Un rayo de luz se presiente en Asia-Pacífico

La dramática acusación constitucional contra la presidenta de Corea del Sur, Park Geun-hye, crea una apertura política inesperada para evitar el mal presagio de un ciclo de confrontaciones en la región. El repentino cambio en los destinos políticos podría producir el regreso de la otrora Política Rayo de Sol que una vez fue la precursora de una relación pacífica entre Corea del Norte y Corea del Sur y también ampliamente para la región.

Los opositores de la derechista Park apoyada por Estados Unidos van a todo galope en sus expresiones de ira en contra el gobernante partido conservador (conocido como el partido liberal). Durante varios meses las protestas públicas han exigido la salida de Park debido a los escándalos de corrupción que involucran a grandes empresarios y el tráfico de influencias por parte de amigos de la presidenta no elegidos.

El partido democrático de oposición de izquierda está actualmente siendo impulsado por esta avalancha contra el gobierno de turno. El regreso al gobierno de los demócratas significaría también el resurgimiento de la denominada Política Rayo de Sol de pasados presidentes surcoreanos, la cual promovía la reunificación pacífica entre los antiguos enemigos del norte y del sur.

Estos eventos sorpresivos llegan en medio de una renovada ronda de nefastas tensiones militares en la Península de Corea.

Esta semana, a días del anuncio por parte de Estados unidos de la instalación de un nuevo sistema misilístico en Corea del Sur, fue seguida por la denuncia de China y de Rusia sobre el peligro de una nueva carrera armamentista y luego la presidenta Park sin ceremonia alguna fue expulsada del gobierno.

La Park de sesenta y cinco años de edad está ahora enfrentando demandas judiciales por cargos de corrupción luego que la Corte Constitucional del país esta semana dictaminara que la anterior votación parlamentaria solicitando una acusación constitucional contra ella fuera aprobada.

La acusación constitucional contra Park –primera vez que un líder surcoreano es acusado y legalmente removido del cargo—ha abierto el camino para nuevas elecciones presidenciales dentro de un período de sesenta días.

Recientes encuestas indican que el veterano líder opositor, Moon Jae-in ganaría con facilidad las elecciones. Abogado especialista en derechos humanos cuenta con un respetable bagaje en políticas progresistas de izquierda. Anteriormente participó en manifestaciones estudiantiles durante la década de los 70 contra las dictaduras militares apoyadas por Estados Unidos que anteriormente gobernaron Corea del Sur antes del advenimiento del régimen electoral.

Irónicamente, uno de los dictadores más brutales de entonces fue Park Chung-hee (1963-1979) quien fue el padre de la presidenta expulsada.

Moon Jae-in de sesenta y cuatro años de edad, desde hace mucho ha promovido el diálogo y la normalización de las relaciones regionales con Corea del Norte y China. En particular él ha recabado del reciente mar de fondo público que se opone al nuevo sistema misilístico norteamericano denominado Sistema Defensivo de Área de Elevada Altitud (THAAD sigla en inglés).

De este modo, la próxima elección presidencial en Corea del Sur que será realizada a más tardar el 9 de mayo del corriente, se está configurando como un referéndum acerca de la política militar de Estados Unidos en la Península Coreana.

La ira popular contra Park y su partido de gobierno –ha movido a millones de manifestantes sosteniendo vigilias con velas encendidas en Seúl, la capital de Corea del Sur durante meses—descansa parcialmente sobre la percepción de la corrupción entre los gobernantes de derecha y grandes compañías tales como Samsung, Hyundai y otros conglomerados industriales conocidos como Chaebols. Pero la ira popular está también unida a lo que se percibe como la incesante subordinación de la soberanía coreana a la política exterior norteamericana. Subordinación que es vista como negativa para los intereses del ciudadano común surcoreano.

Desde el año pasado Estados Unidos ha estado insistiendo en la instalación de su sistema misilístico THAAD en Corea del Sur. Park y su gobierno conservador han estado más que dispuestos a aceptar los planes norteamericanos. Sin embargo, la pública oposición contra el THAAD ha crecido en conjunto con un extendido desprecio por las políticas del gobierno de consentir los grandes negociados.

Washington y sus aliados surcoreanos argumentan que el THAAD es para la defensa ante una supuesta amenaza proveniente de Corea del Norte. Admitamos que el gobierno comunista del presidente norcoreano Kim Jung-un haya realizado una serie de ensayos nucleares y de proyectiles balísticos que han puesto nerviosa a la región, especialmente a los aliados de Estados Unidos como Corea del Sur y Japón. La semana pasada Pyongyang disparó cuatro proyectiles balísticos, tres de los cuales impactaron a doscientos kilómetros frente a la costa occidental de Japón.

El círculo vicioso de las tensiones coreanas es un complicado enigma, recargado de históricos reclamos no resueltos. Corea del Norte sostiene que desde el fin de la guerra de Corea (1950-53) Estados Unidos y sus aliados del sur han agitado de manera efectiva la amenaza del reinicio de la guerra --guerra que produjo millones de coreanos muertos por los bombardeos norteamericanos de saturación. Al conflicto nunca se le puso fin definitivamente con el armisticio del año 1953 y Estados Unidos con sus regímenes clientelares en Corea del Sur durante décadas han llevado a cabo anualmente ejercicios de guerra en la región, cosa que Corea del Norte sostiene que se trata de una amenaza permanente de invasión.

