o una computadora menos. El problema está en los cimientos mismos de una revolución que se dice socialista, al servicio de los pobres; en la concepción de clases; el concepto de propiedad privada de los medios de producción y sus mecanismos de alienación; de las herramientas del capitalismo para perpetuar la explotación; del obrero como el verdadero generador de riqueza social y del plus valor; en fin, el problema fundamental es decidirse a profundizar la revolución y para ello necesita inexorablemente apoyarse en el pueblo o asumir la tarea simple, sencilla, fácil, aburridísima, por lo demás, de cazar votos, cueste lo que cueste, para asegurarse la victoria en la siguiente elección. ¡No jodás!


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