Venezuela: francotiradores, explosiones y campañas desinformativas al aproximarse las elecciones

Las elecciones presidenciales en Venezuela están programadas para el 7 de octubre del corriente y hasta ahora, el equipo de Henrique Capriles Radonski, el principal rival del presidente venezolano en ejercicio y favorito para los venideros comicios, pareciera haber abandonado toda esperanza que su candidato, en lo que queda de campaña, pueda remontar y proyectarse hacia la presidencia. Hasta hoy, los sondeos le dan permanentemente al presidente en ejercicio entre 20 y 22 por ciento de ventaja, lo cual significa que los asesores norteamericanos e israelíes contratados para reformular la imagen de Capriles fracasaron al tratar de presentar al derechista como de centro-izquierda, capaz de adelantar y profundizar las reformas populistas implementadas por su rival. A menos que eventos no considerados descarrilen las elecciones en Venezuela, la reelección de Chávez suena como una conclusión inevitable.

Por lo tanto, la cuestión es si el gobierno venezolano es capaz de controlar la situación en el país considerando el hecho que los seguidores de Capriles y otras agrupaciones radicales de oposición están por aplicar el preocupante Plan B. Hace un par de meses emergieron indicios que las perspectivas para Capriles mejorarían de la noche a la mañana si un grave desastre tecnológico –uno que convincentemente pudiera achacarse a Chávez y a su régimen—ocurriera en Venezuela. El pronóstico se materializó en 25 de agosto recién pasado en el estado Falcón en la Península de Paraguaná cuando una explosión destrozó el complejo refinador de Amuay. Según evaluaciones preliminares, esta se habría producido por una fuga de gas, pero las causas que ocasionaron la fuga hasta ahora son desconocidas.

Es sabido que el mantenimiento de las instalaciones de Amuay ha costado la cantidad de seis mil millones de dólares en los últimos tres años y sin embargo el fuego se extendió a través del área de almacenamiento de productos a la velocidad del rayo a pesar de una cantidad de medidas de seguridad. Tomó tres días extinguir el fuego y el número de víctimas –alrededor de 50—incluye trabajadores de la refinería, algunos residentes de una población cercana y guardias nacionales que fueron despachados hacia Amuay con el objeto de acordonar el sitio. En una coincidencia muy improbable, portales de Internet de cierto número de instituciones del gobierno fueron objeto de ataques masivos por parte de piratas informáticos los cuales exhibían el distintivo que permitió rastrearlos hasta servidores ubicados en Qatar, Kuwait y Arabia Saudita.

Chávez decretó tres días de duelo en Venezuela y ordenó una investigación en profundidad sobre el incidente advirtiendo al país contra cualquier veredicto apresurado con el objeto de evitar una escalada paralela a la fase final de la campaña presidencial. La respuesta de la oposición fue agresiva y pareció cuidadosamente coordinada con sus tradicionales clamores sobre el supuesto gobierno dictatorial de Chávez, mezclados con acusaciones que la administración del sector petrolero y gasífero venezolano es incompetente e hizo llamados por la expulsión del ministro de energía y jefe de PDVSA, Rafael Ramírez. Los medios publicaron pronósticos alarmistas en torno a la inminente interrupción del suministro de gasolina, mientras que Globovisión, canal de televisión que tiene fama de iniciar campañas contra el gobierno, exhibió una filmación que muestra el inicio de la catástrofe. No escapó a la percepción de los televidentes seguidores de Chávez que, por razones no explicadas, un corresponsal voluntario de Globovisión, profesionalmente equipado, casualmente estaba en el sitio justo antes de la explosión, en horas de la noche en un área eminentemente despoblada.

Uno queda con la impresión que últimamente en Venezuela está ocurriendo con inusitada frecuencia una serie de incidentes letales, como ser, explosión e incendio en un arsenal en el estado Aragua, varios motines en cárceles montados por los reos, una serie de caídas de helicópteros accidentados, catástrofes en aviones de propiedad de las compañías Conviasa y Aeropostal, interrupciones en el suministro eléctrico en las grandes ciudades. Los medios de comunicación de la oposición citan las malas noticias con el objeto de extender una sensación de pánico y descontento y tratando de involucrar a sectores de la clase media. El observador venezolano, Néstor Francia, sostiene que una nueva catástrofe con un número aun mayor de víctimas podrían estar siendo planificada por la oposición cuya urgente agenda contempla erosionar al máximo la base de apoyo de Chávez con el objeto de vigorizar a los desmoralizados constituyentes de Capriles y atraer hacia el campo de este a los indecisos que son notoriamente el 25 of 30 por ciento de la población. La posibilidad de nuevos atentados que ocurran en Venezuela en el tramo que falta para el 7 de octubre parece anormalmente alta. La lista de blancos potenciales incluye estaciones ferroviarias, plantas eléctricas, el ferrocarril metropolitano de Caracas, el sistema de agua potable y algunos puentes principales.

