Amor al primer rolazo

¿Jura usted querer y respetar al señor Moreno en las alegrías y las
penas, en la salud y la enfermedad, en el exilio y en la
clandestinidad, durante todos los días de su vida, hasta que la muerte
los separe?

- Lo juro solo si me promete apuntarme con una pistola durante
nuestros encuentros de frenesí sexual, si me amenaza con un palo de
escoba, si me ofrece unos golpes si no me desnudo a toda velocidad.

Solo así lo juro, lo rejuro y lo recontrajuro.

- Pero … ¿qué me dice de las alegrías y las penas, la salud y la enfermedad?
- Que se deje de babosadas y nos declare marido y mujer.
- Antes de eso debo finalizar la ceremonia al estilo tradicional …
(dirigiéndose al novio) Y usted, caballero, ¿jura querer y respetar a
la señorita Poleo en las alegrías y las penas, en la salud y la
enfermedad, en el exilio y en la clandestinidad, hasta que la muerte
los separe?

- Sí, lo juro, sobre todo si se pone un uniforme de mujer policía y se
desnuda cuando la amenace con el palo de la escoba y se deja puesto el
cinturón con la pistolera, las esposas y la macana y yo se las quito
de un solo jalón y le ofrezco unos rolazos.

- Ay sí, qué divino – exclama la novia – no sigas diciendo eso Nixon,
que no voy a aguantar las ganas.
- Un momento. La ceremonia debe concluir formalmente. Todavía no los
he declarado marido y mujer.

- Bueno, declárenos ya, que ahora me está comenzando el furor oterino.
- ¿No será mas bien uterino?
- Es oterino. Nos espera Miguel Henrique Otero para darnos el regalo
de bodas y me muero de curiosidad por saber qué nos va a obsequiar.

En ese caso los declaro marido y mujer. El novio puede besar a la novia.

- Aquí no nos vamos a poner con esos amapuches – anota ella de nuevo -
ahora tenemos que llegar rápido a la reunión con los invitados pues si
nos demoramos son capaces de irse para no bajarse de la mula.
- Vamos dándole Patricia - añade él con entusiasmo - ¿Que a que no
adivinas qué me va a regalar Manuel Rosales?
- Lo único que él sabe regalar son relojes.
- Adivinaste. Me ofreció un Cartier Platinum Plus y me dijo que cuando
lo use me podré sentir como un cartierista de lujo.

- Entonces vamos a caerle antes de que se raje.

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Augusto Hernández


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