Si Pablo Neruda viviera hoy, volvería a invocar, no en vano, el nombre de las Américas. Hoy su dolor sería más intenso y agudo. Las Américas son hoy un mosaico sin pegamento alguno. Sus voces se apagaron y solo se oye un silencio que deshiela «nuestros» Andes.
Un fragmento de uno de sus poemas, 1950
«América, no invoco tu nombre en vano.
Cuando sujeto al corazón la espada,
cuando aguanto en el alma la gotera
de las América, cuando el suelo se me llena de muerte,
llamo a tu nombre y me sostengo
sobre la sangre y la luz de la tierra»
II
Hoy «la gotera de las américas» luce más grande y la complicidad es un silencio que revienta los tímpanos .Todo nos resulta ajeno y las fronteras son muros gigantescos, que el drama de «la política» y los interés de sus líderes se cubren con mentiras e indiferencias.
Hoy la espada no va pegada al corazón, como una emoción y sentimiento. No queda un sentimiento de las américas. Todo se ha vuelto pedazos porque unos y otros la han roto y herido de gravedad.
Independientemente del juicio que alguien pueda tener, sabe muy amargos los silencios de hoy. Depender de otro Estado y querer esa dependencia, es un tremendo retroceso, respecto a los movimientos de intelectuales que surgieron en América Latina en la década de los sesenta.
Décima
No está sujeta la espada
porque ya su corazón,
sin sentido y sin razón
se ve ahora disociada.
Tu tierra está trastocada
sin dolor y resistencia.
Un sentir ya no es la esencia;
no hay norte ni sentimiento
menos llanto, no hay lamento
que animen hoy tu existencia .