El gobierno está aplicando medidas de seguridad más estrictas en todo el país ya que el enemigo número uno, Estados Unidos, es un actor despiadado. Washington no puede tolerar una Venezuela totalmente soberana, cuyo líder expresa libremente sus opiniones, que es absolutamente autónomo en la política y contribuye a la formación de bloques regionales donde Estados Unidos no es bien venido. La oligarquía norteamericana está obsesionada con la idea de deshacerse de Chávez, misión que encabeza las listas de prioridades de la CIA y otras agencias norteamericanas. Washington pensó en salir de Chávez debido a “causas naturales” después que él ganó las elecciones del 2006. Al luchar contra el cáncer, Chávez tuvo que reducir un tanto sus actividades nacionales e internacionales y los medios occidentales se precipitaron a destacar el tema de la sucesión con el ojo puesto en incitar rivalidades en su círculo interno. Contrario a los sueños de sus enemigos, Chávez recuperó sus condiciones para comenzar la campaña del 2012 recorriendo con energía el país como de costumbre.

El colapso del plan original anti-Chávez debe ser la razón de por qué actualmente los contratistas de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos aparecen con frecuencia en Venezuela, llegando en calidad de turistas, etc. y regresándose en breve luego de estudiar la escena local de manera de evitar el ojo de la agencia venezolana de contra-espionaje. Los antecedentes militares de los visitantes se perciben por todo su aspecto y comportamiento y el servicio de seguridad de Venezuela tiene fuertes sospechas que Academi, la firma de seguridad con base en Estados Unidos y anteriormente conocida como Blackwater, está trabajando en planes de largo alcance para Venezuela.

En un caso reciente de “turista” con sugerentes antecedentes tipo Academi fue detenido en Venezuela hace unos días en el estado Táchira, cerca de la frontera colombiana. Un hombre de unos 30 años intentó deshacerse de algunas páginas de su libreta cuando la policía inspeccionó el autobús en un cruce fronterizo. Como posteriormente trascendió, se trató del ciudadano naturalizado norteamericano de origen dominicano que había servido en la infantería de marina de Estados Unidos. El pasaporte del individuo identificaba al portador como Eduardo Acosta y exhibía una impresionante colección de visas de ingreso, siendo los lugares de destino zonas en conflicto tales como Irak, Afganistán, Jordania y Libia, dándole credibilidad a la hipótesis que el viaje en curso había sido del mismo modo efectuado con propósitos poco pacíficos. Acosta, si es ese su nombre, no ha sido muy colaborador durante los interrogatorios policiales. Pronto se le permitió entrevistarse con personal del consulado norteamericano, quienes lo describieron como un narcotraficante de poca monta escapado de una cárcel colombiana donde cumplía una pena de cinco años y al que le había sido concedida una breve salida por buena conducta. Una mujer que declaró ser su esposa y que rápidamente viajó a Venezuela, repitió con exactitud la misma historia que dio el personal del consulado. El comentarista Alvarado Godoy, reconocido por su cobertura permanente de las operaciones de la CIA en América Latina, publicó el 20 de agosto pasado un artículo de opinión en el portal de Rebelión condenando la información suministrada por la funcionarios norteamericanos en relación con el caso como absolutamente absurda.

La agencia venezolana de contra-espionaje no encontró ninguna mención del cuento de Acosta en los medios colombianos que suelen informar todos los arrestos relacionados con el narcotráfico como tampoco en Internet. La validez del pasaporte presentado por el visitante también podría cuestionarse ya que el uso de identidades falsas es práctica rutinaria de los contratistas de Academi. La embajada de Estados Unidos exige que Venezuela envíe de regreso a Acosta hacia donde supuestamente fue detenido pero el experto politólogo, Raúl Bracho, expresó su opinión en Aporrea.org el 26 de agosto pasado en el sentido que este individuo podría ser parte de un equipo despachado para asesinar a Chávez. Bracho sostiene que el primer francotirador de un grupo debe estar escondido en alguna parte de Venezuela y que la tarea de Acosta era elegir un lugar apropiado para el atentado.

El tiempo dirá si los autores del Plan B se atreven a desestabilizar Venezuela en vísperas de las elecciones. Sin duda que están observando cómo la sociedad venezolana reacciona con la tragedia de Amuay. Uno podría hacerse una idea aproximada de sus expectativas observando el juego computarizado titulado “Los Mercenarios 2: El Mundo en Llamas” (Mercenaries II: World in Flames) donde la lucha azota Venezuela por sus reservas petroleras. Uno de los episodios incluye el sabotaje a una refinería y Acosta, que se parece al agente especial norteamericano, mata con destreza a los malos venezolanos.

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Traducción desde el inglés por
Strategic Culture Foundation Sergio R. Anacona
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