CARACAS – En un firme despliegue diplomático, el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela manifestó su rechazo absoluto a las recientes declaraciones del Ministro de Relaciones Exteriores de Japón, Toshimitsu Motegi. El pronunciamiento oficial califica los señalamientos emitidos desde Tokio como un acto de intervencionismo directo que vulnera los pilares del derecho internacional.
El Canciller venezolano, Yván Gil, fue el encargado de fijar la postura del Estado, denunciando que las palabras de su homólogo japonés pretenden juzgar procesos internos que competen exclusivamente al pueblo venezolano.
«La soberanía de los pueblos no se negocia ni se juzga desde fuera. Las relaciones entre Estados deben ceñirse a la igualdad soberana, la no intervención y la reciprocidad entre naciones», sentenció Gil a través de los canales oficiales, recordando que el reconocimiento mutuo es la base de cualquier relación diplomática sana.
La tensión entre ambas naciones escaló tras las exigencias de Motegi, quien desde la capital nipona instó a una supervisión internacional de los procesos electorales en Venezuela. Para la diplomacia de Caracas, este gesto constituye una intromisión inaceptable en los asuntos domésticos del país, interpretada como una alineación de Japón con agendas de presión externa.
Ante este escenario, Venezuela instó formalmente al Gobierno de Japón a corregir su enfoque actual para evitar un deterioro mayor en los vínculos bilaterales. «Invitamos al Gobierno de Japón a revisar cualquier enfoque injerencista en función de una relación sana», reza el comunicado oficial, subrayando que la estabilidad regional no se construye bajo tutelajes extranjeros.
El Gobierno Bolivariano envía un mensaje claro a esta potencia asiática sobre los límites de la diplomacia y el respeto a la soberanía.