Tratamiento presidencial

Por muchas razones, empezando por la solidaridad humana, considero que el Presidente Chávez debería narrar, bien con sus propias palabras o a través de alguien capacitado para redactar su relato, las peripecias experimentadas desde mayo de 2011 hasta los días actuales, previos a la elección presidencial del 7-O 2012.

Me refiero a sus experiencias como paciente de un cáncer agresivo, el cual ha debido afrontar con todos sus recursos psicológicos y espirituales.

Quizás alguna gente pensará que resulta fácil hacerle frente a una enfermedad de ese tipo desde el cargo de jefe del Estado, disponiendo de incontables ventajas de carácter práctico.

Es cierto que pocos ciudadanos reciben un tratamiento presidencial sin límite de gastos, contando con ventajas adicionales como consultar a los mejores especialistas del mundo y conseguir medicamentos únicos en cantidades más que suficientes.

Todos los que están condenados a enfermedades crónicas, entre los cuales me incluyo, aprecian tales ventajas. En mi caso no tengo grandes urgencias pues he logrado lidiar con mi situación y mantenerme estable.

Sin embargo hay miles de personas en éste y otros países que ven con admiración y envidia al Presidente Chávez y quisieran tener su misma suerte.

Por una parte estoy totalmente de acuerdo en que hasta el paciente más humilde en Venezuela debería tener la posibilidad de recibir un tratamiento médico que no tenga nada que envidiarle al de Chávez. Ese es el meollo del socialismo: que haya igualdad para recibir cosas buenas.

Pero hay otro aspecto. Se trata del esfuerzo personal del presidente venezolano, empeñado en no ceder ante el cáncer, adoptando una actitud mental y espiritual positiva.

Si el presidente decidiera hablar sobre sus luchas internas para superar el miedo y la desesperanza estoy seguro que su ejemplo cundiría, pues es un estadista respetado por millones de seres comunes, más allá de cuestiones ideológicas.

El tratamiento presidencial aludido en este artículo no es solo el que Chávez recibió en Cuba o en el Hospital Militar.

Lo principal es su voluntad de vivir, que ha sido ejemplar en todos los sentidos.

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Augusto Hernández


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