"Si algo no pudo hacer el neoliberalismo fue destruir al movimiento fabril"
Bolivia: La significación histórica de la huelga de hambre de los fabriles de Cochabamba
Por: Oscar Olivera F.*
Fecha de publicación: 07/07/08
Escribimos estas
líneas desde un lugar muy importante para nosotros y nosotras, los y
las fabriles de Cochabamba, nuestro vetusto edificio fabril, ubicado en
pleno centro de Cochabamba. Este edificio no es tan sólo el patrimonio
heredado de viejos obreros, que en el 60 lo compraron con fondos de la
Caja Obrera de Seguridad Social, fue en otros tiempos un hotel donde la
oligarquía cochabambina se alojaba, bailaba y disfrutaba.
Este
edificio desde hace 50 años se ha convertido en un espacio desde donde
no sólo han hablado importantes hombres y mujeres, luchadoras y
luchadores, sino también en cuyos alrededores hemos establecido, la
gente del campo y la ciudad, nuestros espacios de autonomía, de
deliberación, de dignidad y decisión de lucha y de acción colectiva
para recuperar nuestra VOZ y nuestra capacidad de indignarnos y decidir.
Este
edificio fue testigo de los planes del Che, según nos cuentan viejos
obreros comunistas, de los que quedan muy pocos, allá por el 66, cuando
este sencillo hombre vino a organizar la guerrilla.
Este
edificio también fue el escenario del encarcelamiento, en oficinas
convertidas en celdas, de los padecimientos de decenas de luchadoras y
luchadores sociales que fueron torturados y torturadas, violadas,
vejadas… aún podemos escuchar el llanto de hermanos y hermanas que nos
testimonian lo sucedido en las dictaduras, cuando los paramilitares
ocuparon este edificio y proscribieron nuestros sindicatos. En otras
palabras, este edificio es el heredero de esas luchas y acciones
colectivas, horizontales, alegres y dignas de los hombres y mujeres de
este valle.
Es aquí, en estos días fríos de junio y julio,
donde un puñado de obreros fabriles llevamos ya varios días realizando
una huelga de hambre. Desde dirigentes jóvenes, como Mario Quilo y
Mario Céspedez; como exdirigentes nobles y consecuentes como Max
Fuentes, José Santa Cruz y José Chalar; y nuestros compañeros
dirigentes de la Confederación General de Trabajadores Fabriles Hernán
Vásquez, Jaime Siñani y Rene Albino, que llegaron desde La Paz para
apoyarnos, como lo hacemos siempre, unos a otros, esta vez por los
obreros de Manaco, una fábrica de calzados subsidiaria de la ahora
transnacional checa Bata. Estamos aquí apoyando la lucha por el derecho
al trabajo y la vida de Alejandro Saravia, un antiguo obrero de 56
años, 28 de los cuales fueron gastados de manera intensa bajo la
disciplina del capital en esta fábrica que hoy en día cuenta con casi
700 trabajadores.
Alejandro, sencillo obrero zapatero, ligado
al trabajo rural, tiene a una esposa muy seria pero amable, de nombre
Petrona, y unos niños, uno de lo cuales es motivo de preocupación de
ambos esposos porque César, así se llama, de 18 años, está yendo al
cuartel.
En estas reflexiones que son producto del encuentro
—por por primera vez para algunos de nosotros— estamos compartiendo las
preocupaciones cotidianas de Alejandro, quien se despierta a las 5 de
la mañana porque la rutina ha creado en su reloj biológico el hábito de
despertarse al amanecer para llegar temprano a la fábrica.
Estos
seis días de huelga nos han permitido re-crear, entre los que
trabajamos y trabajábamos en la Manaco, esas historias cargadas de
dignidad, de solidaridad y de reciprocidad, de angustias y alegrías, de
nuestras luchas y encuentros entre los obreros y obreras durante estos
últimos 30 años. Comenzamos a recordar los apodos de nuestros hermanos
y hermanas, pero también las persecuciones, el clandestinaje y
asesinato de nuestros compañeros en las luchas. De ahí que estas líneas
sean producto de esas re-creaciones de nuestra memoria histórica, que
maravillosamente está fresca e intacta gracias a que esta huelga
produjo esa maravilla y esa bendición, como dice Max.
Si algo
no pudo hacer el neoliberalismo fue destruir al movimiento fabril, a
los obreros industriales de las ciudades, que pese a todas las
dificultades en estos 25 años de lucha hemos logrado mantener nuestra
cultura y nuestros valores casi ocultos en nuestros corazones, en
nuestras venas, en nuestras casas, en las fábricas y en nuestras sedes
sindicales.
El movimiento minero vive una etapa de
re-estructuración orgánica, cultural e ideológica; el movimiento
constructor está arrinconado en los municipios, los camineros casi
extinguidos, ni qué decir de los ferroviarios y gráficos, es decir, el
proletariado resiste diezmado, aunque los empleados de sectores de
agua, luz, gas y teléfonos tratando de re-estructurarse, pero casi en
función de una perspectiva estrictamente corporativa y gremial.
