Todas las mercancías son bienes, pero no todos ellos son mercancías

Conozcamos el valor de los bienes materiales artificiales

2 de agosto de 2011.- Al ritmo de la permanente lucha filosófica sobre la prioridad entre bienes materiales y b. espirituales [1], desde hace unos 150 años ha ido cobrando relevancia creciente la materialidad de las apreciaciones subjetivas frente a la realidad objetiva que existe fuera de nosotros. Digamos que existimos en un mundo material al cual pertenecemos en cuerpo y alma, por así decirlo.

De entrada: Cuando hablamos de producción caemos por defecto en la producción de bienes materiales; según esto, hasta la cotidiana homilía del ministro cristiano representa un bien de índole material aunque su utilidad la releguemos al terreno de la espiritualidad.

Bien, los bienes que fungen como medios artificiales de producción no pueden producir valor alguno de uso ni mucho menos de cambio porque sencillamente dichos medios no trabajan por sí mismos, salvo la naturaleza. De allí que su calificación como bienes de producción se utilice sólo para relacionarlos con el involucrado producto del trabajo, pero no porque lo produzcan como sí lo hace la mano de obra que sí es productiva por naturaleza propia [2].

Con el empleo de esa mano de obra del trabajador, algunos bienes de producción ceden su valor cambio o permiten su reproducción porque conservan todo su valor de uso después de ser transformados por aquella en otros tantos valores de uso diferentes, pongamos por caso las materias primas u objetos de trabajo. La tela permanece siendo ella cuando se nos presenta hecha traje, y el hilo, hilo, cuando se le entrelaza en la tela. La ropa usada podría ser reusada por su dueño como materia prima en la creación de nuevos bienes o mercancías, como el papel, o, mediante adecuados ajustes, dar cuenta del estreno de pascua para la niña de padres pobres.

Pero por esas razones, a diferencia de los objetos de trabajo, a ningún medio de trabajo se le reproduce ni aquél permite la transmisión de su valor de cambio puesto que su valor de uso, como tal, no reaparece en la mercancía fabricada con su ayuda. El uso de cualquier medio de trabajo termina agotando totalmente su utilidad, al punto de que no permite, pues, transmitirle su valor de cambio a la nueva mercancía donde los objetos ayudan al trabajador. Sobre este particular hemos adelantado algunas páginas [3]. Este aserto no es ningún galimatías ni acertijo barato porque se desprende de la propia definición científica del valor de la mercancía trabajada o creada por el hombre trabajador [4]. Que sea medio de producción significa que es un bien de uso complementario para la producción llevada cabo por el trabajador. Basta recordar que el valor de cambio de un bien artificial (no ofrecido por la naturaleza) mide la cantidad de trabajo social humano añadido a los objetos de trabajo, vírgenes o materias primas, con o sin la ayuda de los medios de trabajo [5].

Un medio de producción es un valor de uso que puede ser natural o filtrado por la mano de obra; ayuda al trabajador como herramienta o como objeto de trabajo, pero, como ya lo dijimos, ningún medio de trabajo ni ninguna materia prima trabaja, por definición.

Una carretilla de tierra proveniente de una excavación o de escombros podría convertirse en una mercancía ya que se halla cargada de valor trabajo, el que le añade el excavador y el carretillero y que serviría para reconocérsele su valor de cambio. Este ejemplo es extensible a la basura. Por eso, el petróleo, otro ejemplo, aunque no cuesta trabajo alguno (no ha recibido valor trabajo), termina adquiriendo valor monetario ya que su recolección le añade valor trabajo, pero en el bien entendido que no producimos el petróleo crudo, sino que mediante su debida extracción lo convertimos en una materia prima para la producción calorífica o energética y la de sus correspondientes derivados o submercancías.

Del refranero popular: Sobre gustos y colores no han escrito los autores, sin embargo, Carlos Marx escribió extensa e intensamente sobre la bivalencia económica de las mercancías, y según su propia convicción fue pionero en estos particulares. [6]

Al comienzo la mercancía se nos presentó como algo con dos rostros: valor de uso y valor de cambio. Después vimos que todos los caracteres que distinguen al trabajo productivo de valores de uso desaparecen en cuanto se expresa en el valor propiamente dicho. [7]

En ese epigrama se recoge una abstracción de segundo grado, es decir, más cerca de la verdad. Si bien los distintos valores de uso de las diferentes mercancías han necesitado el trabajo de especialistas tecnoprofesionales, las diferencias de estos no es lo que determina el valor de cambio de esas mercancías, sino la cantidad de trabajo medio social que costó producirla. Este valor de cambio incluye el trabajo de las materias primas y el de la mano de obra recientemente usada para la producción a partir de dichas materias.

