Crítica, si, pero ¿Qué es la crítica, cómo se practica?

Los seres humanos vivimos en sociedad; individualmente somos únicos, socialmente perdemos la individualidad, nos convertimos en cuerpo social, una unidad diferente que nos contiene, una entidad única. Dicen que la diferencia entre la especie humana y las demás de su reino es que usa más la razón que los instintos. Bueno…

La crítica, propia de los humanos, es el proceso racional de desmenuzamiento argumentado que hacen los humanos de la realidad en búsqueda de la verdad, es decir, de las causas que explican la realidad más allá de lo que se percibe (falsa evidencia); lo percibido es la consecuencia, no es la causa y menos la verdad. La verdad es un constructo científico-social, de aceptación general, en el contexto de un acumulado de conocimientos, de la mágica social percepción de la realidad y de la ideología hegemónica del momento histórico en que se construye. Por lo tanto la verdad es síntesis en permanente metamorfosis, en eterna (r)evolución. Hay verdades que se mantienen incólumes por muchos años, pero ¿podríamos afirmar que es inamovible, que es definitiva?. No. Sólo basta con comprobar cómo muchas “verdades” dejaron de ser tales en el momento en el cual cambió la síntesis del saber acumulado.

La mayoría de las veces se comete el error de confundir y hasta definir el problema como lo percibido. Siempre he creído que el 80% de la solución de un problema, incluso de los problemas científicos, se resuelven en el mismo momento en que se definen acertadamente.

En el contexto de la anterior es que debemos asumir y hacer la crítica, si se quiere que ella sea constructiva. Una buena crítica tiene un método, y perdonen esta pretensión de metodólogo. En primer lugar, la acción de criticar, de criticar para construir, debe partir del reconocimiento de las propias limitaciones derivadas del nivel de conocimiento sobre lo que se critica y del apasionamiento con que se hace; reconocer además qué es lo que priva más, la pasión o la razón. Ese reconocimiento permite autovalorar el carácter mismo de la crítica, su intencionalidad, su propósito. En segundo lugar la crítica, la buena crítica, debe contener en su discurso un cuerpo de argumentos lógicos, científicos; debe ser un discurso orientado a la acción o a la actuación del individuo y no al individuo mismo; destinado a demostrar lo que creemos es acierto o error. En tercer lugar, la crítica buena debe concluir en propuestas para el fortalecimiento del acierto o para enmendar el error y, en cuarto lugar, la manifestación de solidaridad y de compromiso para ayudar.

Y del lado de quien recibe la crítica es necesario desarrollar la capacidad de escuchar (más allá de oír) lo que dicen las palabras, la intencionalidad de las palabras, los gestos. Muchas veces resulta difícil expresar en palabras lo que se siente o percibe. Quien recibe la crítica debe valorar el contexto cultural en el cual ella se formula y de quien la hace, cuidando la inclinación a subestimar o sobrestimar; valorar el estado psíquico de quien critica, su condición material de vida, para extraer la sustancia de la crítica y determinar su pertinencia. Para que este acto se convierta en generador de saber, es determinante erradicar cualquier vestigio de autodefensa, de arrogancia, de soberbia, de estereotipación. Quien recibe la crítica tiene el deber de ayudar a buscar la esencia del discurso, a alentar la profundización de los argumentos, a convertir ese acto en lección colectiva.

Y la autocrítica representa un nivel superior de conciencia, un proceso en el cual “desprendemos” nuestros actos, comportamientos y actitudes para mirarlos con ojos escudriñantes. El cultivo de la autocrítica nos hace mejores seres humanos.

La revolución en sí misma es Crítica porque devela la realidad, la interviene, la transforma radicalmente. Cuando la esencia de la realidad es descubierta por el colectivo social, se convierte en una verdad social. La revolución ocurre cuando esa verdad social devela las causas, la raíz de los problemas al mismo tiempo que también devela la fuerza social capaz de superarlos.

Por ello, en esta etapa de la Revolución Bolivariana, estamos obligados a cultivar nuestra capacidad crítica. Para ello tenemos el deber de estudiar todos los días.

¡Reivindiquemos nuestro derecho a equivocarnos!


*Diputado PSUV/AN

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