Mientras,
el movimiento fabril, manufacturero, casi en un 100% queda bajo el
capital de las grandes transnacionales como Vitro, Coca Cola, Pepsi,
Bata, Unilever y otras que han configurado un escenario común en todas
partes, con un proletariado joven, todavía temeroso, ignorante de sus
derechos, donde la cultura neoliberal ha penetrado de manera infame con
el individualismo y la irreverencia. Es decir, se ha eliminado la
memoria histórica de lo obreros, y los compañeros y compañeras NO SABEN quiénes son, —otra vez— han perdido su identidad.
El
caso Manaco es la muestra más clara de esta situación y esta es una
lucha que se viene librando hoy en las fábricas. La movilización de los
sindicatos hoy en pie de lucha se da gracias a una mezcla de los pocos
obreros antiguos que quedamos en las fábricas y que hemos tenido la
suerte de resistir a los sobornos patronales, a las arremetidas
gubernamentales, a los puestos en el gobierno y nos mantenemos de pie,
gracias al apoyo de nuestros compañeros y al fuero sindical todavía
vigente hoy. Pero también gracias a esa juventud obrera que no es
inmune a la prepotencia patronal, a la sobre-explotación, pero que vive
en medio del terror empresarial y, muchas veces, totalmente
desprotegida por sus dirigentes que —como en Manaco— se han convertido
en sirvientes incondicionales de los patrones. El escenario es el de la
inexistencia de fábricas con grandes concentraciones de obreros y
obreras, la emergencia de pequeños talleres de 20 a 60 trabajadores,
levantados con el ánimo de destruir el poder obrero, lo que hace más
difícil el trabajo de reconstitución de nuestro movimiento como cuerpo
organizado de nuestros hermanos y hermanas desde la Federación de
Trabajadores Fabriles de Cochabamba.
Por eso, esta huelga está
compuesta por exdirigentes y compañeros jubilados, porque tratamos de
recuperar esa cultura de la solidaridad, de la reciprocidad, del
respeto, de vernos como iguales, de la suma y la unidad como únicas
formas de acción y lucha para avanzar y triunfar, porque los jóvenes
obreros y obreras de las fábricas no podrán luchar solos y avanzar en
la recuperación de sus derechos. Tenemos que estar todos ahí para
lograrlo, y nosotros los viejos obreros no podremos ver nuestros sueños
de ser constructores de un sociedad más justa sin la incorporación
plena en este objetivo de nuestros hermanos y hermanas.
Por
ello, los obreros y obreras de ayer y de hoy debemos sentirnos
orgullosos y orgullosas de nuestra identidad de ser los productores de
los bienes materiales que nosotros y otros necesitan ahora para vivir,
somos los que posibilitamos con la fuerza de nuestros brazos, de
nuestras mentes y nuestros corazones, la transformación de lo que
generosamente nos regala la Pachamama para crear bienestar.
Hemos
logrado resistir, hemos logrado subsistir como cuerpo organizado, hemos
logrado que no se eliminen totalmente nuestros derechos, hemos pasado
el túnel tan oscuro y largo de estos años de invisibilidad y ahora
estamos dispuestos, y lo estamos consiguiendo, a hacernos visibles otra
vez con nuestra indignación por las condiciones en las que estamos
trabajando.
Lo hacemos así también por la indiferencia de este
gobierno, que durante más de dos años nos ha ignorado. Pese a que los
obreros luchamos con mucha fuerza para colocar a este gobierno donde
está, se olvidó de nosotros y nosotras, por eso nuestras luchas en las
calles desde abril de este año son por PAN, TRABAJO Y VIVIENDA,
porque no nos escuchan, no nos ven, no nos sienten; porque han dejado
de vivir como nosotros, gente sencilla y trabajadora que vive de su
trabajo y no del trabajo ajeno.
Por eso debemos sentirnos
orgullosos y orgullosas, porque con nuestras luchas estamos empujando
el denominado proceso de cambio para que no sea simplemente una
consigna, sino una realidad. Porque la única forma de cambiar las
cosas, de cambiar nuestras condiciones de trabajo, nuestra vida, es la
unidad, la organización, la movilización, la recuperación de nuestra
memoria, de nuestros valores, de acordarnos de nuestros padres y
abuelos, de nuestras madres y abuelas, de nuestros hermanos y hermanas
mayores, para preguntarles, de frente, si lo que estamos haciendo hoy
está bien y cuánto más nos falta, porque su herencia sea recuperada y
sea aumentada para el bienestar de nuestros hijos y nuestros nietos, es
decir, para que la vida digna se siga prolongando por siempre.
Por
eso esta huelga de hambre —que es la prolongación del constante y
permanente hambre que sienten miles de familias obreras en Cochabamba y
en Bolivia—, no sólo reclama la restitución de Alejandro a su fuente de
vida, sino el retorno de la dignidad a las fábricas del país, donde el
capital pretende seguir reinando, vulnerando, domesticando, y donde el
miedo parece ser un mal hereditario. Es por eso que hemos dicho
¡BASTA!, como lo hemos venido haciendo desde el 2000 en las diferentes
luchas por nuestra emancipación como hombres, mujeres, niños y niñas,
ancianos y ancianas, todos hijos e hijas de esta tierra.
Cochabamba junio-julio del 2008.
* Oscar Olivera es obrero de Manaco hace 30 años y dirigente fabril en Cochabamba