Unión Latinoamericana

Nota de Aporrea: Nos informan que Manuel Quijada ha sido censurado por El Nacional. No nos extraña en lo absoluto. De todas formas, la información y la opinión sigue y seguirá llegando al pueblo por vias alternas.
Un nuevo aroma comienza a ventilar el ambiente rancio de América Latina. La atmósfera encerrada, maloliente, que se ha respirado en sus organismos internacionales representativos estancos empieza a refrescar. Asoman nuevos lenguajes, nuevos bríos, que como el verdor de la primavera esparce su fragancia en el aire que se respira. En la última reunión de la organización interamericana realizada en Chile, la novedosa, valiente e inobjetable exposición de Venezuela al denunciar las diabólicas manifestaciones enemigas que tratan de minar la estabilidad democrática del país, de hundirlo, un matricidio, como el que ya se intentó; y la actitud comprensiva y decidida de todos los demás miembros del organismo, no pueden pasar desapercibidos en los nuevos horizontes que aparecen en nuestro subcontinente. Fue como orear un sótano o una buhardilla impregnada de polvo repelente que desprenden los trastos viejos arrumados e inertes en sus rincones.

La tradicional directiva de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos fue inesperadamente liquidada, en ella, algunos de sus integrantes eran tan imparciales, objetivos y ecuánimes como los capataces de la doméstica SIP. En su lugar fueron designadas personas distintas, una por Venezuela, país incómodo por su personalidad propia internacional, representado por un luchador democrático, digno; un brasileño que por venir de Lula debe ser de la misma estirpe y otros dos que no conozco, pero que deberían tener las mismas características. La descomposición política venezolana y extranjera sufrió un rudo golpe con aquella reunión de la OEA en Chile, de ahí la reacción perturbada de esos opositores.

El triunfo refrescante alcanzado en los últimos tiempos por fuerzas políticas progresistas en Latinoamérica en su ascenso al poder, que cambian su faz; la actitud digna asumida, en su inmensa mayoría, por nuestros países ante la imperdonable guerra en contra de Irak; la sensación que se percibe del rescate del honor nacional en nuestros países; la desobediencia a respaldar mandatos contrarios a la soberanía de estos pueblos, plenan de esperanza a América Latina, la que sometida y paralizada como está, jamás podrá sacudirse la inmensa miseria de la cual está arropada en su integridad.

Una mejor perspectiva de progreso se abre ante nuestros ojos y que, de desarrollarse, marcaría el derrotero definitivo para una nueva vida, una nueva historia; la reunión en Paraguay de los signatarios del Pacto del Mercosur, con la invitación especial del Presidente Chávez, permite desplegar la imaginación, pero fundamentada en gestos y conceptos emitidos. Mercosur y la CAN son piezas que por más que encuadren nunca podrán armonizar el uso de todos los recursos y plasmar la imagen de una Latinoamérica avanzada y próspera, a tono con el mundo moderno. El reto real de los Estados Unidos, y Europa unida, no puede ser respondido con pequeñas alianzas parciales regionales.

Venezuela es abanderada, por ser visión del Libertador, de que solamente una América Latina unida, en todos los campos, pueda crear una estructura capaz de redimirnos, de convertirnos en comunidades respetables, que nos permita considerar, hasta los términos del ALCA, por más amenazante y desventajosa que se nos presente. La unión no es tarea fácil ni a corto plazo, pero sí posible. Nuestros problemas son de visión, voluntad y de independencia políticas.

El mundo marcha hacia la concentración de fuerzas económicas afines, en ella radica el futuro de la humanidad, los frutos son tangibles y qué países tienen mejores condiciones materiales e históricas para lograr una unidad de naciones en todos los campos que los de Latinoamérica, como, desgraciadamente, tampoco existen países que presenten más obstáculos para la integración total, pero por razones políticas y humanas. Por ejemplo, hoy puede contemplarse cómo Venezuela trata de ser destruida por los propios venezolanos opositores por el único propósito de conquistar el poder.

Pienso que el papel estelar de Chávez, de Lula y del nuevo concepto de desarrollo nacional que brota en América y que difícilmente podrá ser detenido, porque surge de los pueblos y no de los dirigentes corrompidos que han destrozado a nuestros países, ha llegado y todos sus esfuerzos y discursos deben estar dirigidos, como comienzan a estarlo, al objetivo de la unidad de América Latina, por utópico que hoy parezca, como todas las grandes hazañas de la historia en sus comienzos y que bien puede empezar, en lo inmediato, con un acuerdo de libre comercio CAN-Mercosur.


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Manuel Quijada


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