Iván Duque, el ayudante de Alvaro Uribe Vélez en la presidencia de Colombia

Uno de los problemas más graves que ha confrontado la oposición internacional con respecto al golpe de estado continuado en contra del presidente de la paz, Nicolás Maduro Moros, es la mentira en boca de seres falsos, hipócritas, sin ninguna credibilidad en este planeta, y no es porque uno lo quiere decir ¡no!, es que la realidad de lo que planteo está a la vista del mundo entero.

Ninguno de los expresidentes y presidentes que atacan a Venezuela desde el exterior tiene dignidad y moral para hacerlo, y menos el de los Estados Unidos, Donald Trump, cuyas acciones criminales son más que evidentes, sobre todo, en la aversión y la matanza de niños que ejecuta en otros países sin el más mínimo remordimiento.

Un niño asesinado es un niño asesinado en cualquier parte del mundo, causa el mismo dolor, la misma impotencia. Por supuesto, por mi condición de venezolano, siempre hablo de los pequeños compatriotas enfermos que el presidente estadounidense mata en el exterior, respecto de lo que se debe ser claro y preciso: lo que hacen Trump y su títere terrorista Juan Guaidó robándose la plata de Citgo con que les pagaban el tratamiento a los infantes enfermos en el exterior, es un crimen de lesa humanidad. Y el que es capaz de hacerle daño a un niño no necesita más presentación.

La oposición ahora sin poder justificar esa atrocidad, trata de voltear la tortilla diciendo que ellos no tienen ninguna responsabilidad; pero pierden su tiempo. Se roban la plata de practicarles el trasplante de médula ósea a los pequeños, y eso no tiene excusa, eso no lo van a revertir manipulando gráficas, ni con discursos estúpidos, ni distorsionando campañitas dañinas en las redes sociales; se cogen la plata de Citgo y por eso mueren los muchachos. Son unos asesinos, no hay otra explicación.

Trump con sus secuaces Pence, Pompeo, Bolton, Abrams, son los más criminales e inmorales de toda esa gente que conspira contra Maduro, sin embargo, los dejó hasta aquí y sigo con otro facineroso que vive más cerca: el "presidente" de Colombia, Iván Duque.

Duque, cachorro del no menos hampón Alvaro Uribe Vélez, dijo recientemente en una entrevista con el diario El Comercio: "Maduro acabó con el aparato productivo, acabó con los poderes independientes, acabó con la institucionalidad".

Ahora, ¿con qué dignidad y con qué moral habla de Venezuela ese narcoparamilitar, si él ni siquiera tiene vos propia? Y esto no lo digo yo, en el mundo se sabe que él es la mascota de Alvaro Uribe Vélez, enemigo de la paz de Colombia. Se los digo en otras palabras, Uribe Vélez es quien manda en el Palacio de Nariño, por eso, entre otras cosas, no cesa en la nación neogranadina el homicidio de líderes campesinos y defensores de los derechos humanos.

Por lo menos, 25 líderes sociales de Colombia han sido asesinados entre los meses de enero y marzo del presente año, según informó la ONG Programa Somos Defensores de Colombia. Y esas muertes padecen de total impunidad, porque, repito, Uribe Vélez, ese mismo que como paramilitar inventó desmembrar seres humanos con una motosierra, ejerce toda su influencia sobre la justicia colombiana.

Las pruebas abundan. Una de las más recientes fue el estira y encoge que se registró con el ex líder de la Farc, Jesús Santrich. Le dieron la libertad y la presión de Alvaro Uribe sobre Iván Duque hizo revertir la medida y el ex combatiente regresó a la cárcel.

Pero fue muy evidente el pobre y miserable papel que hizo Duque como sirviente de Uribe, que se vio obligado a admitir la libertad del ex guerrillero, no sin antes hacer un critica en contra de la justicia colombiana, cuestión que no extrañó en el vecino país, donde muy bien se sabe que con esas objeciones solo buscaba quedar bien con su amo.

La cocaína. Ese es otro mal de Duque como gobernante, el cual tiene sus peores repercusiones en el pueblo de los EEUU que, ante la mirada complaciente de la DEA, el mayor cartel de droga del mundo, se consume toda la que le exportan dese el Palacio de Nariño.

El narcotráfico está demostrado que es un negocio de Alvaro Uribe, buen amigo del legendario narcotraficante Pablo Escobar Gaviria, en el que, por las buenas o por las malas, Duque está metido, porque como les reitero, él no se manda solo, él cumple órdenes de Uribe.

Pero, en suma, estamos hablando de un ser sin dignidad, arrastrado, asesino, paramilitar, narcotraficante, que se erige más que como crítico, como destructor del presidente Maduro. Un hombre que es la vergüenza del pueblo colombiano cuando interviene en el exterior, para hablar de los problemas de la región, utilizando siempre un penoso discurso marcado por su servilismo y entrega a los gringos. Un hombre que ganó las elecciones y quedó reducido a ser el ayudante de Alvaro Uribe Vélez en la presidencia de Colombia.

Y de esa calaña son los expresidentes y presidentes de los gobiernos enemigos que pretenden acabar con la revolución bolivariana. Por eso sus derrotas y por eso los triunfos del presidente de la paz, Nicolás Maduro Moros. ¡Seguiremos venciendo!



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Gian Carlo Di Martino

Politólogo, profesor, abogado. Ex-Alcalde de Maracaibo. Cónsul de Venezuela en Milán - Italia.

 giancarlodimartino2017@gmail.com

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