La crisis mundial ha
demostrado que los pronunciamientos de la Organización
Internacional del Trabajo (OIT) y sus instrumentos
jurídicos
fundamentales sobre libertad sindical, negociación colectiva y por la
abolición
del trabajo forzoso, trabajo infantil y discriminación en el empleo y en la
ocupación
son insuficientes para superar los conflictos laborales del mundo actual.
Sin
embargo, la historia se repite ya que este año, al igual que los
anteriores, numerosas
delegaciones asistieron a la célebre conferencia de la OIT solo para defenderse de
las calumnias preparadas por las élites de los países ricos, sin que
surgiera del
movimiento proletario (especialmente del tercer mundo) ningún atrevimiento
ideológico capaz de romper el predominio tradicional de los factores
burgueses
en los debates de esa tribuna.
El pueblo venezolano
demanda mayor vigorosidad clasista y eficacia política en su dirigencia
sindical dentro y fuera de nuestras fronteras, por estar nuestro país a la
vanguardia de los procesos de independencia y soberanía a escala global. De
allí que resulte especialmente inquietante que en aquel glamoroso escenario
de
Ginebra (conocido por seducir a sindicalistas vacilantes y hacerlos pactar
con
fuerzas reformistas), no se ventilaran protestas rotundas contra las leyes
xenofóbicas
diseñadas en EEUU y Europa para criminalizar la inmigración de nuestros
hermanos
trabajadores del África, Asia y América Latina, a quienes se les trata como
vulgares extranjeros indocumentados bajo la amenaza de represalias penales,
a
la vez que su fuerza de trabajo es explotada ilegalmente. En futuros
escenarios
internacionales, necesariamente deberemos denunciar la traición del Gobierno
yanqui contra la clase obrera estadounidense, pues la estatización de
bancos e
industrias ha sido aplicada como política favorable a la burguesía, a
espaldas
de las desamparadas mayorías. Notoria ha sido la reinserción de los
oligarcas
gringos en las juntas públicas que hoy administran las empresas quebradas,
resultando
predecible que el desorden económico persistirá ahora con más dinero de los
ciudadanos.
Urge reflexionar de forma
autocrítica que toda vanguardia obrera que actúe seriamente tiene que
desarrollar
una identidad propia y permanecer autónoma frente al empresariado y al
gobierno. Desde la fábrica, debe procurar que la infame experiencia gringa
no sea
reproducida en nuestra patria, ya que la
estatización de los medios de producción no significa implícitamente la
socialización.
Véase que estatizar consiste en reemplazar a los dueños privados por
burócratas
públicos (Capitalismo de Estado), mientras que socializar implica hacer
valer
los derechos de los trabajadores como legítimos productores e implantar la
justicia social en las relaciones de producción y trabajo dentro de la
empresa;
de modo que los obreros dejen de ser los eternos esclavos asalariados y
asuman el
control colectivo del proceso productivo así como la distribución
equitativa de
las riquezas para beneficio de toda la sociedad. Luchamos por
construir una dirección obrera revolucionaria
que le haga saber al mundo que las viejas ideas de la OIT sobre democratizar la
globalización han fracasado y que la única vía para erradicar la miseria
es: Globalizar el Socialismo.
(*)
Constitucionalista y Penalista. Profesor
Universitario.
http://jesusmanuelsilva.blogspot.com/