Vino es vino, y pan es pan, dos tipos de bienes materiales muy diferentes entre sí: el primero se bebe y el otro se come, aquel es líquido y este es sólido, proceden de materias primas diferentes, son producidos por distintos especialistas, sus materias primas inmediatas nada tienen en común y los medios de trabajo del vinicultor guardan mucha diferencia con los usados por el panadero. Esa diferencia de utilidad es la razón del comercio simple [8], cuya fórmula modular conocemos como. M-D-M, para M y M, mercancías con valor de uso diferentes entre sí, y para D, dinero o mercancía genérica que permite su equivalencia, y que por tanto las hace comunes e intercambiables a la par.

No obstante, las diferencias que caracterizan a los bienes como valores de uso no impiden para nada que cuando estos se intercambien entre sí, o a través del dinero, sepamos que no basta que sean valores útiles a secas porque, de cajón, los intercambistas se preguntarían cuánto del uno y cuánto del otro deben entrar en la transacción para garantizar que ninguno de los dos transaccionistas dé más valor trabajo que el recibe, más valor de cambio, se entiende.

Los pescadores con elevadísima composición orgánica intercambian su trabajo depositado en la pesca del día por tanto dinero como el trabajo representado en las mercancías adquiribles por aquel monto de dinero. Digresión: En este caso, observemos que cualquier mercancía podría fungir de dinero de intercambio ya que su función es sólo de intermediaria. Basta que goce de credibilidad o confianza. En esto de basó la gente de la Banca Internacional Capitalista para usar sólo moneda fiduciaria en las transacciones con y dentro de las economías que ellos controlan, o sea, las economías de los países pendejos. Y mire que tales monedas pueden ser absolutamente inorgánicas porque su papel es meramente provisional.

El caso es que a nadie se le ocurría cambiar cobre por oro, salvo que ambas mercancías canjeadas valgan lo mismo respecto de la cantidad de valor trabajo insumido durante y para su producción.

Una especie de mercancía es tan buena como otra cuando su valor de cambio es igual; no hay diferencia alguna, ninguna distinción, en las cosas de igual valor.

Como valores de uso, las mercancías son, ante todo de diferente calidad; como valores de cambio sólo pueden ser de distinta cantidad.. [9]

Tales son algunas de las más importantes características del valor de los bienes, y que deben digerirse tan bien que no permitan seguir confundiendo la palpable y perceptible utilidad de la mercancía con el invisible e inaprehensible valor [10], con el trabajo que haya costado fabricarlas, no, con el valor de cambio que ellas representen y por el cual entreguemos determinada cantidad de dinero. Venezuela, 01/08/2011 19:54:56.

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[1] Optamos por el uso de la categoría bienes espirituales en reemplazo de los b. inmateriales porque, según la moderna concepción filosófica soportada por novedades de la Física contemporánea, estos bienes son tan materiales como los así propiamente llamados.

[2] Carlos Marx, El Capital, Libro Primero, Cap. VII, Subc. I.

[3] Baje: www.aporrea.org/ideologia/a125977.html

www.aporrea.org/ideologia/a126091.html

http://www.aporrea.org/actualidad/a126130.html

[4] Obra citada, El Capital, Libro Primero .Cap. I íntegro

[5] Cuando fungimos de lazarillo o cedemos el paso a otra persona en una calle o acera cualquiera,, realizamos un trabajo en el que no median materia prima ni medio de trabajo alguno, salvo que lo hagamos con enguantadas manos. Son los bienes vulgarmente llamados servicios personales, como si la hechura de una mesa de madera no requiriera los servicios personales del carpintero.

[6] Carlos Marx, Ob. cit, Libro Primero, pássim.

[7] Obra citada, Cap. I, Subc. II.

[8] Obra cit. Cap. III, Subc. III, # 2

[9] Obra cit. Cap. I, Subc. I.

[10] Ibídem, Subc. III.


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