La cara de la Libertad

He aquí su rostro.


Asistí, un tanto sorprendido, a la develación de la imagen que la ciencia dedujo del rostro de Nuestro General de Mujeres y Hombres Libres, Simón Bolívar. Sorprendido al ver que la inédito imagen en muy poco se parecía a tantos retratos en los cuales, los pintores insistían tercamente en adocenarlo, en lavarle la sangre e implantarlo en la "memoria oficial" con un perfil en nada parecido a nuestro fenotipo mestizo.

Al ver aquella imagen, que a partir de ahora incorporo a mi memoria, comencé a pensar cómo aquel Hombre había hecho su pasaje a la Historia de la América Nuestra, sin proponérselo siquiera. Suena inverosímil que el último de los hijos de aquel militar y aquella matrona, cuyas sangres llevaba pero que habría de alimentarse de una matrona cubana y de la Negra Hipólita, heredara una fortuna que se tenía como la más próspera de su tiempo en la América que soportaba el yugo español y que desaparecería en medio de las guerras y los sacrificios. Era previsible que, como otros niños, se empeñara en sus juegos infantiles que le formaban el carácter, pero no lo eran las tragedias de las pérdidas de sus padres. La rebeldía comenzó a marcarlo, hasta que empezó a absorber el saber de su tiempo al encontrar quienes le llegaran hasta su mente, llena de fantasías. Sus viajes a Europa lo sumergieron en el conocimiento, pero también en la irresponsabilidad y la frivolidad, hasta que sentó cabeza y se dijo que era la hora de "lanzarse al agua" casándose con su prima María Teresa que, pocos meses después le dejaría para siempre, en un episodio poco aclarado, cuando solo pensaba en ser un "señorito colonial" señor y dueño de vidas y bienes, para repetir la misma rutina de sus antepasados.

Sus encuentros con el Maestro Simón "Samuel Robinson" Rodríguez y con el inusualmente clarividente sabio alemán, el Barón Alexander Von Humboldt, cuyas teorías olvidaron en los desgraciados años de la Alemania Nazi, le marcaron el sendero que habría de seguir, sin interrupciones hasta la Gloria. El regreso a su Patria, significó un viraje marcado en su destino. Su espíritu subversivo le hizo participar en el primero de los proyectos republicanos. Una mancha, sin duda, habría de perseguirlo: la entrega de su antes admirado Generalísimo Francisco de Miranda, a quien habría a su vez de remitírselo a sus enemigos españoles que le sepultarían en una cárcel cualquiera de Puerto Rico y luego en la terrible La Carraca.

Una serie de encuentros y desencuentros le terminó de iluminar para continuar el camino que no pudo construir el Generalísimo Miranda y se propuso la tarea de libertar a todo un continente. Para ello, luchó incansablemente sin la teoría de las academias militares, solo contando con su inspiración, intuición, saber y su arrojo casi suicida que le haría salir derrotado unas veces, e invicto las más, sin sufrir heridas y sin ser siquiera tocado por los varios atentados en contra de su vida.

Alcanzada la liberación de buena parte de lo que ahora se denomina "Nuestra América", lejos de descansar, Bolívar se empeñó en consolidar su proyecto, que era el de todo un pueblo, bien como militar o bien como Estadista, contando no solo con el apoyo de quienes recién se acostumbraban a ser libres, sino también con la oposición de las familias ricas que usaron a oficiales indignos para matarlo de algún modo, moral o físicamente. No estaba solo: muchos colegas se le unieron y también personas fieles a su pensamiento y su persona, como el Gran Mariscal, supersticioso pero justiciero y batallador, quien detestaba el gobernar hombres y la valerosa mujer que hizo a un lado a su desabrido esposo por seguir su proyecto libertario y que es ahora, General por derecho propio. Los disgustos, las penas morales por la pérdida de su amigo el Gran Mariscal, hicieron que la Muerte, que le husmeaba los pantalones para llevárselo cuando viniera la ocasión, se decidiera a darle el zarpazo final en otro episodio poco esclarecido en Santa Marta, en casa de un español y rodeado de un boticario, a quien adjudicaron cualidades de médico y sus supuestos amigos, cuando agonizó y falleció víctima de los desengaños, de la certeza de arar en un mar extraño y de un mal, hasta ahora indescifrable y sin cura. Los terribles zamuros que le espiaron, que fraguaron los atentados, regresaron de su exilio a destruir su memoria, su obra y prohibir sus imágenes y hasta la sola mención de su nombre.

Después, los historiadores falsificadores que gustan de endulzar lo que no se debe y los iconoclastas de aquel tiempo y los que siguieron, quisieron implantar un hombre falso, pero más "potable" como Héroe y a éstos, siguieron los que hicieron del General una especie de santo para prenderle una vela en los altares de credos insólitos. Pero no se pudo matar el germen de su pensamiento y ahora que en Nuestra América hay, con ciertas y deshonrosas excepciones, gobiernos progresistas, se reivindica la idea que no debió ser exterminada, hasta el momento de la develación de su real imagen, del hombre común y corriente, pero que es capaz de hacer cosas extraordinarias.

Aún cuando se que, donde quiera que descanse su espíritu inquieto y hasta atormentado, no podrá celebrar, nosotros lo hacemos con la reconquista del recuerdo del Hombre a quien debemos patria, nacionalidad e ideales. Que siga esta imagen, desacralizada del hombre mestizo, alejado de todo divismo y superficialidad inútiles, guiándonos para terminar de construir lo que el "caraqueño, americano" del General Libertador dejó empezado. Ése es el mejor homenaje que le podemos hacer a su memoria.

Ni falleciste en vano, ni araste en el mar, aquí estás de nuevo, Padre Bolívar que estás en la Tierra.

Patria o Patria: no hay otra opción.

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Ramón Jaramillo


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