La semana pasada, China, aliada histórica de Corea del Norte, deploró el aumento en las últimas tensiones. Tanto Beiyín como Moscú hace tiempo que vienen expresando su oposición al despliegue del THAAD norteamericano con un justo razonamiento. China y Rusia señalan que el sistema misilístico desestabiliza el equilibrio estratégico de fuerzas en la región debido a que las baterías norteamericanas pueden también apuntar hacia sus territorios como también a Corea del Norte y que por lo tanto podría decirse que promueven una nueva carrera armamentista, como lo advirtió Moscú esta semana.

De manera notoria el ministro de relaciones exteriores de China, Wang Yi comparó las nuevas tensiones militares con un choque de trenes. Beiyín hizo entonces una razonable proposición en el sentido que Corea del Norte suspenda todos los ensayos de armamentos a cambio que Corea del Sur y Estados Unidos terminen sus anuales ejercicios militares conjuntos. Tanto Washington como sus aliados en Seúl rápidamente rechazaron la proposición china.

Desde entonces Washington ha sostenido que continuará con sus planes de instalar los componentes del THAAD los cuales comenzaron a llegar a Corea del Sur esta semana –al margen del escándalo de la acusación constitucional que acosa a la ex presidenta Park y a su partido de gobierno. El portavoz del Pentágono, el capitán Jeff Davis, declaró este fin de semana que "Los líderes cambian con el tiempo, eso no es nuevo".

Pero semejante arbitrariedad de parte de Washington es posible que incentive aún más a la oposición coreana. Lo que está cuestionado aquí es la soberanía de Corea y ¿quién dirige el país? ¿Son los ciudadanos coreanos o son los norteamericanos comportándose como señores feudales con sus vasallos detrás?

Una creciente mayoría de ciudadanos coreanos ven que el ciclo de tensiones en la península es producido deliberadamente por la política exterior norteamericana.

Los coreanos como también muchos japoneses ven la prolongada presencia militar norteamericana en sus países como una forma de neo colonialismo que desafía la voluntad democrática popular, como también pone en peligro su propia seguridad. Mientras Washington alega que está brindando "protección", muchos ciudadanos comunes en todo caso ven esa política como nada más que el "fraude de la protección" donde quiera que Estados Unidos deliberadamente provoque un conflicto y se brinda a sí mismo una justificación política para el mantenimiento de una desproporcionada fuerza militar en la región.

Las recurrentes tensiones en la Península de Corea representan para muchas personas de la región el inaceptable riesgo de una eventual y catastrófica guerra.

China ha replicado furiosamente a los misiles norteamericanos con sanciones económicas nuevamente impuestas sobre Corea del Sur. China es el mayor mercado para Corea del Sur con una cuarta parte de sus exportaciones yendo hacia China. Las grandes empresas surcoreanas como Samsung, LG, Hyundai y Lotte dependen del vasto mercado consumidor chino. Ellas a su vez constituyen la espina dorsal de la economía de Corea del Sur. De tal modo que el dolor económico será grave para los ciudadanos de Corea del Sur si las relaciones con China se siguen deteriorando.

Y ese es otro crucial factor de por qué los surcoreanos están tan enojados con Washington y sus acólitos surcoreanos estimulando las tensiones en la región. El nivel de vida está siendo destruido aunque no haya estallado una guerra total.

El estrafalario escándalo de la ex presidenta Park caída en desgracia –comprometiendo a millones de dólares en sobornos provenientes de las Chaebols, que fueron embolsillados por sus fraternales amistades—se produjo en un momento oportuno. La elección de un dirigente de izquierda como Moon Jae-in le meterá la proa popular a la lucha contra la carrera armamentista encabezada por Estados Unidos en la región.

El regreso de la Política del Rayo de Sol, que incluye el diálogo y la desmilitarización, sería bienvenido como una ruptura con el tétrico ciclo de tensiones y la inevitable derivación hacia la guerra. Semejante resultado alternativo sería beneficioso no solo para ambas Coreas sino para toda la región de manera amplia, incluyendo a China, Japón y Rusia.

El por qué la Política del Rayo de Sol fue desechada en el pasado se debió principalmente a la política agresiva de Washington hacia Corea del Norte. Entre los años 1998 y 2008 la política llevaba la firma de los gobiernos izquierdistas demócratas. El actual líder de la oposición Moon Jae-in era la figura –aunque más joven—destacada de entonces. Esta política produjo un histórico encuentro el año 2000 entre dirigentes de ambas Coreas y una promesa para la reunificación pacífica de los dos estados.

Sin embargo, con posterioridad a los ataques del 11 de septiembre en la ciudad de Nueva York, el año 2001 el gobierno de Bush denunció a Corea del Norte como parte de un "eje del mal" global. Eso incrementó la beligerancia de parte de Washington y tuvo el efecto intoxicante de desarticular las nacientes y cordiales relaciones entre Pyongyang y Seúl. El partido conservador pro norteamericano llegó al poder el año 2008 y ha estado en el gobierno desde entonces, apoyando característicamente una línea marcadamente hostil hacia Corea del Norte.

No obstante, el horizonte político de Corea pareciera estar cambiando con la reaparición de una izquierda progresista liderada por Moon Jae-in y la posible reactivación de la Política Rayo de Sol para el diálogo regional.

Aquí existe el palpable sentido en que los coreanos como el resto del mundo han ganado una nueva y crítica conciencia que la hace propicia para una dirección política positiva. Esa nueva conciencia política entre los coreanos, como sucede con otros países alrededor del mundo, ve ahora a Washington no como la presunta fuente de estabilidad y protección que este reclama ser. Sino que es exactamente lo opuesto –un aprovechador, una fuerza explotadora que solo sabe de promover tensiones y provocar guerras.

*Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

Editorial@strategic-culture.org



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Finian Cunningham

Analista internacional


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